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ALERTA CARDIOVASCULAR: Jóvenes chilenos en riesgo

ALERTA CARDIOVASCULAR: Jóvenes chilenos en riesgo
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Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en Chile, y una tendencia preocupante emerge: un aumento en la cantidad de personas jóvenes afectadas. Expertos de la salud advierten que la prevención debe comenzar a partir de los 35 años, enfatizando la importancia de controles médicos regulares y modificaciones en el estilo de vida para mitigar los riesgos asociados a estas patologías.

A pesar de la disponibilidad de exámenes preventivos gratuitos y campañas de concientización pública, la población tiende a buscar atención médica tardíamente, minimizando señales de alerta que podrían ser detectadas y tratadas a tiempo. Según datos recientes, aproximadamente un tercio de las defunciones anuales en el país están vinculadas a infartos, accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades del corazón.

Patricia Donoso, directora de la carrera de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, señala que hoy vemos que el infarto dejó de ser un problema exclusivo de adultos mayores. Cada vez atendemos a personas más jóvenes, incluso desde los 35 años, que llegan con factores de riesgo acumulados durante años . Esta observación subraya la necesidad de un cambio en la percepción pública sobre la vulnerabilidad a las enfermedades cardiovasculares.

Los especialistas recomiendan iniciar un monitoreo sistemático del riesgo cardiovascular a partir de los 35 años, utilizando herramientas como el Examen de Medicina Preventiva del Adulto (EMP), que se encuentra disponible dentro del sistema de salud. Donoso explica que el EMP es una herramienta poderosa porque permite identificar hipertensión, glicemias alteradas o dislipidemias antes de que generen daño real . La enfermera enfatiza que un control preventivo no debe considerarse una opción, sino una parte integral del autocuidado responsable.

El EMP incluye mediciones esenciales como la presión arterial, el perfil lipídico, la glicemia y el índice de masa corporal, proporcionando datos cruciales para anticipar posibles complicaciones. Sin embargo, la efectividad de estas herramientas preventivas se ve obstaculizada por la persistencia de conductas perjudiciales y una baja percepción del riesgo.

Mucha gente normaliza sentirse cansada, con dolor de cabeza frecuente o con la presión ligeramente elevada. No reconocen que esos pequeños signos pueden anticipar algo mayor , advierte Donoso. Esta falta de reconocimiento de los síntomas iniciales puede retrasar el diagnóstico y el tratamiento oportuno, aumentando el riesgo de eventos cardiovasculares graves.

Además, la tendencia a abordar factores de riesgo de forma aislada, sin considerar su naturaleza acumulativa, agrava la situación. El sobrepeso, el tabaquismo, el sedentarismo y el colesterol alto a menudo coexisten, multiplicando la probabilidad de un evento cardiovascular adverso. La salud cardiovascular no se aborda por partes. Si una persona fuma, es sedentaria y tiene sobrepeso, el riesgo no se suma: se multiplica. Esa comprensión aún falta en la población , agrega la académica de la UNAB.

Afortunadamente, la evidencia científica demuestra que intervenciones intensivas y sostenidas pueden mejorar significativamente los marcadores de riesgo en un corto período de tiempo. Donoso enfatiza que cuando una persona reduce el consumo de sal, aumenta la actividad física y mejora su alimentación, los resultados se ven rápido. No estamos hablando de un proceso de años, sino de semanas .

Entre las acciones más efectivas para mejorar la salud cardiovascular, se destacan:

Reducir el consumo de sal y aumentar la actividad física para disminuir la presión arterial.

Aumentar el consumo de frutas, verduras y grasas saludables para mejorar el perfil lipídico.

Realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal para mejorar la resistencia a la insulina.

Suspender el consumo de tabaco, cuyos beneficios vasculares son casi inmediatos.

Perder entre un 5% y un 10% del peso corporal para mejorar significativamente la salud metabólica.

La prevención efectiva no depende únicamente de la voluntad individual, sino también del acompañamiento profesional. El profesional de Enfermería es un pilar en la pesquisa precoz, en la educación y en el seguimiento de pacientes con riesgo cardiovascular. Somos quienes estamos más cerca de las familias y las comunidades , destaca Donoso.

Desde la realización de controles periódicos hasta la provisión de consejerías personalizadas, el equipo de Enfermería desempeña un papel fundamental en la reducción de la morbimortalidad cardiovascular en el país.

En conclusión, las enfermedades cardiovasculares son, en su mayoría, prevenibles. Sin embargo, requieren decisiones informadas y un compromiso constante con un estilo de vida saludable. Si Chile quiere disminuir las muertes cardiovasculares, debemos trabajar desde la infancia y juventud. La prevención no empieza a los 50: empieza en casa y en la escuela , concluye la directora de Enfermería de la UNAB, resaltando la importancia de un enfoque integral y a largo plazo para abordar este desafío de salud pública.

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