La industria frigorífica del estado de Mato Grosso ha comenzado a experimentar los efectos directos de la desaceleración en las compras de carne bovina por parte de China. En una respuesta inmediata a esta contracción de la demanda, la empresa JBS ha tomado la decisión de conceder vacaciones colectivas a los empleados de dos de sus unidades productivas instaladas en dicha región: la planta ubicada en Colíder, en el norte del estado, y la planta situada en Juara, en la zona oeste.
Esta medida administrativa entró en vigor el pasado miércoles 1 de octubre. Según informaciones provenientes de fuentes del sector, los trabajadores de ambas plantas permanecerán alejados de sus puestos laborales por un periodo inicial de 20 días. No obstante, la empresa ha dejado abierta la posibilidad de que este periodo de afastamiento sea prorrogado por diez días adicionales. La decisión final sobre dicha extensión dependerá estrictamente de la evolución de la demanda internacional y de las condiciones generales que presente el mercado en los próximos días.
El contexto detrás de esta decisión se encuentra vinculado a la expectativa de que la cuota anual de importación de carne bovina, establecida por el gobierno chino, esté próxima a alcanzar su límite máximo. Esta situación se enmarca en un proceso de ajustes estructurales que atraviesa la industria frigorífica brasileña. Desde finales de 2025, China comenzó a implementar un sistema de cuotas de importación para sus proveedores de carne bovina, incluyendo al Brasil, con el objetivo primordial de proteger su propia producción local de carne.
Para el caso específico de los exportadores brasileños, el gobierno chino estableció un límite anual de 1,106 millones de toneladas. Esta cifra representa una reducción significativa en comparación con el volumen de exportaciones del año anterior, donde el país logró embarcar aproximadamente 1,7 millones de toneladas hacia el mercado asiático. Esta diferencia de volumen pone de manifiesto la presión que el nuevo sistema de cuotas ejerce sobre la capacidad operativa de los frigoríficos en Brasil.
Existe, además, una discrepancia relevante entre los datos oficiales y la percepción de los exportadores sobre el estado actual de estas cuotas. Mientras que los datos oficiales del gobierno chino indican que, hasta el mes de mayo, se había utilizado el 65,4% de la cuota permitida, los exportadores brasileños evalúan que el límite ya se encuentra prácticamente agotado. Esta diferencia de interpretación se debe al método de contabilización utilizado por las autoridades chinas: el registro de la cuota considera la fecha de llegada de las cargas a los puertos chinos y no el momento en que se realiza el embarque en Brasil.
Debido a este desfase logístico, una parte considerable de la carne exportada hacia finales de 2025 pasó a formar parte de la cuota válida para el año 2026. Esta particularidad técnica acelera el llenado del cupo disponible para el periodo actual, reduciendo el margen de maniobra de las empresas exportadoras.
El impacto económico de superar este límite es severo. Una vez que se completa la cuota establecida, la tarifa de importación aplicada a la carne bovina experimenta un salto drástico, pasando del 12% al 67%. Este incremento tarifario convierte la continuidad de los embarques destinados al mercado chino en una operación económicamente inviable para las empresas brasileñas, ya que los costos impositivos anularían la rentabilidad de la venta.
Ante este escenario adverso, los frigoríficos han comenzado a adoptar estrategias de mitigación. Una de las principales medidas ha sido la reducción del ritmo de producción en las plantas, lo que explica las vacaciones colectivas implementadas por JBS en Colíder y Juara. Asimismo, la industria está trabajando en el redireccionamiento de los volúmenes de carne que inicialmente estaban destinados a China, buscando colocar estos productos en el mercado interno brasileño o explorando oportunidades de exportación hacia otros países para compensar la caída de la demanda del gigante asiático.


