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El pie diabético se erige como una de las complicaciones más graves y costosas de la diabetes en Chile, amenazando la calidad de vida de miles de pacientes y representando una carga significativa para el sistema de salud. Según datos recientes, hasta el 15% de las personas diagnosticadas con diabetes desarrollará esta complicación a lo largo de su vida, y un alarmante 68% de las amputaciones de extremidades inferiores en el país se realizan en pacientes diabéticos. La buena noticia, y el foco de la creciente preocupación de los especialistas, es que la gran mayoría de estos desenlaces trágicos son prevenibles.
Los estudios clínicos publicados en 2024, con análisis de egresos hospitalarios que se remontan hasta 2020, revelan una tendencia preocupante: alrededor del 80% de las amputaciones están precedidas por úlceras en el pie diabético. Esto significa que una lesión aparentemente menor, si no se detecta y trata a tiempo, puede escalar rápidamente a una infección grave que ponga en riesgo la extremidad. De hecho, más de la mitad de los pacientes hospitalizados por pie diabético terminan requiriendo una amputación menor, y el promedio de hemoglobina glicosilada (HbA1c) en estos casos es de 9,3%, un claro indicador de un control metabólico deficiente.
Carolina Saravia, enfermera jefe de Clínica Cath y reconocida experta en el tratamiento de heridas, enfatiza la importancia de la detección precoz y el manejo oportuno. “El pie diabético no aparece de la noche a la mañana. En la mayoría de los casos, existe una neuropatía previa, una disminución de la sensibilidad en los pies, y pequeñas lesiones que pasan desapercibidas para el paciente. Cuando finalmente consultan, a menudo nos encontramos frente a una infección avanzada, mucho más difícil de tratar”, explica Saravia.
La enfermera Saravia subraya que la prevención es la clave para evitar las amputaciones. “Sabemos que cerca del 80% de las amputaciones están precedidas por una úlcera. Eso significa que, con una pesquisa precoz, un control glicémico adecuado y un tratamiento oportuno de las heridas, gran parte de estos casos podría evitarse”, afirma con contundencia.
El manejo correcto del pie diabético implica una serie de medidas fundamentales. En primer lugar, es crucial la descarga de presión sobre la zona afectada. “Una pequeña herida puede transformarse rápidamente en una infección profunda si el paciente no siente dolor y sigue apoyando el pie. La descarga de presión, ya sea mediante el uso de calzado adecuado, plantillas personalizadas o dispositivos ortopédicos, es determinante para permitir que la herida cicatrice”, explica Saravia.
En segundo lugar, el tratamiento especializado temprano es esencial. Esto puede incluir la limpieza y desbridamiento de la herida, la aplicación de apósitos especiales que favorezcan la cicatrización, y en algunos casos, la administración de antibióticos para combatir la infección. La enfermera Saravia destaca la importancia de contar con equipos multidisciplinarios especializados en el manejo del pie diabético, que incluyan médicos, enfermeras, podólogos y kinesiólogos.
En un país donde la prevalencia de diabetes en adultos bordea el 12%, el impacto sanitario del pie diabético es considerable. Las cifras de amputaciones no solo representan un sufrimiento físico y emocional para los pacientes, sino que también generan costos económicos significativos para el sistema de salud. Además, las personas que han sufrido una amputación tienen un mayor riesgo de desarrollar otras complicaciones de salud, como enfermedades cardiovasculares y depresión.
Ante este panorama, los especialistas coinciden en que es fundamental reforzar la educación en atención primaria, promover controles periódicos y fortalecer las unidades de manejo avanzado de heridas. La educación de los pacientes y sus familias es crucial para que puedan identificar los factores de riesgo, reconocer los signos de alerta y adoptar medidas preventivas.
“Revisarse los pies todos los días debe ser tan habitual como tomarse la glicemia. La prevención es la herramienta más poderosa que tenemos para evitar una amputación”, concluye Saravia. La revisión diaria debe incluir la inspección visual en busca de cortes, ampollas, enrojecimiento, hinchazón o cualquier otra anomalía. También es importante verificar la temperatura de los pies y la sensibilidad al tacto.
Las autoridades sanitarias están trabajando en la implementación de programas de detección precoz y manejo integral del pie diabético en todo el país. Estos programas incluyen la capacitación de profesionales de la salud, la adquisición de equipos y materiales necesarios, y la difusión de información a la población.
Sin embargo, los especialistas advierten que estos esfuerzos deben ser complementados con una mayor conciencia pública sobre la importancia de la prevención y el control de la diabetes. La adopción de hábitos de vida saludables, como una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico, es fundamental para prevenir la diabetes y sus complicaciones.
En definitiva, el pie diabético es un problema de salud pública que requiere una respuesta integral y coordinada. La detección precoz, el control glicémico adecuado, el manejo oportuno de las heridas y la educación de los pacientes son las claves para reducir las amputaciones y mejorar la calidad de vida de las personas con diabetes en Chile. La prevención, como enfatiza la enfermera Saravia, es la herramienta más poderosa que tenemos para evitar una epidemia silenciosa que está dejando sin pies a miles de chilenos.


