La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo punto de tensión, evidenciado por dos mensajes diametralmente opuestos emitidos casi simultáneamente. Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzaba duras acusaciones contra Beijing desde Washington, el mandatario chino, Xi Jinping, proyectaba una imagen de liderazgo responsable y cooperativo durante la inauguración de la cumbre insignia sobre inteligencia artificial (IA) en Shanghái.
Desde Washington, Donald Trump presentó una extensa lista de cargos contra el gobierno chino. Entre las acusaciones más graves destaca la adquisición ilícita de 220 millones de registros de votantes estadounidenses, una acción que, según el mandatario, formaría parte de esfuerzos más amplios para influir en los procesos electorales de Estados Unidos. China ha negado rotundamente estas afirmaciones.
En contraste, Xi Jinping, quien asistió por primera vez a este evento desde su lanzamiento en 2018, se dirigió a cientos de ejecutivos, investigadores y figuras de la industria en Shanghái. En su discurso, Xi definió a Beijing como un líder mundial responsable, comprometido con el desarrollo de la tecnología para el bien común. El líder chino enfatizó que, debido a la velocidad vertiginosa con la que avanza la IA, es imperativo asegurar que su desarrollo sea beneficioso para la humanidad, abogando por una gobernanza precisa y eficaz que evite la pérdida de control sobre estas herramientas.
Esta yuxtaposición de discursos revela las profundas fisuras y ansiedades en la carrera tecnológica. Xi aprovechó la plataforma para criticar lo que calificó como una "exageración del concepto de seguridad nacional en el campo de la IA", sugiriendo que Estados Unidos antepone su propia seguridad a la de otras naciones. En su lugar, China promueve la idea de que la IA debe ser un "bien público mundial", posicionándose como un actor dispuesto a colaborar con otros países.
Como parte de esta estrategia de "diplomacia de la IA", China lanzó la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), una agrupación compuesta por 29 países, entre los que se encuentran Rusia, Indonesia y Pakistán. Según George Chen, director de la división digital de The Asia Group, Xi Jinping ve en la IA una oportunidad para sumar aliados y competir con Estados Unidos no solo en el ámbito técnico, sino también en las relaciones internacionales. Chen señala que China, consciente de haber perdido la oportunidad de establecer las reglas de la World Wide Web hace décadas cuando era un país pobre, no está dispuesta a repetir ese error ahora que posee una posición mucho más fuerte.
En términos de estrategia técnica, las diferencias son marcadas. Mientras las empresas estadounidenses se centran en mantener la vanguardia en capacidades de modelos y hardware de entrenamiento, Beijing apuesta por la aplicación masiva de la IA en robótica y automatización, así como por su adopción global. Empresas chinas como DeepSeek y Zhipu han reducido significativamente la brecha de rendimiento. De hecho, un análisis de Our World In Data sobre la plataforma OpenRouter reveló que, en mayo, 20 de los 50 modelos de IA más populares fueron desarrollados por empresas chinas, un salto considerable frente a los cinco que registraban a principios de 2025.
Sin embargo, esta rápida ascensión ha generado alarmas en Washington. La Casa Blanca ha acusado a entidades chinas de realizar campañas a escala industrial para "destilar" la IA estadounidense, proceso mediante el cual modelos más pequeños se entrenan a partir de modelos más grandes para mejorar sus capacidades. Al mismo tiempo, Washington teme que agentes extranjeros utilicen la IA para explotar vulnerabilidades en la infraestructura crítica de EE.UU., motivo por el cual la Casa Blanca puso en marcha una iniciativa de seguridad recientemente.
La fricción también se ha manifestado en acusaciones mutuas de ciberseguridad. Un regulador chino advirtió sobre una "puerta trasera" en la herramienta Claude Code de la empresa estadounidense Anthropic. Por su parte, Anthropic aclaró que se trataba de un mecanismo experimental para detectar el uso indebido, el cual no tiene acceso permitido en China.
A pesar de estas tensiones, ambos países acordaron iniciar un diálogo sobre IA tras la cumbre celebrada en mayo entre Trump y Xi en Beijing. No obstante, analistas como Paul Triolo, de DGA-Albright Stonebridge Group, advierten que existe una profunda desconfianza mutua. Triolo considera improbable que países occidentales importantes se unan a la WAICO, ya que estaría controlada por China. Asimismo, existe la preocupación de que el liderazgo de Beijing en la regulación global permita exportar sus normas restrictivas de internet y medios de comunicación al resto del mundo.
La cumbre de Shanghái, que contó con la presencia del Secretario General de la ONU, António Guterres, nueve premios Nobel y más de 1.000 empresas internacionales, subrayó la ambición de China, aunque la participación limitada de empresas estadounidenses evidenció las barreras actuales en esta competencia global.


