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Irán Cierra el Grifo: ¿Caos Económico Global a la Vista?

Los analistas alertan de consecuencias sobre la economía global si el conflicto no se sustancia por la vía rápida

Irán Cierra el Grifo: ¿Caos Económico Global a la Vista?

La escalada de tensiones en Oriente Medio ha alcanzado un punto crítico con el anuncio de la Guardia Revolucionaria iraní de atacar cualquier embarcación que intente transitar por el Estrecho de Ormuz, una ruta vital para el suministro energético mundial. Esta amenaza, concretada mucho antes de lo esperado, ha puesto en alerta a los mercados internacionales ante la posibilidad real de un cierre de la única vía de salida para el 20% del petróleo y el gas natural licuado (GNL) que se consume a nivel global.

Si bien la acumulación de reservas estratégicas y la percepción inicial de un conflicto de corta duración han moderado la primera reacción del mercado, con subidas contenidas en los precios del petróleo y el gas y una ligera corrección en las bolsas, la situación es de máxima incertidumbre. Gestoras de activos como Santa Lucía apuntan a un escenario central de “shock de volatilidad”, que ya se está manifestando, pero advierten que la clave residirá en la duración del conflicto y en la posible disrupción sostenida de los flujos energéticos.

Los análisis de centros de estudios estratégicos, institutos de investigación y bancos de inversión coinciden en que el riesgo más inmediato reside en el cierre del Estrecho de Ormuz. Desde el aviso iraní, solo pequeños petroleros han logrado atravesar el canal de 33 kilómetros de ancho, y lo han hecho de noche y con sus sistemas de seguimiento desactivados. Este tráfico es insignificante comparado con los 20 millones de barriles de petróleo que normalmente circulan a diario por esta ruta, cuyo flujo ya se había reducido un 70% antes de la amenaza.

Los países asiáticos, especialmente India, China, Japón y Corea del Sur, son los que se verán más afectados por el cierre del Estrecho de Ormuz. India importa alrededor del 85% del petróleo que consume, y más de la mitad de ese crudo transita por esta vía. China, el mayor importador de petróleo iraní, obtiene aproximadamente el 40% de sus importaciones a través del estrecho. Japón depende en un 90% del petróleo importado, y el 75% de ese suministro llega a través de Ormuz. Corea del Sur, con un 70% de su petróleo proveniente de esta ruta, también se enfrenta a un impacto significativo.

Aunque el impacto directo en Europa sería menor, debido a su menor dependencia del petróleo y el gas de la región, la escasez generalizada podría generar un aumento de precios a nivel internacional, afectando a la economía europea.

La agencia S&P califica el escenario de un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz como “improbable”, pero ha elevado la gravedad de la situación de “grave” a “severa”. Un cierre prolongado podría desencadenar una serie de efectos en cadena, comenzando por el estrangulamiento de las cadenas de suministro, seguido de un aumento sustancial de los precios energéticos, distorsiones en los flujos de capital, un impacto negativo en el turismo y, finalmente, un encarecimiento de los costes de financiación de la economía, obligando a la Reserva Federal y al Banco Central Europeo a intervenir para contener la inflación.

Un informe del banco ING advierte que un cierre prolongado de Ormuz “provocaría una ola de inflación a nivel mundial”. Los mercados, por el momento, no están descontando este escenario, y prevén incrementos moderados en los precios del petróleo y el gas natural, de cinco y veinte euros respectivamente, en comparación con las previsiones anteriores al conflicto. Sin embargo, el servicio de estudios de Caixabank advierte que un periodo prolongado de precios energéticos elevados podría tener efectos más profundos en la inflación y el crecimiento económico, con un posible repunte transitorio de la inflación y un impacto de hasta dos décimas en el crecimiento.

Hasta el momento, el repunte de los precios del petróleo y el gas no ha alcanzado los niveles observados tras la invasión rusa de Ucrania. No obstante, la situación es volátil y la incertidumbre es alta.

José Parejo, consultor de riesgo estratégico, subraya que “Ormuz es la variable decisiva”. Si el tránsito se normaliza en cuestión de semanas, el shock se absorberá. Sin embargo, si la situación persiste durante meses, la capacidad ociosa y las reservas estratégicas podrían no ser suficientes para evitar una crisis económica global.

Enguerrand Artaz, estratega de mercados de La Fiancière de l'Échiquier, señala que “cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será el impacto sobre el tráfico de petróleo, en particular en el Estrecho de Ormuz, incluso en ausencia de un bloqueo físico de las rutas marítimas”. El aumento del coste del riesgo ha llevado a algunas aseguradoras a cancelar pólizas para los tránsitos por el estrecho, lo que podría impedir que los buques utilicen esta ruta, provocando una fuerte subida del precio del petróleo.

En cuanto a la capacidad de Irán para sostener una escalada prolongada, Jack Janasiewicz, gestor de carteras en Natixis, señala que “Irán cuenta con muy poco apoyo externo” y que su estado de agotamiento limita su capacidad para llevar a cabo una represalia masiva y prolongada. Por ello, el analista se muestra esperanzador y espera que las hostilidades se resuelvan en las próximas semanas, aunque advierte que la volatilidad persistirá.

La situación actual exige una vigilancia constante y una evaluación continua de los riesgos. La estabilidad económica global depende en gran medida de la resolución pacífica del conflicto y de la normalización del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz. El mundo observa con preocupación, consciente de que cada minuto que pasa aumenta la factura potencial de esta crisis.

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