Ford y la compañía automotriz china Geely Auto han anunciado formalmente sus planes para establecer una empresa conjunta destinada a la fabricación de vehículos de bajas o nulas emisiones. El centro de esta operación será la planta de Ford ubicada en Valencia, España, una decisión estratégica que busca reavivar la presencia del fabricante estadounidense en el mercado europeo y contrarrestar el rápido dominio de las firmas chinas en las ventas globales de automóviles.
En términos de estructura corporativa, Ford poseerá dos terceras partes de esta nueva empresa conjunta, mientras que la tercera parte restante pertenecerá a Geely, el conglomerado que ya es propietario de marcas reconocidas como Volvo y Polestar. La implementación de este acuerdo queda sujeta a la aprobación de los organismos regulatorios correspondientes.
La alianza se centrará en el desarrollo y producción de cinco modelos específicos. De acuerdo con el plan, Ford mantendrá la producción del modelo Kuga híbrido enchufable y comenzará la fabricación de una nueva versión del Bronco en el año 2028. Por su parte, Geely producirá dos camionetas eléctricas en las instalaciones de Valencia, iniciando la primera de ellas también en 2028. Además, ambas compañías colaborarán en la creación de un nuevo modelo crossover "multienergía", cuya llegada al mercado está prevista para el mismo año.
A través de un comunicado, las empresas explicaron que este emprendimiento responde a las "nuevas realidades del mercado europeo", caracterizadas por una intensa competencia global, presiones constantes sobre los costos y regulaciones ambientales cada vez más estrictas. El objetivo es reconfigurar la planta de Valencia para que pueda operar bajo los nuevos referentes de costos que están emergiendo en la industria automotriz.
Esta estrategia revela una postura dual por parte de Ford. Mientras que en Estados Unidos la empresa y sus ejecutivos se han mostrado protectores y contrarios a la entrada de vehículos eléctricos chinos, a nivel global buscan aprovechar alianzas y el intercambio de propiedad intelectual (PI). Jim Farley, director ejecutivo de Ford, señaló en abril pasado que la compañía sigue siendo una empresa global y que necesita alianzas fuera de Estados Unidos para tener el "derecho de ganar en todo el mundo", aunque enfatizó que en el mercado estadounidense se mantienen extremadamente protectores.
El contexto geopolítico juega un papel fundamental en este acuerdo. Las medidas arancelarias impuestas por Washington han limitado significativamente la entrada de compañías chinas al mercado estadounidense. No obstante, los fabricantes de Estados Unidos continúan asociándose con empresas chinas para la producción, mientras que los vehículos de origen chino siguen ganando terreno en Norteamérica.
Por otro lado, las automotrices chinas han logrado un impulso significativo gracias a la producción de "vehículos de nueva energía" (híbridos y eléctricos) que combinan tecnología avanzada y precios bajos, apoyados por importantes subsidios del gobierno chino. Ante una desaceleración en su mercado interno debido a la reducción de incentivos y una mayor competencia, estas empresas han expandido su éxito hacia Asia, Latinoamérica y Europa. Este interés global se ha visto reforzado por conflictos en el estrecho de Ormuz, que afectan el suministro de gas natural y petróleo, impulsando la transición hacia la movilidad eléctrica.
Para Ford, esta alianza llega en un momento crítico. El fabricante ha perdido terreno considerablemente en Europa: hace una década vendía más de un millón de vehículos en el continente, pero el año pasado esa cifra cayó por debajo de los 500.000. La planta de Valencia, a pesar de tener una capacidad anual de 500.000 unidades, registró una producción inferior a los 100.000 vehículos en 2025.
Jessica Caldwell, directora de análisis de la firma Edmunds, sostiene que este acuerdo es una hoja de ruta para que los fabricantes tradicionales sobrevivan en Europa, permitiendo a Ford obtener eficiencias de costos y a Geely sortear los aranceles de la Unión Europea. Asimismo, Sam Fiorani, vicepresidente de AutoForecast Solutions, indica que Ford puede introducir nuevos productos diseñados para Europa sin asumir la totalidad del costo de desarrollo de una plataforma, aprendiendo además a reducir costos para ser más competitivo.
Finalmente, la situación se enmarca en un cambio de rumbo en Estados Unidos. Bajo el gobierno de Donald Trump, se ha producido un alejamiento de las políticas de bajas emisiones, debilitando las normas de eficiencia de combustible y eliminando el objetivo de que la mitad de las ventas de vehículos nuevos fueran eléctricos para 2030. Además, se pusieron fin a los créditos fiscales para la compra de autos eléctricos nuevos y usados, lo que empuja a los fabricantes estadounidenses a buscar oportunidades y alianzas en el mercado europeo ante la incertidumbre doméstica.
