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La nueva élite tecnológica de China: fortunas globales que prefieren el anonimato

Hace más de veinte años, un ingeniero chino que trabajaba en Silicon Valley con poco más que el diseño de un chip. Escribió una frase en un correo que...

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La nueva élite tecnológica de China: fortunas globales que prefieren el anonimato
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China ha dado paso a una nueva generación de milmillonarios que han desplazado el acero y el sector inmobiliario por la vanguardia tecnológica. Figuras como Zhu Yiming y Liang Wenfeng lideran una revolución basada en semiconductores e inteligencia artificial, superando en capitalización a gigantes occidentales y rompiendo con la cultura laboral extenuante para atraer al mejor talento. A diferencia de sus predecesores, estos emprendedores nacen con una visión global, exportando desde juguetes coleccionables hasta marcas de consumo a mercados internacionales. Sin embargo, este éxito financiero convive con un riesgo político constante. Bajo la mirada vigilante de Pekín, la nueva élite opta por la discreción absoluta, prefiriendo que sus productos conquisten el mundo mientras ellos permanecen en las sombras.

Hace más de dos décadas, un ingeniero chino que trabajaba en el corazón de Silicon Valley envió un correo electrónico con una predicción que, en aquel momento, fue interpretada como un delirio: el negocio mundial de la memoria terminaría, tarde o temprano, en manos de empresas chinas. A pesar de que casi nadie prestó atención a sus palabras, el tiempo le dio la razón. Aquel ingeniero es Zhu Yiming, quien hoy se ha consolidado como uno de los mayores millonarios tecnológicos de China, con una fortuna estimada por Forbes en 15.500 millones de dólares.

Zhu Yiming es el fundador de CXMT (ChangXin Memory Technologies), la empresa líder en la fabricación de chips de memoria DRAM en China. El debut de la compañía en la bolsa de Shanghái fue tan contundente que sorprendió al mercado asiático, registrando una subida de sus acciones del 500% en el primer día y superando en capitalización a Intel. El compromiso personal de Zhu con su proyecto quedó evidenciado en 2018, cuando prometió no cobrar su salario hasta que la empresa empezara a generar beneficios, promesa que cumplió estrictamente.

El caso de Zhu no es un hecho aislado, sino el reflejo de una nueva generación de empresarios chinos. De acuerdo con el informe de Hurun de 2026, China ya cuenta con 29 milmillonarios hechos a sí mismos que tienen 40 años o menos. Esta nueva hornada de fortunas marca un cambio drástico en la estructura económica del país: mientras que los millonarios de los años noventa basaron su riqueza en sectores como el acero, la construcción o la especulación inmobiliaria, los nuevos protagonistas se centran en la vanguardia tecnológica, específicamente en el desarrollo de semiconductores y la inteligencia artificial.

Dentro de este nuevo ecosistema destaca Liang Wenfeng, el fundador de DeepSeek. Su modelo de inteligencia artificial causó un gran impacto en Silicon Valley, aunque Wenfeng ha mantenido un perfil extremadamente bajo, evitando casi siempre las entrevistas. Tras cerrar una nueva ronda de financiación, su fortuna ascendió a los 36.000 millones de dólares, una cifra que lo sitúa por encima de figuras prominentes como Sam Altman o Dario Amodei.

A diferencia de la generación anterior, cuyos objetivos de crecimiento se limitaban a las fronteras chinas y se basaban en servir como fábricas para Occidente, los nuevos millonarios poseen una visión global desde el inicio. Un ejemplo claro es Wang Ning, creador de los muñecos Labubu de Pop Mart. Ning se ha convertido en la décima mayor fortuna de China y en el más joven en alcanzar esa posición, gracias a un producto que triunfó en medio planeta antes incluso de que el nombre de la marca fuera ampliamente reconocido.

Asimismo, Junjie Zhang, fundador de Chagee en 2017, ha llevado un elemento tan arraigado en la cultura local como el té con leche hacia el mercado internacional. Solo dos años después de su creación, Zhang abrió la primera tienda fuera de China. Nueve años más tarde, Chagee es un éxito global que cotiza en el Nasdaq y opera en diversos países.

Este cambio de mentalidad también se extiende a la gestión del capital humano. Durante años, la cultura laboral china estuvo dominada por el modelo "996" —trabajar de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana—, un sistema defendido por empresarios como Jack Ma o el fundador de JD.com. Sin embargo, los nuevos emprendedores están rompiendo con esta costumbre para atraer y retener al mejor talento tecnológico.

A pesar del éxito financiero y la expansión global, esta élite enfrenta una presión constante por parte del Gobierno chino. Pekín mantiene una vigilancia estrecha sobre las grandes fortunas, especialmente tras el castigo ejemplarizante recibido por Jack Ma en 2020, luego de que este criticara a los reguladores del mercado financiero.

La tensión política sigue presente en 2026, como se vio cuando el gobierno chino bloqueó la venta de la startup de inteligencia artificial Manu a Meta por dos mil millones de dólares. Esta decisión impidió que su fundador, Xiao Hong, se convirtiera en milmillonario.

Este entorno explica por qué tantos empresarios exitosos en China evitan la exposición pública. El temor a que un giro político, ya sea en China o en Estados Unidos, altere sus negocios de la noche a la mañana los empuja a mantener un perfil discreto. Prefieren que sean sus productos y no sus rostros los que crucen las fronteras y acaparen los titulares, convirtiéndose en la élite más global de la historia de China, pero también en la más difícil de reconocer.

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