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Dólar oficial: proyecciones de suba para julio y presiones cambiarias en el segundo semestre

El dólar oficial mantendrá su tendencia al alza en julio y el resto del año debido a la presión del aguinaldo, la Copa del Mundo y las tasas negativas, bajo el monitoreo de la inflación y el agro.

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Dólar oficial: proyecciones de suba para julio y presiones cambiarias en el segundo semestre
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El dólar oficial en Argentina inicia julio con una tendencia alcista que podría intensificarse durante el segundo semestre. Factores como el pago del aguinaldo, la demanda estacional y las tasas negativas en pesos presionan la divisa, impulsando a los economistas a proyectar un reacomodamiento del precio para evitar un nuevo atraso frente a la inflación. Los especialistas sitúan el rango de movimiento entre los 1.450 y 1.600 pesos, alertando sobre la menor fuerza en la liquidación del campo y la creciente búsqueda de cobertura en instrumentos financieros. Mientras el Banco Central intenta moderar la presión, el mercado ya anticipa una dolarización de carteras impulsada por el contexto electoral.

El mercado cambiario argentino se prepara para un mes de julio marcado por una tendencia alcista en el valor del dólar oficial. Tras una aceleración registrada durante el mes de junio, diversos analistas y economistas coinciden en que esta trayectoria ascendente no solo se mantendrá en el corto plazo, sino que podría incrementarse progresivamente a medida que avance la segunda mitad del año.

Esta proyección responde a una combinación de factores estacionales y macroeconómicos que presionan la divisa. Entre los elementos que juegan en contra de la estabilidad del tipo de cambio se encuentran el pago del aguinaldo, la cercanía del Mundial y una demanda creciente de cobertura cambiaria, impulsada principalmente por la existencia de tasas de interés negativas en pesos. En este escenario, los indicadores clave a monitorear serán la evolución de la inflación, el comportamiento de las tasas y el ritmo de liquidación de las divisas provenientes del sector agropecuario.

Leonardo Anzalone, economista y director de CEPEC, señaló en declaraciones a Ámbito que los movimientos recientes sugieren que el dólar está buscando un nuevo equilibrio. Según el especialista, este proceso ocurre tras varios meses de atraso frente a una inflación que ha persistido por encima del 2% mensual. Anzalone define este fenómeno como una recomposición lógica de los precios relativos, impulsada por una presión cambiaria de fondo. Desde su perspectiva, el rango de movimiento actual se sitúa entre los $1.450 y $1.600. Si bien reconoce que el mercado aún cuenta con oferta de divisas gracias a la cosecha gruesa, advierte que comienza a visualizarse un segundo semestre con una estacionalidad menos favorable.

Por su parte, el economista Gustavo Ber ofreció una visión similar para el corto plazo, aunque con matices en los niveles de precio. Ber prevé un reacomodamiento gradual durante lo que resta del mes, estimando que la cotización no superaría los $1.500. Para este experto, la influencia predominante en el momento actual es el contexto externo, caracterizado por una renovada fortaleza del dólar a escala global y tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos (UST) más elevadas, lo que consecuentemente debilita a las monedas de mercados emergentes y a los commodities. No obstante, Ber considera que hacia el segundo semestre la divisa podría comenzar a deslizarse más cerca del ritmo de la inflación.

En sintonía con este análisis, el economista Federico Glustein delineó sus perspectivas para julio y agosto, indicando un sesgo levemente alcista. Glustein estima que el dólar podría moverse dentro de una zona contenida, entre los $1.500 y $1.550, a menos que surja algún shock político o externo. El especialista atribuye esta suba a la demanda estacional de junio y julio, ligada a las vacaciones, el aguinaldo y el Mundial, sumado a una disminución estacional de la oferta. Asimismo, destacó que las tasas negativas en pesos incentivan la dolarización, especialmente si las licitaciones del Tesoro muestran un menor rollover. A esto se suma el factor electoral, ya que, al quedar a un año de los comicios, las carteras de inversión comienzan a dolarizarse.

Respecto a los factores determinantes para el futuro inmediato, Anzalone enfatiza tres puntos críticos. En primer lugar, la liquidación del agro, que aunque sigue aportando divisas, pierde fuerza semana a semana. En segundo lugar, las tasas en pesos, que parecen haber tocado un piso y sugieren una posible suba según la curva del mercado. Finalmente, la inflación: si se mantiene estabilizada entre el 2% y el 3% mensual, resultaría difícil mantener un dólar estático sin generar un nuevo atraso. El economista concluye que, si bien no se esperan movimientos disruptivos a corto plazo, la tendencia será de una suba gradual que acompañe la nominalidad de la economía.

En el plano operativo, los datos de junio muestran que el Banco Central (BCRA) continuó comprando dólares, acumulando u$s1.246 millones, aunque a un ritmo inferior al registrado en mayo. Simultáneamente, la demanda de cobertura ha ganado terreno. Según datos de PPI, el interés abierto en futuros de dólar registró incrementos significativos, con un salto de u$s224,5 millones un martes y otro de u$s71 millones el miércoles posterior. Esta actividad, concentrada principalmente en el contrato de julio, sugiere una intervención del BCRA para moderar la presión cambiaria.

La búsqueda de cobertura también se trasladó a los instrumentos "dólar linked", donde el volumen operado en letras y bonos indexados al dólar se disparó a u$s328,1 millones. Un dato relevante es la disparidad entre la oferta y la compra oficial: mientras la liquidación promedio informada por CIARA fue de u$s136 millones diarios en las últimas cuatro ruedas, el BCRA solo compró un promedio de u$s48 millones. Esto indica que una parte considerable de los dólares del sector exportador está siendo absorbida por una demanda privada más firme, reforzando la presión sobre el tipo de cambio.

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