El escenario político y social en Chile se ha visto nuevamente sacudido por una propuesta legislativa que ha encendido las alarmas en diversos sectores de la ciudadanía. El proyecto de ley denominado “Escucha su corazón”, presentado por el diputado de tendencia libertaria Cristóbal Urruticoechea, ha instalado un intenso debate en la opinión pública debido a la naturaleza de su exigencia central: obligar a las mujeres o niñas que busquen acceder a la interrupción del embarazo bajo la ley de las tres causales a escuchar los latidos del embrión o feto, siempre que estos sean detectables.
Esta iniciativa parlamentaria no ha pasado desapercibida, generando reacciones tajantes, especialmente por parte de figuras públicas que han decidido utilizar su plataforma para denunciar lo que consideran una medida deshumanizante. Entre las voces más críticas se encuentran las comediantes Alison Mandel y Chiqui Aguayo, quienes, alejadas habitualmente del tono político riguroso pero firmes en sus convicciones, calificaron la propuesta del diputado como "sádica" y "cruel".
El espacio donde se desarrolló esta dura crítica fue el reciente episodio de su podcast “Primerizas”, un programa dedicado a abordar las complejidades y realidades de la maternidad. En este contexto, Mandel y Aguayo analizaron la propuesta legislativa, subrayando una profunda falta de empatía y conocimiento sobre la realidad sanitaria y legal que enfrentan las mujeres en el país.
Durante la conversación, las comunicadoras hicieron énfasis en un punto fundamental: la confusión que existe en la opinión pública sobre el marco legal vigente. Alison Mandel advirtió que es necesario informar a la ciudadanía que en Chile no existe el aborto libre. Explicó que el sistema actual se rige por la ley de las tres causales, la cual, según sus palabras, ya representa un proceso difícil de transitar para quienes deben acogerse a ella. En este sentido, calificaron a quienes proponen el proyecto como "genios del mal", sugiriendo que la medida busca añadir una capa de tortura psicológica a situaciones que ya son inherentemente traumáticas.
Por su parte, Chiqui Aguayo profundizó en la crudeza de la propuesta, señalando que someter a una madre a escuchar los latidos del corazón del embrión en medio de las circunstancias que permiten el aborto por causales es un acto de crueldad. Para Aguayo y Mandel, el proyecto parece haber sido lanzado "a tontas y a locas", bajo la falsa premisa de que acceder a una interrupción del embarazo en Chile es un proceso sencillo o rutinario, similar a agendar una hora de medicina general, cuando la realidad es drásticamente opuesta.
Para ejemplificar la complejidad del proceso, Chiqui Aguayo compartió un desgarrador testimonio personal. La comediante reveló que ella misma tuvo que acogerse a la ley de las tres causales, describiendo la experiencia como una situación dolorosa y llena de obstáculos. Relató que, durante su proceso, estuvo en una clínica con una postura pro-vida donde, según su testimonio, fue sometida a presiones psicológicas y se le instiló miedo, llegando a decirle que no podía interrumpir el embarazo a pesar de que su vida estaba en riesgo.
La experiencia de Aguayo no terminó allí. Tras buscar una segunda opinión médica, se confirmó que el bebé que esperaba era incompatible con la vida. A pesar de este diagnóstico médico irreversible, se encontró con la barrera de la objeción de conciencia por parte de un médico, lo que añadió más estrés y angustia a un momento ya crítico.
Ante este relato, Aguayo expresó su indignación hacia quienes respaldan el proyecto de Urruticoechea, cuestionando la capacidad de los legisladores para ponerse en el lugar del dolor ajeno. Reprochó duramente la idea de obligar a una mujer en esa situación a escuchar los latidos, calificándolo como una forma de tortura.
Finalmente, Alison Mandel cerró la intervención en nombre de ambas, calificando el proyecto como un retroceso aberrante y horrible. Cabe destacar que, a pesar del ruido mediático, el proyecto de ley no es actualmente una prioridad para el Congreso y ha sufrido desestabilización política interna, habiendo perdido la firma de apoyo de la diputada Ximena Ossandón, quien pertenecía al mismo sector.


