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ARGENTINA: EFICIENCIA O SUPERVIVENCIA INDUSTRIAL

ARGENTINA: EFICIENCIA O SUPERVIVENCIA INDUSTRIAL
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Argentina enfrenta un desafío crucial: transformar la austeridad fiscal en crecimiento genuino a través de la eficiencia microeconómica. A pesar de una inflación en convergencia y un riesgo país en descenso, la estabilidad macroeconómica se considera una etapa transitoria, una sala de espera , según el análisis de NODO. La clave para el desarrollo reside en la capacidad de las empresas de aumentar su productividad y competitividad.

El artículo destaca que, a diferencia de experiencias exitosas como Irlanda y Corea del Sur, Argentina históricamente ha protegido a sus industrias sin exigir mejoras en eficiencia. Irlanda, al reducir impuestos y simplificar la inversión extranjera, generó un entorno competitivo que impulsó su PIB per cápita. Corea del Sur, por su parte, estableció plazos y metas de exportación para las industrias protegidas, eliminando el apoyo a aquellas que no lograban competir internacionalmente. En contraste, la protección en Argentina careció de condiciones, resultando en una industria que sobrevivió más por la falta de competencia interna que por su eficiencia.

La apertura comercial actual exige una transformación urgente en la productividad. Mientras que en economías estables como Alemania y Estados Unidos, los márgenes netos industriales se sitúan entre el 5% y el 12%, en Argentina son comunes márgenes brutos que los duplican o triplican. Esta diferencia no se atribuye a la codicia, sino a la necesidad de las empresas de crear un colchón de liquidez para mitigar los riesgos asociados a la inestabilidad cambiaria, la inflación en insumos y la alta presión tributaria.

La carga fiscal en Argentina es particularmente elevada, con impuestos como Ganancias e Ingresos Brutos que gravan la facturación en lugar del valor agregado, acumulándose en cada etapa de la producción. Esta presión fiscal puede superar el 50% de la utilidad bruta antes de las cargas laborales, lo que obliga a las empresas a mantener altos márgenes para simplemente sobrevivir. Esta lógica defensiva, sin embargo, perjudica la competitividad de precios para el consumidor final.

Un indicador clave para evaluar la situación es la Productividad Total de los Factores (PTF), que mide la eficiencia con la que una economía utiliza sus recursos existentes. En Argentina, la PTF se ha estancado durante décadas debido a tres factores principales: el drenaje de talento directivo, la trampa de los incentivos y los cuellos de botella logísticos y operativos.

El drenaje de talento se produce cuando los gerentes dedican más tiempo a navegar por laberintos impositivos que a innovar, lo que representa una pérdida de productividad que no se refleja en los balances. La trampa de los incentivos surge cuando el marco regulatorio premia la cercanía política o protege estructuras obsoletas, desincentivando la mejora continua. Los cuellos de botella logísticos, por su parte, aumentan significativamente los costos de transporte y dificultan la eficiencia operativa.

El costo logístico en Argentina representa entre el 27% y el 30% del valor de los productos, en comparación con el 12% en la OCDE y el 18% en Brasil. Este alto costo se debe a la dependencia del transporte por carretera (más del 90% del flete), la falta de inversión en ferrocarriles de carga, la capacidad limitada de los puertos del interior y las demoras en los pasos fronterizos, que pueden superar las 48 horas en temporada alta.

Un ejemplo concreto es el de una empresa de alimentos del norte argentino que exporta a Brasil, donde el costo del flete terrestre puede representar el 15% del valor FOB del producto. Esta restricción sistémica limita las oportunidades de escala antes de que siquiera existan.

Las empresas que operan en Vaca Muerta, en cambio, se ven obligadas a competir con estándares internacionales debido a la fijación global del precio del petróleo, lo que actúa como un disciplinador competitivo similar al implementado por Irlanda y Corea del Sur.

Para lograr un crecimiento sostenible, se requiere un esfuerzo conjunto del sector privado y el Estado. El sector privado debe abandonar la cultura del margen alto y bajo volumen, invirtiendo en logística, digitalización y estándares que abran mercados externos. El Estado, por su parte, debe desmantelar el Costo Argentino en sus tres dimensiones: tributaria, burocrática y logística, priorizando inversiones en infraestructura ferroviaria, desburocratización de pasos fronterizos y simplificación portuaria en economías regionales.

El indicador que debería guiar la política económica no es el resultado fiscal ni la brecha cambiaria, sino la Productividad Total de los Factores (PTF). Cuando la productividad crece, exportar se vuelve más atractivo y la competitividad global se convierte en una garantía de bienestar interno. La estabilidad macroeconómica es insuficiente sin abordar las causas estructurales de la baja productividad y el alto costo de hacer negocios en Argentina.

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