El escenario político interno del oficialismo argentino atraviesa un momento de tensión creciente, marcado por una agresividad en las luchas de poder que ha dejado al desnudo una problemática central: la aparente incapacidad del presidente Javier Milei para disciplinar a las figuras más influyentes de su entorno. El detonante más reciente de esta crisis es el enfrentamiento entre Martín Menem, titular de la Cámara de Diputados, y Santiago Caputo, asesor clave del Ejecutivo, originado por la aparición de la cuenta "Periodista Rufus" en la red social X.
Este episodio no es un hecho aislado, sino que pone de relieve un problema de liderazgo. Si bien el Presidente ha mantenido hasta ahora una imagen de jefe implacable, capaz de remover a colaboradores cercanos como Nicolás Posse o Guillermo Francos, o de manejar la relación con Mauricio Macri mediante tácticas de "frío y calor", parece haber quedado paralizado ante el conflicto entre sus dos escoltas principales: su hermana, la secretaria general de la Presidencia Karina Milei, y Santiago Caputo.
La relación de Milei con estos dos personajes constituye lo que se ha denominado un "triángulo de hierro". A diferencia de otros colaboradores, Karina y Caputo no poseen meras atribuciones administrativas, sino que son depositarios de una parte sustancial del poder. Mientras Karina administra la relación humana y emocional del Presidente, Caputo es visto como el arquitecto del éxito electoral y el conocedor de los hilos de la opinión pública. Esta dispersión de la autoridad ha generado una situación inusual donde el mandatario se encuentra congelado, enfrentando el desafío de reabsorber la autoridad delegada en esta trinidad.
La controversia sobre la cuenta "Periodista Rufus" ilustra la fragilidad de este sistema. El perfil anónimo demostró tener acceso a información privilegiada, anticipando la falta de quórum y la caída de una sesión legislativa el pasado 12 de marzo. Ante las acusaciones de que Martín Menem operaba la cuenta para hostigar a Caputo, el Presidente intentó exculpar a Menem sugiriendo que el perfil le había sido "plantado". Sin embargo, esta versión fue desmentida públicamente por Daniel Parisini ("GordoDan"), subordinado de Caputo, quien afirmó que estaba probado que Menem manejaba la cuenta y reclamó que no se le mintiera al Presidente.
Este choque de versiones revela un rasgo preocupante sobre la gestión de la información de Javier Milei. El mandatario admite no leer diarios y recurrir principalmente a tuits, una fuente de información fragmentaria y sin control de calidad. Esta tendencia, sumada a un desdén por los datos fácticos y una inclinación hacia narraciones conspirativas, lo hace susceptible de ser engañado por quienes buscan ganar su favor.
Paralelamente, la crisis ha puesto el foco sobre los negocios vinculados a Santiago Caputo. El "Mago", como es conocido, se encuentra en el centro de cuestionamientos por la expansión de los negocios de los hermanos Juan y Patricio Neuss en el sistema energético. Se mencionan presiones en licitaciones petroleras en Chubut y una denuncia en la Justicia federal relacionada con la licitación de Transener.
Uno de los puntos más críticos es la licitación de la Hidrovía, donde presuntamente tendrían intereses los Neuss a través de un consorcio con Jan de Nul, firma que escondería capitales chinos. Este asunto habría generado alarmas en la Casa Blanca y la embajada norteamericana en Buenos Aires, obligando a Caputo a viajar a Estados Unidos para brindar explicaciones. Asimismo, se cuestiona la influencia de Caputo en la SIDE y la designación de personas vinculadas a su familia, como José Padilla y Cristian Auguadra, en cargos estratégicos. También se mencionan contratos directos millonarios otorgados a Leonardo Scatturice para proveer tecnología a Educ.ar y el tendido de fibra óptica ferroviaria.
Finalmente, el conflicto evidencia la naturaleza de La Libertad Avanza como un grupo nacido y residente en las redes sociales. La compulsión por el tuiteo, que antes se dirigía a los adversarios, ahora alimenta una guerra interna mediante identidades anónimas. En un espacio donde los integrantes a menudo no se conocen entre sí y carecen de una conducción cotidiana definida, la catástrofe parece ser un objetivo inevitable. El caso "Rufus" —nombre que, según algunas versiones, remitiría a un tiburón que tenía Carlos Menem Jr. en su boliche— cierra un círculo donde la realidad es sustituida por las corrientes digitales de X.


