Buenos Aires — El riesgo país argentino se mantiene en niveles preocupantes, oscilando en torno a los 550 puntos, y se erige como un factor clave que podría presionar al alza tanto el tipo de cambio como la inflación, amenazando con complicar los esfuerzos del gobierno de Javier Milei por estabilizar la economía. A pesar de las medidas implementadas y las expectativas iniciales de una rápida disminución, el índice que mide JPMorgan muestra una resistencia a caer por debajo de los 500 puntos, generando inquietud en el sector privado y análisis cautelosos por parte de los expertos.
El ministro de Economía, Luis Caputo, ha vinculado directamente la persistencia de un riesgo país elevado con la percepción del mercado sobre un posible retorno de la oposición política, a la que denomina “riesgo kuka”. Caputo sostiene que el mercado está “priceando” un sobrecosto de casi 300 puntos debido a esta percepción, y ha expresado su confianza en que el kirchnerismo se convertirá en una fuerza política irrelevante, lo que, según su visión, eliminaría este factor de incertidumbre.
Sin embargo, la realidad de los números contradice, en parte, el optimismo del ministro. Mientras que en febrero la mayoría de los países de Latinoamérica experimentaron un aumento en su Indicador de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI), Argentina se destacó por un incremento aún mayor, pasando de 492 a 576 unidades. Esto la posicionó como el segundo país con mayores rendimientos de la región, superado únicamente por Venezuela, que cerró febrero con un EMBI de 8.116 puntos, aunque con una mejora respecto al mes anterior.
El riesgo país argentino ha tenido una trayectoria fluctuante en los últimos años. Durante el gobierno de Alberto Fernández (2019-2023), el indicador llegó a superar los 4.000 puntos básicos, reflejando la profunda crisis económica y la desconfianza de los inversores. Javier Milei asumió la presidencia con un riesgo país de 1.940 puntos básicos, lo que indicaba una mejora inicial, pero desde entonces, la reducción ha sido limitada y el indicador se ha estancado en niveles elevados.
La Fundación Mediterránea, en un reciente informe, advierte que una baja sostenida del riesgo país es crucial para atraer capitales genuinos que puedan financiar el déficit de cuenta corriente sin necesidad de recurrir a devaluaciones del tipo de cambio. El informe destaca la dificultad de armonizar los objetivos del “trilema” – acumular reservas, bajar la inflación y recuperar la actividad económica – como el principal desafío del programa económico de Milei.
Asimismo, la Fundación subraya la necesidad de acelerar el proceso de reconversión productiva para aumentar la productividad en diversos sectores y regiones, lo que se considera un insumo fundamental para el crecimiento económico sostenible. En caso de que el riesgo país no disminuya y la confianza de los inversores se erosione, el informe prevé que el tipo de cambio se convertirá en la principal variable de ajuste, lo que podría desencadenar nuevas rondas inflacionarias y afectar negativamente el consumo.
La cuenta corriente del balance de pagos, según el análisis, es un reflejo de los desequilibrios internos entre el ahorro y la inversión. Cuando la entrada de capitales no es suficiente para financiar estos desequilibrios, se recurre a ajustes de política o a la intervención del mercado.
La situación actual plantea un dilema para el gobierno de Milei. Por un lado, la necesidad de mantener un gasto público estable en términos del PIB y de implementar políticas de austeridad para controlar la inflación. Por otro lado, la urgencia de atraer inversiones y de generar crecimiento económico para mejorar las condiciones de vida de la población.
La persistencia de un riesgo país elevado complica la tarea del gobierno, ya que encarece el acceso al financiamiento externo y desalienta la inversión extranjera. Esto, a su vez, limita la capacidad del país para financiar su déficit de cuenta corriente y para impulsar el crecimiento económico.
Analistas coinciden en que la clave para reducir el riesgo país reside en la implementación de políticas económicas consistentes y creíbles, que generen confianza en los inversores y demuestren el compromiso del gobierno con la estabilidad macroeconómica. Esto incluye, entre otras medidas, la reducción del déficit fiscal, la reforma del sistema tributario, la promoción de la inversión privada y la mejora del clima de negocios.
Sin embargo, la situación política interna y la incertidumbre sobre el futuro del programa económico de Milei dificultan la tarea del gobierno. La oposición política, aunque debilitada, sigue siendo un factor de riesgo, y la posibilidad de que se produzcan cambios en las políticas económicas o en el rumbo del gobierno genera desconfianza en los inversores.
En definitiva, el riesgo país argentino se presenta como un desafío crucial para el gobierno de Milei. La capacidad del gobierno para reducir este indicador y para generar confianza en los inversores será determinante para el éxito de su programa económico y para la recuperación de la economía argentina. La demora en la baja del riesgo país podría tener consecuencias negativas sobre el tipo de cambio, la inflación y el crecimiento económico, complicando aún más la situación económica del país.


