ÚLTIMA HORA

Cobertura global las 24 hs. • domingo, 19 de abril de 2026 • Noticias actualizadas al minuto.

Menú

SUDÁN AL BORDE: Cuatro años de guerra civil desatan la peor crisis humanitaria del planeta

SUDÁN AL BORDE: Cuatro años de guerra civil desatan la peor crisis humanitaria del planeta
AudioNoticia DisponibleVer en Video (Formato TikTok)

Sudán se encuentra sumido en el cuarto año de una devastadora guerra civil, una crisis que la comunidad internacional ha calificado como la peor catástrofe humanitaria del mundo en la actualidad. El conflicto, iniciado en abril de 2023 entre el ejército regular y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), ha sumido al país africano en un desastre de proporciones extraordinarias, con consecuencias que superan a las de muchos otros conflictos contemporáneos.

Los balances oficiales indican al menos 59.000 muertos, aunque estimaciones independientes elevan la cifra hasta los 400.000. Sudán se desangra, sin que exista una región del país que escape a la brutalidad de la guerra, caracterizada por asedios implacables, el uso del hambre como arma y la violencia contra los civiles como método de control.

La raíz del conflicto reside en la fractura de una alianza que, hasta hace poco, mantenía unidos a los líderes de ambas facciones. Estos jefes militares tomaron el poder conjuntamente tras el golpe de Estado de 2021, pero la disputa por el control del Estado y de los recursos estratégicos desencadenó una lucha sin cuartel. Desde entonces, ninguno de los bandos ha mostrado una voluntad real de negociar una tregua, perpetuando el sufrimiento de la población.

La guerra ha destrozado el tejido social sudanés. La batalla por el poder se libra en un país carente de hospitales, escuelas e instituciones capaces de proteger a sus ciudadanos. Las ciudades se han sumido en un caos del que no se vislumbra una salida inmediata.

El desplazamiento de personas ha alcanzado niveles sin precedentes en la historia reciente de África. Cerca de 16 millones de sudaneses, más de una cuarta parte de la población total, se han visto obligados a abandonar sus hogares. Un informe de ACNUR revela que más de 11,6 millones de personas permanecen desplazadas dentro del país o han buscado refugio en naciones vecinas, mientras que otros 4,4 millones han cruzado las fronteras en busca de seguridad.

Países como República Centroafricana, Chad, Egipto, Etiopía, Libia, Sudán del Sur y Uganda, ya enfrentan serias dificultades económicas, y ahora deben lidiar con la llegada masiva de refugiados. Entre ellos, se encuentran hombres, mujeres y niños, siendo la situación de estos últimos particularmente alarmante. Organizaciones de derechos humanos denuncian niveles sistemáticos y alarmantes de violencia sexual y explotación, incluyendo secuestros y abusos.

Las Naciones Unidas advierten que la violación se utiliza como un arma de guerra, destinada a humillar y destruir el tejido social de las comunidades. El alcance real de esta violencia es probablemente mucho mayor, ya que muchas víctimas permanecen en silencio por miedo al estigma o a las represalias de los grupos armados que controlan el territorio y los campamentos de desplazados.

La infancia sudanesa está pagando un precio altísimo, comprometiendo no solo su presente, sino también el futuro del país. Desde el inicio de la guerra, más de 4300 niños han muerto o sufrido mutilaciones graves a causa de explosiones. Solo en el primer trimestre de 2026, UNICEF registró al menos 245 muertes infantiles, la mayoría provocadas por ataques con drones.

A esta tragedia se suman el cierre de escuelas y la desnutrición severa. El caso de Saidal Altaher, un bebé de dos meses que recibe tratamiento por desnutrición aguda en Puerto Sudán, ilustra la gravedad de la situación. Hay cientos de niños como él, atendidos en centros médicos desbordados y con recursos limitados.

El sistema de producción de alimentos en Sudán ha colapsado prácticamente por completo. El Consejo Noruego para los Refugiados describe una destrucción que avanza campo por campo, camino por camino y mercado por mercado . Muchos agricultores han abandonado sus tierras debido a la inseguridad, y las reservas de semillas han sido saqueadas o agotadas. Como consecuencia, más de 21 millones de personas, casi la mitad de la población del país, enfrentan una hambruna aguda.

En regiones como Darfur del Norte y Kordofán del Sur, la población pasa días enteros sin comer, recurriendo en los casos más desesperados a hojas de árboles o alimento para animales. Los ingresos de la población han caído a sus niveles más bajos en décadas, agravando aún más la crisis.

La situación se complica aún más por la escalada regional en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, que han afectado la capacidad de recuperación del país. El aumento global del precio del combustible y de los fertilizantes ha encarecido los productos básicos, dificultando el transporte de mercancías y el acceso a los insumos necesarios para la siembra.

Este círculo vicioso, en el que el hambre genera inestabilidad, la inestabilidad provoca nuevos desplazamientos y los desplazamientos agravan la falta de comida, crea un caldo de cultivo ideal para el tráfico de personas.

La guerra también se alimenta desde el exterior, con acusaciones sobre la participación de potencias extranjeras que aportan armas, dinero y respaldo político a los bandos enfrentados. Emiratos Árabes Unidos ha sido señalado como el principal sostén de las RSF, aunque niega estas acusaciones. Arabia Saudita, Egipto y Rusia también buscan influir en el desenlace del conflicto mediante apoyo logístico y transferencias de armamento.

El oro juega un papel crucial en este conflicto. Sudán posee grandes reservas de este metal precioso, y su comercio incluso ha aumentado durante la guerra, financiando a los combatientes mientras la población carece de los servicios más elementales.

A pesar de ser la peor crisis humanitaria del mundo, Sudán recibe mucha menos atención que otros conflictos de alto perfil. La falta de financiamiento internacional es una de las más graves de las últimas décadas y amenaza las operaciones de ayuda para la población civil.

La reciente conferencia internacional para Sudán resultó en la promesa de 1530 millones de dólares por parte de los países donantes. Si bien esta cifra parece elevada, es insuficiente frente a la magnitud del desastre. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que el dinero no reemplaza a la paz, y que sin un cese de las hostilidades, ninguna ayuda humanitaria será suficiente para frenar el derrumbe de Sudán. La urgencia es política, moral y humana.

¿Te gusta estar informado?

Recibe las noticias más importantes de Latinoamérica directamente en Telegram. Sin Spam, solo realidad.

Unirme Gratis