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Tensión en el Gobierno: Victoria Villarruel no habría sido invitada al Tedeum del 25 de Mayo

En el entorno de la vicepresidente confirmaron la información. En años anteriores, la convocatoria se había dado con una semana de antelación. En Casa Rosada dicen que el Arzobispado puede invitarla si quiere, pero la Iglesia responde que las invitaciones son “responsabilidad exclusiva” de Presidencia

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Tensión en el Gobierno: Victoria Villarruel no habría sido invitada al Tedeum del 25 de Mayo
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La crisis entre Javier Milei y Victoria Villarruel alcanza un nuevo pico de tensión tras confirmarse que la vicepresidenta no fue invitada formalmente al Tedeum del 25 de mayo. La Secretaría General de la Presidencia ratificó la decisión de excluirla del evento, desmintiendo los intentos del entorno presidencial de atribuir la responsabilidad al Arzobispado de Buenos Aires. Este desplante protocolar es el síntoma más evidente de una ruptura progresiva entre los dos máximos mandatarios. Tras meses de roces públicos y ausencias estratégicas, el tradicional acto religioso se convierte en el termómetro que confirma el quiebre definitivo en la relación política del Ejecutivo.

El tradicional Tedeum por el 25 de Mayo, que se lleva a cabo en la Catedral Metropolitana, se ha convertido en un termómetro político que refleja el estado actual de la relación entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel. Históricamente, este evento representaba uno de los pocos espacios donde ambos mandatarios coincidían a pesar de las diferencias internas, como ocurrió el año pasado cuando el vínculo ya mostraba signos de ruptura. Sin embargo, para la edición de este año, la expectativa se ha transformado en una abierta controversia debido a que los cortocircuitos entre los dos máximos mandatarios del país se han vuelto aún más explícitos en la esfera pública.

La polémica se desató este sábado por la tarde, cuando el entorno de la vicepresidenta hizo circular la información de que Victoria Villarruel no recibió la invitación formal para asistir al acto del lunes por la mañana. Según difundieron sus allegados, la invitación para el Tedeum del 25 de mayo debe ser cursada formalmente por la Secretaría General de la Presidencia a través del área de ceremonial, y en este caso, la vicepresidenta de la Nación no fue convocada.

Desde el área de ceremonial presidencial fueron categóricos al afirmar que existió una decisión manifiesta por parte de la Presidencia de no extender dicha invitación. Ante las consultas sobre la posibilidad de que se produjera una invitación de último momento, los funcionarios fueron terminantes al señalar que el evento conlleva un proceso riguroso de protocolo y custodia que impide realizar convocatorias sobre la hora. Para respaldar esta postura, mencionaron que, en los dos años anteriores, las convocatorias se habían efectuado con una semana de antelación.

Por su parte, el entorno del presidente Javier Milei intentó justificar la situación argumentando que el Arzobispado de Buenos Aires, presidido por monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, también posee la facultad de invitar al Tedeum. No obstante, esta versión fue rápidamente desmentida por voceros oficiales del Arzobispado, quienes aclararon que las invitaciones al Tedeum son responsabilidad exclusiva de la Presidencia de la Nación, deslindando así a la Iglesia de la gestión organizativa del evento.

De acuerdo con el protocolo establecido, el procedimiento comienza cuando el Presidente solicita al Arzobispo la celebración del acto. Una vez aceptada la solicitud, todas las cuestiones referentes a las invitaciones, la seguridad y el protocolo quedan bajo la órbita de la Secretaría General de la Presidencia. La intervención del Arzobispado se limita estrictamente a los aspectos litúrgicos, tales como los ritos, los cantos y la celebración misma. Por lo tanto, la emisión de las tarjetas de invitación y la asignación de los lugares en la Catedral son competencia exclusiva de la dirección de ceremonial presidencial.

En este contexto, tres funcionarios del Poder Ejecutivo confirmaron que ya recibieron hace varios días su invitación protocolar para participar de los actos conmemorativos del 216º Aniversario de la Revolución de Mayo. El cronograma establece que los asistentes deben presentarse a las 9 horas en la intersección de Reconquista y Bartolomé Mitre para retirar su acreditación correspondiente, advirtiendo que no se permitirá el ingreso de funcionarios a la Catedral Metropolitana después de las 9:30 horas.

El Solemne Tedeum está programado para iniciar a las 10 horas y concluir a las 10:45 horas. Acto seguido, se prevé que los funcionarios se trasladen hacia el Cabildo de Buenos Aires para entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino, finalizando la actividad institucional a las 11:15 horas. Para asistir, se ha solicitado un código de vestimenta estrictamente formal y el uso obligatorio de la escarapela.

El distanciamiento entre Milei y Villarruel ha sido progresivo y visible. En el primer Tedeum que compartieron en 2024, fueron vistos caminando abrazados desde la explanada de la Casa Rosada hasta la Catedral. Sin embargo, esa imagen de unidad no se repitió al año siguiente, limitándose el encuentro a la contemplación conjunta de la tumba del general José de San Martín dentro del templo.

Desde entonces, los encuentros han sido esporádicos y tensos. Uno de los episodios más notables ocurrió el 1 de marzo de este año durante la Apertura de Sesiones Ordinarias en el Palacio del Congreso, donde la tensión entre ambos fue indisimulable. Más recientemente, el 21 de abril, la vicepresidenta decidió no asistir a la ceremonia central en la Basílica de Luján por el primer aniversario del fallecimiento del papa Francisco, a pesar de que su presencia estaba prevista. Villarruel optó por recordar a Jorge Bergoglio en la Basílica María Auxiliadora de Almagro, lugar donde el pontífice fue bautizado.

Al respecto, Villarruel justificó su ausencia alegando que en la ceremonia principal "estaba lo peor de la casta política" y que el evento "se había politizado". Esta declaración provocó malestar en el Ejecutivo, que interpretó la decisión de la vicepresidenta como una maniobra para desmarcarse políticamente y perjudicar la imagen del Gobierno.

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