El mercado vitivinícola argentino enfrenta una preocupante combinación de caída en el consumo interno y una creciente disparidad entre las provincias productoras, con Salta en una situación particularmente vulnerable, según un reciente informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El estudio, que se basa en datos proporcionados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), revela una contracción del 5,5% interanual en las ventas de vino en el mercado interno durante febrero de 2026, lo que indica un debilitamiento del consumo en un contexto de deterioro generalizado del poder adquisitivo de la población.
La provincia de Salta se destaca negativamente en este panorama, contrastando fuertemente con el desempeño de Mendoza, que consolida su posición de liderazgo. Mientras que Mendoza experimentó un crecimiento interanual del 5,2% y acapara cerca del 91% del mercado interno, Salta registra una caída acumulada del 20,6% en los despachos durante el inicio de 2026. Esta brecha se amplía al considerar el peso relativo de cada provincia en el mercado nacional: Salta representa apenas el 1,1% del total comercializado, quedando significativamente rezagada frente a Mendoza, San Juan (5,2%) y La Rioja (2,2%).
El informe del CEPA subraya una tendencia creciente a la concentración territorial del sector vitivinícola, donde Mendoza gana participación de mercado a expensas de otras provincias, que pierden volumen y competitividad. En el caso específico de Salta, la caída en las ventas se produce en un contexto de retracción general del mercado, pero con un impacto más pronunciado que en otras regiones productoras.
A nivel nacional, el consumo per cápita de vino continúa en descenso, alcanzando niveles históricamente bajos con una caída del 5,7% interanual en febrero. Esta tendencia se atribuye a una combinación de factores económicos, como la pérdida de ingresos de los consumidores, y cambios estructurales en los hábitos de consumo. Se observa una clara reconfiguración del mercado hacia productos de menor precio, con los vinos sin mención varietal actuando como un sostén del consumo frente a la caída más pronunciada de los segmentos de mayor valor agregado.
Estas transformaciones en el consumo no son meramente coyunturales, sino que se inscriben en una tendencia de largo plazo. El informe destaca que el consumo de vino en Argentina ha disminuido de manera constante en la última década, pasando de 23,8 litros per cápita en 2015 a 15,77 en 2025, en un contexto de cambios en los hábitos de consumo y una mayor competencia con otras bebidas alcohólicas y no alcohólicas.
Para provincias como Salta, este escenario representa un doble desafío. No solo deben enfrentar la caída general del mercado interno, sino también sostener su participación en un esquema cada vez más concentrado en pocas jurisdicciones. El informe advierte sobre un nuevo factor de presión: el crecimiento de las importaciones de vinos fraccionados, que han aumentado significativamente en el último año, intensificando la competencia en el mercado interno en un contexto de demanda debilitada.
Dado que cerca del 70% de la producción vitivinícola argentina se destina al mercado interno, la evolución del consumo doméstico se presenta como un factor determinante para el futuro del sector. En un escenario de demanda debilitada, presión sobre los márgenes de ganancia y cambios en los hábitos de consumo, la vitivinicultura enfrenta el desafío de sostener su actividad sin perder valor ni profundizar las asimetrías entre las diferentes regiones productoras.
El informe del CEPA concluye que la situación actual exige una revisión de las estrategias de producción y comercialización, así como políticas públicas que promuevan la diversificación de la oferta, la mejora de la competitividad y el apoyo a las provincias más afectadas, como Salta, para evitar una mayor concentración del sector en manos de unas pocas jurisdicciones. La sostenibilidad del sector vitivinícola argentino a largo plazo dependerá de la capacidad de adaptarse a los nuevos desafíos y de encontrar un equilibrio entre la rentabilidad económica y la equidad regional.











