La construcción de una nueva sede para el Instituto Oncológico Nacional es una necesidad urgente para el país, pero la forma en que se está llevando a cabo el proyecto ha encendido las alarmas sobre la transparencia en la contratación pública. En lugar de un proceso de licitación abierto, el gobierno ha optado por una "adenda jugosa" al contrato de la Ciudad de la Salud, lo que ha generado cuestionamientos sobre la opacidad en la toma de decisiones.
Las adendas, cuando se utilizan para evitar procesos competitivos, erosionan la confianza ciudadana y debilitan la transparencia. En este caso, no solo se elude una licitación abierta, sino que se consolida un patrón de preferencia por la empresa Riga Services S.A., que parece haberse trasladado sin problemas del gobierno anterior al actual.
Esto amerita explicaciones claras, públicas y documentadas por parte de las autoridades. La urgencia de contar con mejores instalaciones para el tratamiento del cáncer no puede convertirse en una excusa para repetir prácticas que el país dice querer superar. Panamá necesita hospitales, sí, pero también reglas claras, competencia real y rendición de cuentas. Sin transparencia, incluso las obras más necesarias nacen bajo sospecha.
Los expertos y la sociedad civil han manifestado su preocupación por este tipo de contrataciones, que parecen privilegiar intereses particulares por encima del bien común. Exigen que se respeten los procesos de licitación abiertos y se garantice la competencia justa entre los proveedores, de modo que la construcción de la nueva sede del Instituto Oncológico Nacional se lleve a cabo de manera transparente y con el mejor uso de los recursos públicos.
El gobierno tiene la oportunidad de demostrar su compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas en este proyecto de infraestructura crítica para la salud de los panameños. La ciudadanía espera respuestas claras y acciones concretas que disipен las dudas y recuperen la confianza en las instituciones.


