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El ajo y la salud hepática: beneficios reales frente a los mitos de la desintoxicación

Diversos especialistas e investigaciones sugieren cambios en marcadores de inflamación y estrés oxidativo. Qué tener en cuenta y claves para incorporarlo a la dieta sin riesgos

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El ajo y la salud hepática: beneficios reales frente a los mitos de la desintoxicación
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El consumo de ajo puede mejorar la salud hepática gracias a sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, siendo especialmente beneficioso para personas con hígado graso. No obstante, los expertos aclaran que no es un remedio milagroso ni sustituye a un tratamiento médico, sino que debe formar parte de una dieta equilibrada para ser efectivo. Para aprovechar al máximo sus compuestos activos como la alicina, se recomienda consumirlo crudo. A pesar de sus ventajas, es fundamental consultar a un profesional antes de tomar suplementos concentrados o si se utilizan anticoagulantes, ya que podrían generar interacciones peligrosas o malestar gastrointestinal. Finalmente, los especialistas desmienten la necesidad de dietas detox comerciales, advirtiendo que un hígado sano ya filtra toxinas eficientemente y que algunos de estos productos podrían incluso causar daños al órgano por el exceso de sustancias concentradas.

El consumo regular de ajo ha sido objeto de diversos análisis sobre su impacto en el organismo, destacando especialmente su relación con la salud del hígado. Según información difundida por la revista Parade, basada en entrevistas con dietistas registrados y diversos estudios científicos, el ajo puede aportar beneficios hepáticos, principalmente debido a su potencial efecto antiinflamatorio. Sin embargo, los especialistas son enfáticos al señalar que este alimento no posee la capacidad de curar por sí solo ni de proteger el órgano de manera aislada frente a una enfermedad hepática.

La clave del beneficio reside en la integración. De acuerdo con los expertos consultados, el ajo muestra resultados positivos cuando forma parte de una alimentación saludable y equilibrada, y no cuando se utiliza como un tratamiento único o aislado. Esta precisión resulta fundamental en la actualidad, donde han proliferado las llamadas dietas de “desintoxicación”. Estos regímenes prometen limpiar el organismo, omitiendo el hecho de que, en personas sanas, el hígado ya desempeña la función de filtrado y limpieza de manera totalmente eficaz.

Sobre este punto, Katherine M. Patton, dietista registrada de la Cleveland Clinic, explicó que un hígado sano es 100% eficiente para filtrar toxinas, fármacos y bacterias, las cuales son eliminadas posteriormente a través de las heces o la orina. Patton advirtió, además, sobre los riesgos de algunas limpiezas hepáticas comerciales que incluyen dosis elevadas de minerales, vitaminas o hierbas. Lejos de ayudar, estos productos se han asociado con daños hepáticos, ya que imponen una carga excesiva al órgano al obligarlo a procesar concentraciones inusuales de estas sustancias.

En cuanto a la evidencia científica más sólida, Chris Mohr, asesor de nutrición y actividad física de Garage Gym Reviews, señaló que los beneficios del ajo son más evidentes en personas que padecen la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), condición que anteriormente era conocida como enfermedad por hígado graso no alcohólico.

Mohr hizo referencia a investigaciones, como una publicada en el año 2022 en el Journal of Functional Foods, que sugieren la existencia de una relación entre el uso de suplementos de ajo en polvo y cambios positivos en ciertos marcadores metabólicos y en las enzimas hepáticas. No obstante, el especialista aclaró que no se trata de un remedio instantáneo, ya que el consumo de ajo no generará una mejoría hepática de un día para otro.

Por su parte, Patton añadió que existen investigaciones que indican que el consumo constante de ajo puede reducir el estrés oxidativo y la inflamación en un periodo de aproximadamente 12 semanas. Este efecto se atribuye a la presencia de compuestos bioactivos, específicamente el disulfuro de dialilo y la alicina. Estos componentes podrían ayudar a suprimir las citocinas proinflamatorias, mejorar la actividad antioxidante y evitar que se acumule grasa en el hígado. Asimismo, la dietista subrayó que la suplementación diaria con ajo puede ayudar a reducir la grasa hepática, aunque reiteró que esta evidencia es específica para personas que ya presentan hígado graso.

Respecto a la forma de consumo, Patton explicó que para aprovechar mejor la alicina, es preferible consumir el ajo crudo, ya sea masticándolo, triturándolo o cortándolo, puesto que el proceso de cocción reduce la liberación de este compuesto. A pesar de ello, todavía no se ha determinado con exactitud la cantidad necesaria de consumo para disminuir la probabilidad de que una enfermedad hepática progrese.

Desde la perspectiva de la seguridad, Sharniquia White, fundadora de YouNiqly Nourishing LLC y dietista culinaria, afirmó que, aunque el ajo es generalmente seguro, es imperativo que quienes tomen medicamentos consulten a su médico. White advirtió sobre posibles interacciones con fármacos anticoagulantes, como la aspirina y la warfarina. Además, recordó que el ajo, al formar parte del sistema digestivo, no siempre es bien tolerado; el consumo de ajo crudo, en particular, puede provocar malestar gastrointestinal o incrementar la acidez.

Finalmente, Mohr coincidió en que las personas sanas no suelen presentar problemas hepáticos por el consumo de ajo. Sin embargo, insistió en la importancia de hablar con un dietista registrado o un médico antes de realizar cambios drásticos en la dieta o iniciar la toma de suplementos. El especialista advirtió que los suplementos de ajo están mucho más concentrados que el alimento natural, lo que puede resultar perjudicial para quienes ya padecen una enfermedad hepática o toman medicación para otras condiciones. Para la población sana, el ajo en cantidades normales no representa un riesgo a largo plazo, concluyendo que el problema reside en el exceso y no en el alimento en sí.

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