El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, ocurrido el 26 de julio de 1953, dejó una marca profunda en la estructura política y social de Santiago de Cuba. Años después, el doctor Armando Hart Dávalos evocaba la impresión que le causó visitar la capital provincial de Oriente en marzo de 1954, momento en que pudo leer el “Manifiesto a la Nación” y comprender que los protagonistas de aquella acción transmitían un mensaje que dejaría una huella permanente en la historia del país.
Antes del ataque, ya existía un clima de insurrección entre los jóvenes santiagueros, especialmente en el sector estudiantil. Para 1952, el Directorio Estudiantil de Santiago de Cuba ya empleaba atentados dinamiteros como método de lucha. Asimismo, se habían organizado secciones del insurreccionalismo auténtico de la "Triple A" y Acción Libertadora, además del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) de Rafael García Bárcena. Ante el pacto de Montreal, que buscaba neutralizar a los grupos radicales, el Movimiento de la Generación del Centenario, dirigido por Fidel Castro, decidió actuar de forma independiente, dando lugar a la estrategia del Moncada.
En la preparación y ejecución de esta acción armada, destacaron jóvenes santiagueros como Pedro Miret Prieto en el entrenamiento militar, Léster Rodríguez en la organización del Congreso Martiano y Renato Guitart Rosell, quien se encargó de la logística y murió en el combate. También participaron Teodulio Mitchell Barbán, chofer del automóvil de Fidel, y Oscar Nito Ortega, quien fue asesinado tras la acción.
A pesar de que la dictadura de Batista intentó presentar el suceso como un acto aislado de un grupo ambicioso sin apoyo popular, la ciudadanía de Santiago vivió los hechos de cerca, movilizándose para auxiliar a heridos y ocultar a perseguidos. El Dr. José A. Portuondo describió una atmósfera de terror y luto que, simultáneamente, encendió la admiración y el respeto hacia Fidel Castro. Por su parte, Frank País relató haber ingresado al cuartel para ver los cadáveres de los atacantes, quienes presentaban signos de tortura, hecho que le provocó sentimientos de rabia y dolor, impulsándolo a buscar armas para sumarse a la lucha.
La repercusión llegó también a los tribunales con la Causa 67/53. Al juicio asistieron figuras como Jorge Ibarra y Pilar Seisdedos, mientras que el doctor Baudilio Castellanos actuó como abogado defensor. En las calles, las asociaciones estudiantiles coordinaron manifestaciones el 27 de noviembre y el 7 de diciembre de 1953, donde se gritaban consignas contra Batista y otros funcionarios. Estas protestas fueron reprimidas con detenciones y lesionados, lo que derivó en huelgas estudiantiles apoyadas por la Universidad de Oriente.
La lucha política se intensificó con la difusión del “Manifiesto a la Nación”. El documento llegó a Santiago a través de Temístocles Fuentes y fue reproducido por estudiantes. La portada, diseñada por Frank País, incluía un rostro de Martí y la frase: “Sólo con la muerte cesará nuestro amor por la libertad”. Este documento, junto con el alegato de autodefensa de Fidel, impactó profundamente a la juventud, reafirmando el camino de la lucha armada como la vía fundamental para enfrentar al régimen.
El Bloque Estudiantil Martiano (BEM), presidido por Félix Pena, se ramificó por diversos centros educativos. En la Escuela de Artes y Oficios, Pena enfatizó la necesidad de crear conciencia sobre la lucha insurreccional para conducir a la juventud hacia la emancipación. La represión continuó durante el primer aniversario del 26 de julio, con la detención de Temístocles Fuentes, Orlando Carvajal y Josué País, mientras el Frente de Mujeres Cubanas organizaba tributos a los caídos.
Un momento revelador ocurrió durante la campaña electoral de noviembre, cuando miles de personas en un mitin del Dr. Ramón Grau San Martín corearon el nombre de Fidel Castro, el prisionero 4914. Tras la Ley de Amnistía del 15 de mayo de 1955, Fidel y otros revolucionarios fueron liberados. En Santiago de Cuba, esto permitió la fusión de diversas organizaciones, como la Acción Nacional Revolucionaria de Frank País, la Acción Libertadora, el MNR y el BEM, bajo el liderazgo de Fidel en el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR 26-7).
Finalmente, el 2 de enero de 1959, Fidel Castro declaró a Santiago de Cuba como capital provisional de la República, reconociendo que la ciudad había sido el baluarte más firme de la Revolución.


