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CRECIMIENTO DESIGUAL: La economía argentina avanza, pero no para todos

CRECIMIENTO DESIGUAL: La economía argentina avanza, pero no para todos
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El reciente conjunto de indicadores económicos publicados por el INDEC revela una imagen compleja de la economía argentina: un crecimiento que, si bien se consolida, no se distribuye de manera uniforme entre los sectores productivos ni entre los diferentes niveles de ingresos de la población. El Producto Interno Bruto (PIB) del cuarto trimestre de 2025 avanzó un 0,6% desestacionalizado, manteniendo el ritmo del trimestre anterior y acumulando un crecimiento anual del 4,4%. Sin embargo, este número aparentemente robusto esconde disparidades significativas en su composición.

Las exportaciones y el consumo privado fueron los principales impulsores del crecimiento, con aumentos trimestrales del 5% y 1,7% respectivamente. En contraste, la inversión experimentó una caída del 2,8% y el consumo público retrocedió un 1%. Dentro de la inversión, se observa una marcada diferencia entre el desplome del 30% en la adquisición de equipos de transporte nacional y el aumento del 13,5% en la importación de los mismos, lo que sugiere una economía que se abre al exterior, pero donde la producción doméstica no logra mantener el ritmo.

A nivel sectorial, la minería y la intermediación financiera lideraron la expansión anual con incrementos del 8% y 24,7% respectivamente. Estos sectores representan los motores de una economía en transición: la minería, orientada a la exportación de commodities, y el sistema financiero, que se profundiza desde una base relativamente pequeña, desempeñando un papel crucial en la absorción de shocks económicos y en la amplificación del impacto de la política monetaria. Por otro lado, la industria manufacturera y la construcción, sectores intensivos en empleo, mostraron resultados modestos o negativos.

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de enero confirmó esta tendencia. La actividad económica creció un 1,9% interanual, impulsada principalmente por la agricultura (25,1%) y la minería (9,6%), que en conjunto contribuyeron con 1,7 puntos porcentuales al crecimiento total. En contraste, el comercio, la industria y la administración pública restaron 0,9 puntos porcentuales, lo que indica que el crecimiento económico se sustenta en un número limitado de sectores, con implicaciones directas en la generación de empleo.

Esta concentración del crecimiento en pocos sectores tiene consecuencias directas sobre los ingresos de la población. El índice de salarios de enero mostró un aumento nominal del 2,5%, inferior a la inflación del 2,9%, lo que resultó en una pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores. Todos los componentes del sector registrado se ubicaron por debajo de la inflación, con la excepción del sector no registrado, que experimentó un aumento del 4,4% mensual y acumula un incremento interanual del 80,6%. Sin embargo, este último dato debe interpretarse con cautela, ya que refleja condiciones del mercado informal de meses anteriores debido al rezago metodológico en su construcción. En la serie acumulada de doce meses, el salario privado registrado perdió un 2,9% en términos reales, mientras que el no registrado ganó un extraordinario 44,9%. Esta divergencia podría ser una consecuencia de la contracción de la industria y el comercio formal, que empuja a los trabajadores hacia la informalidad, donde los salarios muestran una mejor dinámica relativa frente a una base de comparación muy deprimida.

A pesar de estos desafíos, la pobreza en Argentina ha disminuido, alcanzando el 28,2% en el segundo semestre de 2025, en comparación con el 31,6% del semestre anterior y muy por debajo del pico del 52,9% registrado en el primer semestre de 2024. Esta es la tercera reducción consecutiva desde el inicio de la gestión actual, y se explica por el crecimiento del 18,3% en los ingresos familiares durante la segunda mitad del año, mientras que las canastas básicas aumentaron alrededor del 11%. Es notable que, entre el segundo semestre de 2023 y el de 2025, la economía creció un 3% según el EMAE, algo menos del 2% per cápita. Sin embargo, la pobreza disminuyó en 13,5 puntos porcentuales. Esta discrepancia se debe, en parte, a que los precios de las canastas básicas aumentaron menos que la inflación general, y a que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) captura un crecimiento de ingresos de los hogares sensiblemente mayor al que reflejan los registros administrativos. Esta brecha es significativa y requiere un análisis más profundo.

Además, la dinámica monetaria y fiscal juega un papel importante en este escenario. El Tesoro ha estado emitiendo deuda por encima del 100% de los vencimientos en sus licitaciones, absorbiendo pesos de la plaza que el Banco Central inyecta al acumular reservas. Este proceso tiene un efecto contractivo, reduciendo la cantidad de pesos en circulación, lo que contribuye a la desinflación, pero también limita la actividad económica, especialmente en los sectores más dependientes del mercado interno.

En resumen, la economía argentina se encuentra en un proceso de crecimiento a dos velocidades. Por un lado, existe una economía de commodities, impulsada por la minería y el agro, que tracciona las cifras agregadas. Por otro lado, se encuentra la economía del empleo formal, la industria y el comercio, que busca su lugar en el nuevo esquema. La pobreza, aunque en descenso, se enfrenta a la amenaza de la inflación, que podría erosionar los avances logrados si los salarios no consolidan una recuperación real y sostenible. No obstante, los fundamentos de la economía y el crecimiento reciente representan los activos más sólidos con los que cuenta el Gobierno para profundizar el rumbo trazado.

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