Abdalahe Nayem Mahafud, nacido en 1950 en Villa Cisneros (actualmente Bir Lehlou, territorio ocupado por Marruecos), personifica la compleja realidad de miles de saharauis. A pesar de poseer documentación española que acredita su origen, vive como refugiado en Tinduf (Argelia) desde 1976, junto a cuatro de sus ocho hijos. Los otros cuatro residen en España, donde dos han obtenido el reconocimiento como apátridas y otros dos esperan una resolución desde hace más de dos años.
Abdalahe atesora con cuidado su pasaporte español emitido durante el régimen de Franco, sellado únicamente una vez en un viaje de Madrid a Argel, así como su libro de familia español, que incluye a su esposa y a su primer hijo. También conserva una fotocopia de su DNI y una carta que certifica su habilidad como intérprete de árabe para las autoridades españolas, firmada por el entonces gobernador general de la "provincia del Sáhara", Fernando de Santiago y Díaz de Mendívil, junto con un documento que acredita su paso por la Armada española.
Estos documentos, rescatados milagrosamente por una vecina tras el saqueo de su hogar por tropas mauritanas en La Guera, podrían ser la clave para obtener la ciudadanía española si prospera el proyecto de ley presentado por Sumar. Sin embargo, Abdalahe se muestra escéptico, señalando la estrecha relación entre el gobierno español y las autoridades marroquíes, lo que podría bloquear la iniciativa en la Comisión de Justicia del Congreso. Los saharauis fueron parte de España , afirma, considerando legítima su solicitud de nacionalidad, especialmente por el beneficio que podría reportar a sus hijos y nietos, e incluso la posibilidad de una doble nacionalidad en caso de independencia del Sáhara.
Abdalahe está al tanto de la situación de los saharauis en España, incluyendo la reciente regularización de inmigrantes que los excluye. Dos de sus hijas, residentes en España desde hace más de 15 años, han sido reconocidas como apátridas, mientras que otros dos hijos aguardan una respuesta a su solicitud desde hace más de dos años. La respuesta habitual, según Abdalahe, es un lacónico todavía no , reflejando la complejidad de su situación.
Su mayor anhelo es regresar a La Guera, su hogar antes de la salida de España del territorio, aunque reconoce que, dada su edad, es poco probable que pueda disfrutar de la reconstrucción de su patria. Le preocupa la dificultad de transmitir el amor por una tierra desconocida a las generaciones más jóvenes, que buscan su futuro en otros lugares. Sin embargo, su deseo para sus nietos es que puedan regresar al Sáhara, ya que un inmigrante siempre es ajeno, es mejor estar con tu familia y en tu tierra .
Abdalahe insiste en que el pueblo español no traicionó a los saharauis en 1975, culpando al gobierno de Franco por ceder a la presión de Estados Unidos y Marruecos. Considera que el único responsable del apoyo al plan de autonomía marroquí es el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Se muestra escéptico ante las recientes negociaciones auspiciadas por Estados Unidos y la ONU, basadas en el plan de autonomía marroquí. No veo nada bueno ahí , afirma, subrayando que si Rabat concede autonomía a los saharauis, también debería hacerlo para los rifeños, y enfatizando que los saharauis no van a aceptar una autonomía falsa .
Fatimetu, hija de Abdalahe nacida en Tinduf, comparte el deseo de su padre de obtener la nacionalidad española, pero principalmente por el futuro de sus hijos. Porque los niños son nuestra esperanza , explica, incluso considerando la posibilidad de regresar a España, donde pasó varios veranos durante su adolescencia en el programa Vacaciones en Paz. Desea que su hijo mayor, Didi, de 10 años, pueda disfrutar de la misma experiencia.
Su marido, Abdulahi Ahmed Salek, nacido en 1975, uno de los últimos saharauis en nacer en la provincia 53, estudió optometría en Cuba entre 1989 y 2003 y actualmente trabaja en el centro oftamológico del hospital de Rabuni, financiado por la ONG española Ojos del Mundo. Aunque apoya la solicitud de nacionalidad para sus hijos, no tiene interés en trasladarse a España.
Sidahamed Mohamed y Mohamed Fadel, ambos nacidos en el Sáhara español en 1945 y 1946 respectivamente, comparten una visión similar. Regentan pequeñas tiendas en el campamento de Auserd y, a pesar de poseer documentos españoles, no desean instalarse en España si obtienen la nacionalidad. Sidahamed, que trabajó para la empresa española Cubiertas y Contratas y posteriormente en la Policía Territorial del Sáhara, lamenta que la salida de España en 1976 permitiera la ocupación marroquí. Lo que hizo España es una verg enza , afirma.
Mohamed, por su parte, considera que España vendió a Marruecos y, aunque su familia posee documentación española, no quiere trasladarse a España. Si España quiere dar la nacionalidad que se la dé a todo el pueblo saharaui , sostiene, mostrando su reticencia hacia el plan de autonomía. Le gustaría regresar a la tierra que le vio nacer y donde trabajaba como ganadero.
La historia de Abdalahe y su familia es un reflejo de la larga espera y la incertidumbre que enfrentan miles de saharauis, atrapados entre el pasado colonial español, la ocupación marroquí y la esperanza de un futuro digno en su tierra natal o en un país que les acoja. La decisión del gobierno español sobre el proyecto de ley de nacionalidad podría ser un paso crucial para aliviar su sufrimiento y ofrecerles una oportunidad de reconstruir sus vidas.










