La destilería francesa Pernod Ricard, segunda mayor compañía europea de bebidas espirituosas, ha advertido que prevé una caída orgánica de sus ventas netas del 3% al 4% en su ejercicio fiscal, que concluye en junio. Esta revisión a la baja se atribuye principalmente a las consecuencias del conflicto en Oriente Próximo, que está impactando negativamente en el consumo y la distribución de sus productos a nivel global.
La compañía, propietaria de marcas icónicas como el vodka Absolut y la ginebra Beefeater, se encuentra actualmente en negociaciones para una posible fusión con Brown-Forman, el grupo estadounidense detrás de marcas como Jack Daniel's. Sin embargo, el panorama económico actual y las tensiones geopolíticas añaden incertidumbre a estas conversaciones.
Durante el tercer trimestre fiscal, que comprende de enero a marzo, Pernod Ricard experimentó una disminución del 14,6% en sus ventas netas, alcanzando los 1.945 millones de euros. No obstante, si se excluyen los efectos del tipo de cambio, las ventas orgánicas mostraron un ligero aumento del 0,1%. Este dato sugiere que la demanda subyacente de sus productos se mantiene relativamente estable, pero se ve contrarrestada por las fluctuaciones monetarias y los factores externos.
El impacto del conflicto en Oriente Próximo y la volatilidad económica se reflejan claramente en el desempeño de la compañía por regiones. En América, los ingresos netos cayeron un 18,2% interanual, situándose en 614 millones de euros. Europa también sufrió una disminución, con un retroceso del 8,3% hasta los 519 millones de euros. Asia y el resto del mundo no fueron la excepción, registrando una caída del 15,6% en las ventas netas, que se situaron en 812 millones de euros.
En los primeros nueve meses de su año fiscal, las ventas netas de Pernod Ricard disminuyeron un 14,8% en términos absolutos y un 4,4% en cifras orgánicas, alcanzando un total de 7.199 millones de euros. América fue la región más afectada, con una caída del 19% hasta los 2.014 millones de euros. Asia y Europa también experimentaron descensos significativos, del 16,4% y del 8% respectivamente, con ingresos de 2.993 millones y 2.191 millones de euros.
La compañía ha destacado el impacto desfavorable del tipo de cambio, que ascendió a 159 millones de euros en el tercer trimestre fiscal y a 515 millones en los nueve primeros meses del ejercicio. Además, la reducción de la estructura del grupo, principalmente debido a la venta de Wines & Imperial Blue, generó un impacto adverso de 393 millones de euros.
Ante este escenario, Pernod Ricard ha reiterado que considera el ejercicio fiscal 2026 como "un año de transición", anticipando tendencias de mejora en la segunda mitad del año. Sin embargo, la compañía ha ajustado sus expectativas de crecimiento, previendo ahora una disminución entre el 3% y el 4% en las ventas netas orgánicas para el conjunto del año, debido al conflicto en curso en Oriente Próximo.
La advertencia de Pernod Ricard refleja la creciente preocupación entre las empresas multinacionales por el impacto de las tensiones geopolíticas y la incertidumbre económica en sus resultados financieros. El conflicto en Oriente Próximo, en particular, está generando disrupciones en las cadenas de suministro, afectando el comercio internacional y disminuyendo la confianza del consumidor.
La compañía se enfrenta al desafío de adaptarse a este nuevo entorno, implementando medidas para mitigar los riesgos y aprovechar las oportunidades que puedan surgir. La posible fusión con Brown-Forman podría ser una estrategia clave para fortalecer su posición en el mercado y diversificar su cartera de productos. Sin embargo, el éxito de esta operación dependerá de la evolución de la situación geopolítica y económica global.
Pernod Ricard continuará monitoreando de cerca la situación en Oriente Próximo y ajustando su estrategia según sea necesario. La compañía confía en que, a pesar de los desafíos actuales, podrá mantener su liderazgo en el sector de bebidas espirituosas y generar valor para sus accionistas a largo plazo. La volatilidad del mercado y la incertidumbre económica exigen una gestión prudente y una adaptación constante a las nuevas realidades.












