La esperanza de una vida mejor se ha transformado en una pesadilla para decenas de familias peruanas cuyos hijos y esposos fueron atraídos hacia Rusia con promesas de empleos lucrativos, solo para terminar luchando en las líneas del frente de la guerra en Ucrania. El caso de Norma es uno de los tantos testimonios que revelan un patrón de engaño sistemático donde ciudadanos en situación de vulnerabilidad económica son reclutados mediante redes sociales y agentes locales.
A finales de enero, el hijo de Norma, un joven de 31 años sin experiencia militar, partió hacia Lima asegurando que había conseguido un puesto como cocinero para el Ejército ruso. Según el joven, el trabajo le permitiría ganar buen dinero, mantenerse alejado del conflicto bélico e incluso obtener la ciudadanía rusa. A pesar de las sospechas y la angustia de su madre, el joven insistió en que solo iría a trabajar. Sin embargo, poco después de su llegada, Norma comenzó a recibir videos que desmentían la versión de su hijo: las imágenes lo mostraban con equipo de combate, cavando trincheras y construyendo refugios en bosques ucranianos, con el sonido de drones explotando de fondo.
La comunicación cesó abruptamente a principios de abril, cuando el joven informó que estaba siendo "castigado" por un comandante debido a un mal comportamiento. Desde entonces, Norma no ha vuelto a saber de él, manteniendo únicamente la esperanza de que siga vivo en alguna trinchera.
Esta situación no es aislada. Diversas familias peruanas han mantenido protestas frente a la Embajada de Rusia en Lima y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú. Muchos de los reclutados provienen de entornos empobrecidos, lo que los hace más susceptibles a ofertas engañosas. Pedro Bravo, director de Comunidades Peruanas en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores, señaló que la falta de recursos y el desconocimiento de la realidad internacional facilitan que estas personas sean engañadas.
Otro caso es el de Rosa, cuya pareja de 48 años viajó a Rusia creyendo que trabajaría como guardia de seguridad, oficio que ya desempeñaba en Lima. A través de WhatsApp, un reclutador apodado "Vizio" le aseguró que tendría seguro de salud y vida, y que sería repatriado en caso de herida. No obstante, una vez en territorio ruso, la realidad fue drásticamente distinta. Rosa relata que los mensajes de su esposo se volvieron fragmentados y desesperados, describiendo el lugar como un "infierno" marcado por el hambre, ataques de drones y castigos físicos por no comprender las órdenes en ruso. El último mensaje que recibió el 26 de marzo fue una despedida emocional; desde entonces, aunque algunos compañeros sugieren que murió en un ataque de dron, Rosa se niega a aceptar la noticia.
La magnitud del problema es considerable. El abogado Percy Salinas, representante de varias familias, estima que al menos 800 peruanos podrían estar luchando para Rusia. Según Salinas, el gancho principal fue económico: promesas de bonos de firma de 20,000 dólares y salarios mensuales entre 3,000 y 4,000 dólares, montos que la mayoría nunca llega a recibir ni puede enviar a sus familias. Salinas califica estas acciones como trata de personas y una grave violación de los derechos humanos.
Por su parte, la Fiscalía de Perú ha iniciado una investigación formal sobre este reclutamiento, describiéndolo como trata de personas. Actualmente, existen 36 denuncias de ciudadanos que afirman que sus familiares fueron engañados con ofertas falsas para ser transportados fuera del país y obligados a participar en un conflicto armado.
En el terreno, la situación es crítica. Guillermo, un veterano del Ejército peruano de 28 años que se encuentra en la Ucrania ocupada por Rusia, relató que fue reclutado por Pocho Wilson Pinto Peña, un oficial de reserva peruano. Guillermo afirma que, al llegar a Rusia, le confiscaron el teléfono y lo obligaron a firmar un contrato en ruso sin traducción. Actualmente, Guillermo se encuentra herido con una rótula rota y sin acceso a medicinas ni comida adecuada, sintiéndose abandonado por el sistema.
Ante estas denuncias, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú ha enviado 247 solicitudes a Moscú exigiendo información y el regreso seguro de sus compatriotas. Sin embargo, la respuesta de la Embajada de Rusia en Lima ha sido limitada, afirmando que respetan la decisión de los extranjeros de defender la soberanía rusa y que están dispuestos a procesar solicitudes formales.
El caso de los reclutas peruanos se suma a una tendencia global donde ciudadanos de países en desarrollo, incluyendo naciones africanas y Nepal, han sido atraídos por el Kremlin con promesas de trabajos civiles para terminar como "carne de cañón" en una guerra que se prolonga.


