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Alarma en el sistema financiero: la morosidad de los créditos al consumo alcanza niveles no vistos en dos décadas

La crisis de pagos llevó a los bancos a multiplicar reestructuraciones, con entidades privadas mostrando los mayores saltos recientes

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Alarma en el sistema financiero: la morosidad de los créditos al consumo alcanza niveles no vistos en dos décadas
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La agresiva expansión del crédito al consumo ha derivado en una crisis de morosidad sin precedentes en veinte años. Con los impagos de las familias alcanzando el 12,7 por ciento, el volumen de préstamos refinanciados se duplicó en solo siete meses, reflejando una alarmante caída en la capacidad de pago de los usuarios. Mientras los créditos de alto riesgo e irrecuperables se disparan, el Gobierno intenta minimizar el impacto calificándolo como un efecto esperado del crecimiento crediticio. Ante este escenario, los bancos públicos lanzaron planes de emergencia para reestructurar deudas, mientras el sector financiero comienza a restringir la entrega de nuevos préstamos para mitigar los riesgos.

La agresiva expansión del crédito al consumo registrada durante el año 2024 y el primer tramo de 2025 ha comenzado a mostrar su lado más crítico. Los indicadores más recientes revelan una aceleración en la morosidad que ha impulsado los niveles de créditos impagos a cifras que no se observaban desde hace más de veinte años, encendiendo las alarmas sobre la capacidad de pago de los tomadores de crédito.

De acuerdo con los últimos registros oficiales disponibles al mes de mayo, la cantidad de impagos en el segmento de las familias trepó hasta el 12,7%. Esta realidad ha obligado a las entidades bancarias a cambiar su estrategia operativa, acelerando los procesos de refinanciación para aquellos clientes que ya no pueden afrontar el pago de las cuotas originales de sus préstamos.

Los datos proporcionados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) son elocuentes respecto a esta tendencia. Entre octubre de 2025 y mayo de 2026, el stock de financiaciones personales refinanciadas experimentó un crecimiento del 127%, pasando de $1,09 billones a $2,47 billones. En términos prácticos, el volumen de estas operaciones prácticamente se duplicó en un periodo de apenas siete meses.

Dentro de este fenómeno, se observan disparidades significativas entre las principales entidades financieras del país. El Banco Galicia se posiciona como la entidad que concentra el mayor volumen de refinanciaciones; su stock pasó de $472.580 millones a $936.020 millones, lo que representa un incremento del 98% entre octubre de 2025 y mayo del año en curso. No obstante, el análisis del crecimiento relativo indica que prácticamente todo el sistema financiero ha comenzado a destinar más recursos a la reestructuración de deudas de clientes que atraviesan dificultades económicas.

La magnitud de este incremento se refleja también en la composición de las carteras crediticias. El porcentaje de créditos refinanciados sobre el total de los préstamos otorgados a familias ascendió del 1,66% al 3,16% en el periodo comprendido entre octubre y mayo. Esto significa que el peso de las refinanciaciones dentro de la cartera total casi se ha duplicado.

Sin embargo, existe un indicador que resulta aún más preocupante para los analistas. Actualmente, las refinanciaciones representan el 26,1% del total de los préstamos en mora, mientras que siete meses atrás equivalían al 22,6%. En otras palabras, uno de cada cuatro créditos que presenta problemas de pago termina siendo renegociado por los bancos.

En paralelo a este proceso, se registra un aumento en los créditos catalogados por el Banco Central como de mayor riesgo. Los préstamos clasificados en "Situación 4", que representan un alto riesgo, aumentaron desde los $1,98 billones hasta los $5,12 billones. Aún más crítico es el salto en los créditos considerados irrecuperables o "Situación 5", que pasaron de $358.000 millones a casi $1,19 billones. Si bien una parte de este crecimiento se vincula a la fuerte expansión crediticia de los últimos meses, el deterioro de los indicadores es seguido muy de cerca por el mercado financiero.

Desde el Gobierno, el ministro de Economía, Luis Caputo, ha intentado restar dramatismo a este escenario. Según el funcionario, el incremento de la morosidad es un resultado esperable tras un periodo de expansión extraordinariamente rápida del crédito, particularmente en las líneas de préstamos personales y tarjetas de crédito. La visión oficial sostiene que el sistema financiero mantiene niveles de mora bajos si se comparan con otros periodos de crecimiento similar y que el comportamiento actual no representa un riesgo para la estabilidad bancaria general.

A pesar de esta postura, el Gobierno reconoce que los segmentos de ingresos medios y bajos han empezado a sentir el impacto del mayor endeudamiento y del encarecimiento de las cuotas. En respuesta a esto, las dos principales entidades públicas han lanzado programas de asistencia. El Banco Nación implementó un esquema para refinanciar préstamos personales con plazos máximos de 72 meses y tasas fijas del 65% TNA, para montos de hasta $100 millones, buscando evitar que los clientes profundicen su incumplimiento. Por su parte, el Banco Provincia puso en marcha un plan de reestructuración de deudas para ofrecer una salida antes de que los créditos caigan en categorías de riesgo superior.

Para el sector bancario, el crecimiento del crédito del último año ha marcado el inicio de una nueva etapa. La prioridad ya no es únicamente la colocación de nuevos fondos, sino la administración del riesgo de una cartera que muestra signos claros de tensión. El desafío fundamental será evitar que la morosidad frene la expansión crediticia que el Gobierno considera vital para la recuperación económica. No obstante, en los últimos meses ya se percibe que los bancos están retaceando el financiamiento a las personas, especialmente en un contexto donde las tasas superan el 100% anual y el volumen de préstamos persiste en terreno negativo.

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