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MILEI: Viento de cola desperdiciado, economía en recesión

MILEI: Viento de cola desperdiciado, economía en recesión

A pesar de un ingreso extraordinario de 110.000 millones de dólares provenientes de cosechas récord, superávit energético y salvatajes financieros internacionales, el gobierno de Javier Milei enfrenta un balance económico desalentador tras poco más de dos años en el poder. Según análisis del periodista y economista Alfredo Zaiat, la economía argentina se encuentra estancada y con rumbo a la recesión, la industria opera por debajo de los niveles registrados durante la pandemia, se han destruido 271.000 empleos formales y la morosidad familiar continúa en aumento.

Zaiat establece un paralelismo con la primera década del siglo XXI, durante el gobierno kirchnerista, cuando se argumentaba que el crecimiento económico del 8% anual se debía a un viento de cola favorable del mercado internacional, específicamente por la demanda de China y los altos precios de las materias primas, en particular la soja. Sin embargo, el analista subraya que, en ese entonces, existió una política económica que supo aprovechar y potenciar ese contexto positivo.

En contraste, el gobierno de Milei, según Zaiat, está despilfarrando un viento de cola aún más intenso, ignorando o ocultando el escenario económico local e internacional excepcionalmente favorable que enfrenta. Este flujo de recursos, en lugar de ser utilizado para fortalecer la economía y blindar el frente externo, se ha diluido en un esquema que prioriza la valorización financiera (carry trade) por sobre la acumulación de reservas internacionales, manteniendo las reservas netas en niveles similares a los observados al final del gobierno de Alberto Fernández.

Además del frente comercial y financiero, el gobierno se ha beneficiado de factores externos como el descenso de las tasas de interés internacionales, el mantenimiento de precios atractivos para las materias primas exportables y la extensión de la ola de derecha y ultraderecha en varios países de la región. A nivel local, la tolerancia social al ajuste regresivo y la subordinación de otras fuerzas políticas han brindado una gobernabilidad concedida al gobierno, con el firme apoyo del poder económico local.

Sin embargo, a pesar de este conjunto de factores favorables, el saldo económico de los dos primeros años de gobierno mileísta es negativo. El crecimiento del 3% entre 2023 y 2025 se ha concentrado en pocos sectores primarios y financieros (energía, minería, finanzas y agro), con escasa capacidad para generar empleo. La industria, por su parte, ha sufrido un desplome debido a la apertura comercial y la caída del consumo interno.

Gran parte del crecimiento observado se explica por la recuperación del sector agropecuario tras la sequía histórica de 2023, sin que haya incentivos del programa libertario que lo justifiquen. De hecho, sin contabilizar al sector agropecuario, la economía se habría mantenido estancada durante los dos años de gobierno de Milei.

El informe de FIDE, citado por Zaiat, destaca que la industria ha sido uno de los sectores más afectados por el esquema económico implementado, caracterizado por el atraso cambiario, la apertura comercial, la caída del consumo interno y el aumento de las tarifas. En enero de 2026, la utilización de la capacidad instalada en la industria se ubicó en el 53,6%, un nivel crítico inferior al promedio de 2020, durante la pandemia.

La inversión también ha caído entre 2023 y 2025, debido a la debilidad del consumo y el aumento de la penetración importadora. Los gastos de capital del sector público nacional se desplomaron un 78% en términos reales, mientras que la inversión extranjera directa resultó negativa, fomentando la repatriación de capitales en lugar de la atracción de nuevos fondos para el desarrollo.

La dinámica del empleo privado registrado se ha desvinculado de la actividad económica, convirtiendo a 2025 en el primer año registrado en el que la economía creció (4,4%) pero el empleo cayó (-0,5%). Este crecimiento es un espejismo debido al arrastre estadístico de la recuperación agrícola, ya que los sectores más dinámicos no tienen capacidad para absorber el empleo que se destruye en las actividades más afectadas por el esquema económico libertario.

Desde noviembre de 2023, más de 22.600 empresas han cerrado y se han perdido 271.000 puestos de trabajo asalariados formales (201.000 en el sector privado y 70.000 en el sector público). La creación de 160.000 monotributistas ha sido insuficiente para compensar la caída del empleo registrado, lo que ha generado una creciente precarización del mercado laboral.

La presión sobre el mercado de trabajo se ha intensificado con el aumento del desempleo y la subocupación, afectando especialmente a los menores de 29 años, grupo etario mayoritariamente votante de Milei. Entre las mujeres de esa edad, la desocupación pasó del 13,8% al 16,8%, y entre los varones, del 12,5% al 16,2%. El recorte del gasto público ha golpeado con mayor dureza a los sectores que dependen de los servicios públicos y el cuidado, profundizando las brechas existentes.

La caída de los ingresos ha generado un aumento del endeudamiento de las familias, dando lugar a la categoría de trabajadores pobres y endeudados . Según datos de la Central de Deudores del Banco Central, el 60% de la población adulta (unos 20,5 millones de personas) mantiene algún tipo de deuda, y el endeudamiento promedio pasó de 1,5 salarios a fines de 2024 a 2,5 salarios en diciembre de 2025.

La persistencia de tasas de interés por encima de la inflación en el segmento de crédito a familias, junto con la profundización de la caída de ingresos, está generando un aumento de la morosidad. La irregularidad en la cartera bancaria de las familias ya supera el 11%, el nivel más alto desde que el Banco Central publica la serie. La morosidad extrabancaria (billeteras digitales, financieras y tarjetas de supermercados) es aún más elevada y se aproxima al 25%, evidenciando la asfixia financiera de los sectores que ya no acceden al crédito formal.

En conclusión, Zaiat argumenta que el fracaso del experimento liberal-libertario no puede atribuirse a la falta de suerte, sino al dogmatismo ideológico y la instrumentación de una política económica que, como en experiencias pasadas con recetas similares, está condenada a terminar en una crisis económica, social y política.

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