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Horario de verano permanente en EE.UU.: ¿una solución simple o un riesgo peligroso?

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un proyecto para hacer permanente el horario de verano, aunque expertos advierten que la medida podría tener consecuencias negativas.

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Horario de verano permanente en EE.UU.: ¿una solución simple o un riesgo peligroso?
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El Congreso de Estados Unidos debate la implementación del horario de verano permanente mediante la Ley de Protección de la Luz Solar. Aunque la Cámara de Representantes aprobó la medida para eliminar el molesto cambio de hora bianual, el proyecto enfrenta una creciente resistencia en el Senado debido a riesgos históricos y de seguridad. La experiencia de la década de 1970 advierte que mantener este horario durante el invierno provoca mañanas extremadamente oscuras, lo que incrementa los accidentes de tráfico y no genera ahorros energéticos reales. El dilema plantea una elección difícil entre el malestar del ajuste de relojes y el peligro de desplazarse en la penumbra, evidenciando que las soluciones populistas pueden ignorar consecuencias fatales.

El Congreso de Estados Unidos ha retomado el debate sobre una cuestión que, aunque parece un simple ajuste de relojes, esconde una compleja encrucijada política y social: la eliminación del cambio de hora bianual mediante la implementación permanente del horario de verano. Recientemente, la Cámara de Representantes aprobó la propuesta con una amplia mayoría de 308 votos a favor frente a 117 en contra, impulsando lo que se conoce como la Ley de Protección de la Luz Solar (Sunshine Protection Act).

A primera vista, la medida parece una respuesta lógica y deseada por la ciudadanía. La premisa es sencilla: si el acto de adelantar y atrasar los relojes dos veces al año resulta molesto, la solución más directa es dejar de hacerlo. Bajo esta óptica, el respaldo político ha sido significativo. El expresidente Donald Trump, quien ha manifestado su apoyo a la iniciativa, argumentó en mayo que esta medida proporcionaría a los ciudadanos "un día más largo y más luminoso", cuestionando retóricamente quién podría oponerse a tal beneficio.

Sin embargo, un análisis más profundo sugiere que este debate es un ejemplo de cómo el populismo político puede derivar en soluciones simplistas. Mientras que los defensores presentan la medida como una acción sin costos ni consecuencias negativas, la historia de Estados Unidos cuenta una historia diferente. En la década de 1970, el país ya intentó implementar el horario de verano permanente en medio de una crisis energética.

En aquel entonces, el presidente Richard Nixon propuso mantener el horario de verano durante dos inviernos consecutivos para ahorrar energía. La medida se aplicó durante el invierno de 1973-1974, pero la reacción del público fue drásticamente negativa a medida que avanzaba la temporada. Datos del Centro Nacional de Investigación de Opinión de la Universidad de Chicago revelaron que, mientras el 79% de la población apoyaba la medida en diciembre, el respaldo cayó al 42% en febrero.

Los resultados técnicos también fueron decepcionantes. Un estudio posterior del Departamento de Transporte de Estados Unidos determinó que la medida no generó un ahorro significativo de energía. Por el contrario, surgieron diversos problemas logísticos y sociales. El investigador Michael Downing señaló en 2005 que el cambio provocó un desfase con los horarios europeos, dificultades para cumplir rituales religiosos ligados al amanecer y, contrariamente a la creencia común, el descontento de los agricultores.

El inconveniente más crítico fue la creación de mañanas invernales extremadamente frías y oscuras. Aunque el horario de verano permanente desplaza la luz hacia el final del día, deja las primeras horas de la mañana en penumbra. Esto implicaría que millones de personas, incluidos niños y trabajadores, deban desplazarse en la oscuridad durante varios meses al año.

Las consecuencias de este fenómeno pueden ser graves. En 1974, la revista Time informó que ocho niños en Florida murieron en accidentes de tránsito durante las primeras horas de la mañana en el mes posterior al cambio, en comparación con solo dos fallecimientos en el mismo periodo del año previo. Esta situación generó tal inquietud en el Congreso que la medida fue eventualmente eliminada, con legisladores advirtiendo sobre el aumento de las muertes.

Para analizar el problema con rigor, es necesario contrastar estos riesgos con los del sistema actual. El cambio de hora también tiene costos sociales. Un estudio académico de 2016 estimó que la alteración de los ritmos circadianos provoca más de 30 muertes anuales y un costo social de 275 millones de dólares debido a la falta de sueño al conducir.

Esta dualidad plantea un dilema donde no existe una solución perfecta, sino una elección entre alternativas imperfectas. Mientras que algunos senadores, como el republicano de Iowa Charles Grassley, apoyaron inicialmente la medida basándose en preferencias personales y familiares, otros han cambiado de postura. El senador republicano de Arkansas, Tom Cotton, se ha convertido en uno de los críticos más feroces, instando a sus colegas a no ignorar las lecciones de 1974.

La evolución del proyecto en el Senado refleja esta creciente cautela. Aunque la iniciativa fue aprobada por consentimiento unánime en 2022, el año pasado apenas logró pasar por la Comisión de Comercio del Senado con una votación ajustada de 16 contra 12. Cotton ha subrayado que no todos los problemas humanos tienen una solución legislativa y que, en ocasiones, la sociedad debe convivir con compromisos imperfectos, especialmente cuando se trata de ajustar la vida de 350 millones de personas a la rotación de la Tierra y el movimiento de los astros.