La escalada de la campaña estadounidense contra el régimen de Nicolás Maduro le ha servido a México para enviar un mensaje de firmeza sin, a la vez, romper los delicados equilibrios con Washington. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha adoptado una estrategia de contundencia y cabeza fría para enfrentar los embates del gobierno de Donald Trump.
El foco del magnate republicano está ahora muy concentrado en aumentar la presión sobre Venezuela, sin descartar incluso una ofensiva militar. La respuesta de Sheinbaum ha sido elevar el tono diplomático en defensa de la soberanía venezolana, enviando a su vez una señal indirecta de protección ante la posibilidad de que los ataques se contagien a México, algo que ha deslizado Trump en más de una ocasión como parte de su estrategia de tensión permanente.
En ese contexto, Sheinbaum ha dado un paso al frente instando a Naciones Unidas a actuar para "evitar un derramamiento de sangre" y hasta ofreciendo el territorio mexicano para una posible negociación entre las dos partes. La iniciativa de la presidenta mexicana ya ha tenido eco en las filas republicanas, con la congresista María Elvira Salazar acusando al gobierno mexicano de "respaldar a las dictaduras" de Cuba y Venezuela.
Pese a la subida de tono, Sheinbaum insiste en que su postura sigue dentro del marco histórico de la diplomacia mexicana, basado en el respeto a la soberanía de países terceros y la no injerencia extranjera. En la relación puramente bilateral, la presidenta mexicana ha optado por una estrategia que trata de combinar la firmeza con prudencia ante los ataques de Donald Trump en diferentes frentes: seguridad, comercio, migración.
Analistas consultados por EL PAÍS señalan que la política exterior de México, por tradición e historia, no puede validar los "discursos desbocados" de Trump, que buscan justificar una posible intervención militar en la región. En ese sentido, Sheinbaum estaría siguiendo una tradición diplomática que viene desde la Revolución mexicana, cuando se forjaron principios de respeto a la soberanía y rechazo a las injerencias, precisamente, como principio de autodefensa frente a las políticas expansionistas de Estados Unidos.
Dentro de esos equilibrios diplomáticos, otro viejo principio de las relaciones internacionales, que parece todavía en plena vigencia, apuntaba a una especie de acuerdo tácito entre México y Estados Unidos por el que el vecino del sur podía tomar posiciones contrarias al del norte siempre y cuando no supusiera un problema serio. Algo similar estaría sucediendo ahora con Venezuela, donde los gobiernos morenistas han mostrado respeto y amistad con el régimen de Maduro, permitiendo a Sheinbaum tomar cierta distancia con Washington sin apenas consecuencias.


