En Chile, la salud cerebral se ha convertido en un punto crítico de atención para el sistema sanitario y la población general. Las estadísticas actuales revelan una realidad preocupante: cada 15 minutos ocurre un accidente cerebrovascular (ACV) en el país. A esto se suma que el párkinson afecta a cerca de 40 mil personas y más de 200 mil ciudadanos viven con demencia, una cifra que continúa en ascenso a medida que la población chilena atraviesa un proceso de envejecimiento.
A pesar de estas cifras, la comunidad médica ofrece un mensaje de esperanza basado en la evidencia. Se ha demostrado que una parte significativa de estas patologías no es inevitable. Específicamente, hasta el 45% de los casos de demencia y el 90% de algunos tipos de ACV podrían evitarse si se controlan adecuadamente los factores de riesgo y se adoptan estilos de vida saludables.
El Dr. Rodrigo Guerrero, neurólogo de Clínica Santa María, enfatiza que el riesgo de desarrollar demencia y accidentes cerebrovasculares está estrechamente ligado a factores modificables. Entre los elementos que pueden influir negativamente se encuentran la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, la inactividad física y el aislamiento social. Un factor que suele pasar desapercibido pero que es relevante es la pérdida auditiva no tratada. El especialista aclara que, aunque no todos los casos son evitables, una proporción considerable puede prevenirse, retrasarse o reducirse mediante un diagnóstico precoz y el acceso oportuno a una atención de calidad.
La capacidad de reconocer las señales de alerta es fundamental para cambiar el pronóstico de un paciente. Al respecto, el Dr. Andrés de la Cerda, jefe de Neurología de Clínica Dávila, advierte sobre la importancia de actuar con rapidez ante síntomas críticos. Si una persona presenta una cara torcida, adormecimiento de un brazo o dificultad repentina para articular palabras, se debe tratar como una emergencia médica y llamar a una ambulancia de inmediato. El doctor es enfático en que esperar a que los síntomas pasen puede costar vidas.
Asimismo, el Dr. de la Cerda hace un llamado a romper con el mito de que el deterioro cognitivo es una consecuencia natural del envejecimiento. Situaciones como fallas en la memoria, una lentitud inusual en personas mayores o el temblor de una mano en reposo no deben justificarse bajo la premisa de que "son los años". Según el neurólogo, la edad no explica la enfermedad, sino que a menudo la esconde. Consultar a un especialista a tiempo no es una exageración, sino un acto de autocuidado.
Desde la perspectiva cardiovascular, existe una relación directa entre la salud del corazón y la del cerebro. El Dr. Alberto Barría, jefe de Cardiología de Clínica Dávila Vespucio, explica que ambas áreas comparten factores de riesgo, particularmente la ateromatosis, que es el endurecimiento de las arterias. Este proceso puede derivar en enfermedades cerebrovasculares, como el accidente vascular isquémico o trombosis cerebral. En ambos escenarios, el mecanismo es similar: una arteria se obstruye, ya sea en el corazón o en el cerebro, impidiendo que la sangre llegue al tejido necesario para realizar las actividades cotidianas.
Para combatir estos riesgos, la nutrición juega un papel protector fundamental. Lilian Contreras, nutricionista de Clínica Ciudad del Mar, recomienda adoptar un patrón de alimentación mediterránea. Esto implica aumentar el consumo de frutas, verduras y cereales integrales, mientras se reducen los alimentos procesados. La especialista destaca la incorporación de grasas saludables, como los frutos secos y el aceite de oliva, además de asegurar un aporte adecuado de omega 3, proveniente del pescado azul, debido a sus propiedades neuroprotectoras y antiinflamatorias.
Finalmente, la actividad física se posiciona como un aliado estratégico para la función cerebral. El Dr. Carlos Clares, coordinador de kinesiología y medicina del deporte de Clínica Biobío, señala que el ejercicio produce un aumento del flujo sanguíneo y estimula la liberación de factores que favorecen el desarrollo cerebral. Este proceso activa las neuronas y sus conexiones, lo que se traduce en mejoras en el estado de ánimo, la memoria y el aprendizaje. A largo plazo, el deporte fomenta la reserva cerebral, protegiendo al organismo contra el deterioro cognitivo y las enfermedades degenerativas.

