El reciente informe V-Dem 2026 revela un panorama global alarmante: la democracia está en declive a una velocidad sin precedentes, con el 74% de la población mundial aproximadamente 6 mil millones de personas viviendo bajo regímenes autocráticos. El estudio, elaborado por el Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo con datos de 202 países, indica que el nivel de democracia para el ciudadano promedio ha retrocedido a los niveles de 1978, desmantelando décadas de avances democráticos.
El informe documenta la existencia de 92 autocracias y solo 87 democracias en el mundo. Sin embargo, el dato más preocupante no reside en el número de países, sino en la distribución poblacional. Solo el 7% de la población mundial disfruta de democracias liberales plenas, la proporción más baja en más de cinco décadas. Esta tendencia, denominada tercera ola de autocratización , se ha consolidado durante los últimos 25 años y se está acelerando. En 2025, 44 países se encuentran en proceso activo de autocratización, un contraste drástico con los apenas doce que registraban esa condición en 2005. Los autores del informe señalan que nunca antes en la historia moderna se había observado una autocratización simultánea en tantos países.
El informe identifica tres dinámicas interconectadas que impulsan este retroceso: el debilitamiento de las democracias tradicionalmente estables, el colapso de transiciones democráticas exitosas y el endurecimiento de los regímenes autocráticos existentes. Esta convergencia, denominada Great Reversal , contrasta fuertemente con la situación del año 2000, cuando la tendencia era precisamente la opuesta.
El análisis de los procesos electorales a nivel global revela un deterioro significativo. Mientras que en 2000, 43 países experimentaron mejoras sustanciales en la calidad de sus elecciones frente a 17 con deterioros, en 2025, esta proporción se ha invertido: solo siete países mejoran su calidad electoral, mientras que 22 experimentan deterioros significativos. El Índice de Elecciones Limpias, que evalúa la libertad, justicia e integridad del proceso electoral, está en declive en más de veinte países, con una preocupación particular en la autonomía de los organismos de gestión electoral (OGE). En 25 países, estos organismos han perdido independencia respecto al poder ejecutivo, y la intimidación gubernamental durante los procesos electorales afecta a 21 países, mientras que las irregularidades en la votación se documentan en al menos ocho.
Esta erosión de las instituciones electorales se enmarca en un fenómeno conocido como executive aggrandizement , donde los gobiernos erosionan la democracia gradualmente a través del control de las instituciones que arbitran la competencia política. El organismo electoral independiente se convierte en el primer objetivo a capturar o neutralizar.
América Latina presenta un panorama mixto. La región es la segunda más democrática del mundo por ponderación poblacional, con el 71% de su población viviendo bajo alguna forma de democracia. Sin embargo, esta cifra oculta una gran heterogeneidad. El informe destaca reversiones positivas en Brasil, Guatemala y Bolivia. En Brasil, la llegada de Lula da Silva al poder en 2022 revirtió el deterioro observado bajo el gobierno de Bolsonaro, aunque persiste la polarización social y las elecciones de 2026 serán cruciales. Guatemala destaca por la elección de Bernardo Arévalo en 2023, quien superó múltiples intentos de anular el resultado por parte de las élites desplazadas, demostrando resiliencia democrática.
No obstante, seis países latinoamericanos se encuentran en proceso activo de autocratización: Argentina, El Salvador, Haití, México, Nicaragua y Perú. El Salvador es un ejemplo paradigmático de autocratización con fachada electoral, celebrando elecciones multipartidistas pero con puntuaciones extremadamente bajas en el Índice de Democracia Liberal. Bajo la presidencia de Bukele, el país experimentó una caída abrupta en el índice entre 2019 y 2021, comparable a la de golpes de Estado militares, y en 2025, el Congreso salvadoreño abolió los límites a la reelección presidencial.
México representa un caso de especial relevancia debido a su tamaño e influencia regional. El informe clasifica a México como una autocracia electoral gris desde 2024, resultado de la erosión institucional acumulada bajo el movimiento Morena, incluyendo la controvertida reforma que introduce elecciones populares para el poder judicial, una práctica sin precedentes en democracias consolidadas y criticada por organismos técnicos internacionales como una amenaza a la independencia judicial. La fallida propuesta de reforma electoral y la actual discusión del Plan B también podrían impactar negativamente en la próxima entrega del informe.
El informe confirma la creciente presión sobre los organismos electorales para subordinarlos a las preferencias del gobierno, la obstaculización y criminalización de observadores electorales, y el debilitamiento de los mecanismos de resolución de controversias electorales. Además, se establece una correlación entre el deterioro de la libertad de expresión y la degradación de la calidad electoral. La libertad de expresión es el indicador más afectado a nivel global, con deterioros en 44 países en 2025, y es el primero en caer cuando un gobierno inicia un proceso de autocratización.
El informe enfatiza que la celebración de elecciones no garantiza la democracia y que los regímenes no democráticos son cada vez más sofisticados, celebrando elecciones sin resultados inciertos. La trampa del electoralismo reducir la democracia al acto de votar es el mecanismo preferido por los líderes que erosionan el sistema desde dentro.
Fortalecer la autonomía de los organismos electorales, proteger la libertad de prensa y de asociación, y preservar los contrapesos institucionales son condiciones esenciales para garantizar la legitimidad de cualquier resultado electoral. El informe V-Dem 2026 sirve como una advertencia urgente sobre la fragilidad de la democracia en el mundo y la necesidad de defenderla activamente.










