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El calor extremo eleva el riesgo de mortalidad por EPOC y urgencias por asma, advierte la SEPAR

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha advertido de que las altas temperaturas pueden favorecer la aparición de síntomas y exacerbaciones del asma, aumentar las hospitalizaciones e incluso las muertes por EPOC, además de influir negativamente en la evolución de las bronquiectasias, aunque la evidencia científica sobre esta última enfermedad sigue siendo más limitada.

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El calor extremo eleva el riesgo de mortalidad por EPOC y urgencias por asma, advierte la SEPAR
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La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica advierte que las olas de calor representan un riesgo crítico para pacientes con enfermedades respiratorias crónicas. El impacto es especialmente severo en quienes padecen EPOC, donde el riesgo de hospitalización aumenta un 26 por ciento y la mortalidad se dispara hasta un 63 por ciento, mientras que los pacientes asmáticos enfrentan un mayor riesgo de crisis y urgencias debido al estrés térmico y la contaminación. Para mitigar estos peligros, los expertos instan a evitar la exposición al sol en horas pico, mantener una hidratación constante y, sobre todo, no abandonar el tratamiento médico durante el verano. La adherencia a la medicación inhalada y el cese del tabaquismo se consolidan como las medidas más eficaces para prevenir complicaciones graves ante el aumento de las temperaturas extremas.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha emitido una advertencia sanitaria sobre el impacto negativo que las altas temperaturas ejercen sobre los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas. Según la organización, el calor intenso puede favorecer la aparición de síntomas, provocar exacerbaciones del asma, incrementar significativamente las hospitalizaciones y elevar la tasa de mortalidad en personas que padecen la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Asimismo, se ha señalado que las temperaturas elevadas influyen negativamente en la evolución de las bronquiectasias, aunque los expertos aclaran que la evidencia científica en este caso es todavía más limitada.

Este aviso se produce en el marco del "Año SEPAR 2026-2027 de la Vía Aérea", una iniciativa centrada específicamente en el estudio y seguimiento del asma, la EPOC y las bronquiectasias. Los neumólogos subrayan que los pacientes con estas patologías presentan una vulnerabilidad mayor ante las olas de calor, las cuales se asocian directamente con un aumento de la morbimortalidad respiratoria. Si bien existen mecanismos comunes que explican esta sensibilidad, los especialistas recalcan que el impacto varía dependiendo de la enfermedad específica.

Juan Marco Figueira, neumólogo y miembro del Comité del Año SEPAR de la Vía Aérea, ha destacado la importancia de las investigaciones recientes para comprender este fenómeno. Figueira hizo referencia a los trabajos de Zhu y colaboradores, que ofrecen una visión global de la evidencia disponible y confirman que las temperaturas extremas tienen un impacto relevante en la salud respiratoria, especialmente en quienes ya padecen una patología crónica.

En relación con la EPOC, las publicaciones científicas más actuales muestran de manera consistente que las olas de calor provocan una mayor frecuencia de exacerbaciones, un aumento de los ingresos hospitalarios y un incremento de la mortalidad. Un estudio publicado en el 'European Journal of Preventive Cardiology', que analizó datos de 48 provincias españolas, reveló cifras alarmantes: las altas temperaturas incrementan en un 26 por ciento el riesgo de hospitalización por EPOC y elevan hasta en un 63 por ciento el riesgo de mortalidad por esta enfermedad. Este efecto es particularmente severo en las personas de mayor edad, quienes muestran una fragilidad superior ante el estrés térmico.

Por otro de lado, el asma también se ve gravemente afectada. Las elevadas temperaturas pueden desencadenar síntomas y aumentar el riesgo de crisis, sobre todo cuando el calor coincide con otros factores ambientales adversos, como la contaminación atmosférica. Según un metaanálisis internacional publicado en 'European Respiratory Review', las olas de calor aumentan en un 18 por ciento el riesgo de visitas a los servicios de urgencias por exacerbaciones asmáticas. Complementariamente, un estudio en la revista 'Thorax' indica que por cada grado centígrado que aumente la temperatura media durante el verano, el riesgo de hospitalización por asma sube aproximadamente un 1,1 por ciento.

Respecto a las bronquiectasias, aunque la información es menos abundante, los estudios emergentes sugieren que el cambio climático y las temperaturas extremas también afectan la evolución de la enfermedad. En este sentido, se ha identificado que el calor favorece la formación de ozono troposférico, un contaminante secundario del aire. Un estudio difundido en 'eBioMedicine' asoció un incremento de los niveles de ozono (equivalente al rango intercuartílico de 56,1 g/m) con un aumento del 4,36 por ciento en la mortalidad de pacientes con bronquiectasias.

Ante este escenario, Juan Marco Figueira sostiene que el gran reto actual es la adaptación clínica. Dado que las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales, los médicos deberán integrar este factor en su práctica habitual, reforzando la prevención y brindando recomendaciones específicas para proteger a los pacientes durante los picos de calor extremo.

Para mitigar estos riesgos, la SEPAR recomienda evitar la exposición al calor intenso, especialmente durante las horas centrales del día, y permanecer en ambientes frescos. Asimismo, instan a mantener una hidratación adecuada y reducir la actividad física al aire libre. En situaciones de mala calidad del aire o humo por incendios forestales, es fundamental limitar la salida al exterior y seguir las alertas oficiales.

Un punto crítico subrayado por los expertos es la adherencia al tratamiento. La SEPAR advierte que es frecuente que los pacientes relajen el uso de sus medicamentos durante el verano o las vacaciones cuando se sienten bien; sin embargo, mantener el tratamiento inhalado es la mejor medida para prevenir exacerbaciones. Para los pacientes con bronquiectasias, se recomienda continuar con la higiene bronquial y consultar al médico ante cambios en la expectoración o empeoramiento de la disnea.

Finalmente, los pacientes que utilizan oxigenoterapia domiciliaria deben extremar precauciones, asegurando que el concentrador de oxígeno se encuentre en un lugar bien ventilado. Como medida transversal y fundamental, la sociedad recuerda que abandonar el consumo de tabaco sigue siendo la intervención con mayor impacto positivo en la evolución de cualquier enfermedad respiratoria.

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