Estados Unidos ha registrado dos incidentes aéreos en un lapso muy breve, coincidiendo con las festividades del Día de la Independencia. El primero de estos sucesos involucró a una aeronave de la compañía Delta Air Lines, la cual se vio afectada por el lanzamiento de fuegos artificiales mientras realizaba las maniobras finales para aterrizar en la ciudad de Chicago.
El incidente ocurrió específicamente con el vuelo 1076 de Delta Air Lines. La aeronave, que había partido desde la ciudad de Atlanta con destino final hacia Chicago, se encontraba en la fase de descenso para tocar pista en el Aeropuerto Internacional de Midway. De acuerdo con la información proporcionada por medios locales, un proyectil de fuegos artificiales impactó la estructura del avión en un momento crítico de la operación.
Los reportes indican que el impacto se produjo cuando la aeronave se encontraba volando a una altitud de apenas 200 pies, preparándose para el aterrizaje final en la pista. El piloto al mando del vuelo 1076 se comunicó con los controladores aéreos para informar sobre lo sucedido. En sus declaraciones, el capitán mencionó que la aeronave fue impactada antes de aterrizar y expresó su sospecha de que el objeto pudiera tratarse de un mortero, enfatizando que, independientemente de la naturaleza exacta del proyectil, sintió y escuchó un gran estruendo durante el suceso.
A pesar de la naturaleza alarmante del impacto y la baja altitud a la que se encontraba el avión, la aeronave logró aterrizar sin mayores inconvenientes. Las autoridades y los reportes oficiales confirmaron que no hubo personas lesionadas entre los pasajeros ni los miembros de la tripulación. Los daños se limitaron exclusivamente a la parte material de la nave. No obstante, siguiendo los protocolos estrictos de seguridad aeronáutica, se llevaron a cabo inspecciones adicionales y exhaustivas para verificar que la estructura y los sistemas de la nave se encontraran en buen estado antes de cualquier operación posterior.
Casi simultáneamente a estos eventos, y específicamente un día después de los festejos del 4 de julio, se registró un segundo accidente aéreo en territorio estadounidense, esta vez en la ciudad de Nueva York. Una avioneta, identificada como un modelo Kodiak 100, sufrió un percance que culminó en un aterrizaje forzoso en las aguas del East River, en las inmediaciones de Brooklyn.
A bordo de esta aeronave viajaban un total de ocho personas: seis pasajeros y dos pilotos. La Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) informó a través de sus canales oficiales en redes sociales que el piloto realizó la maniobra de aterrizaje forzoso en el río. Durante el impacto con el agua, se produjo un fallo estructural en el que uno de los puntales del ala de la avioneta se quebró.
Afortunadamente, las labores de rescate fueron efectivas y todas las víctimas fueron desalojadas a salvo del agua. Al igual que en el caso del vuelo de Delta, no se reportaron heridos entre los ocupantes de la Kodiak 100.
La FAA añadió un detalle relevante sobre las circunstancias del accidente en Nueva York, señalando que, al momento del aterrizaje forzoso, el tráfico aéreo no estaba brindando servicios a la aeronave. Debido a esta particularidad y a la gravedad del aterrizaje, la agencia ha confirmado que se ha iniciado una investigación formal para esclarecer las causas exactas del incidente y determinar las responsabilidades correspondientes.
Ambos eventos subrayan la vulnerabilidad de las operaciones aéreas ante factores externos durante periodos de celebraciones masivas y la importancia de los protocolos de emergencia que permitieron que, en ambos casos, no se produjeran pérdidas humanas.


