En un entorno global marcado por la incertidumbre, Guatemala se enfrenta a desafíos tanto externos como internos durante el 2026. Si bien el país centroamericano logró un crecimiento económico de 4.1% en 2025, impulsado principalmente por un fuerte aumento de las remesas y condiciones comerciales favorables, los expertos advierten que este ritmo de expansión podría desacelerarse a un rango de 3.5% a 4% este año.
La dependencia de las remesas, que alcanzaron un nivel récord superior a los $23,000 millones en 2025, se mantiene como un factor clave para el desempeño económico de Guatemala. Sin embargo, la política migratoria más restrictiva anunciada por Estados Unidos, principal destino de los migrantes guatemaltecos, podría afectar la dinámica de estos flujos en el futuro.
En el ámbito comercial, el país se vio relativamente favorecido por la imposición de un arancel mínimo de 10% por parte de Estados Unidos y por condiciones favorables para sus principales exportaciones. No obstante, persisten desafíos en materia de competitividad, como un salario mínimo relativamente alto frente a la región, deficiencias en infraestructura y presiones de apreciación cambiaria.
Más allá de los factores coyunturales, Guatemala enfrenta retos estructurales que limitan su potencial de crecimiento a largo plazo. Estos incluyen un rezago en reformas estructurales, altos niveles de pobreza y desnutrición, baja escolaridad, escasa innovación y un significativo atraso en infraestructura, todo ello asociado a una débil institucionalidad.
En este contexto, las elecciones de segundo grado que se celebrarán este año, incluyendo la designación de autoridades clave del sistema de justicia y del Contralor General de Cuentas, serán fundamentales para asegurar la idoneidad, integridad y trayectoria profesional de los funcionarios, lo cual tendrá efectos tanto a corto como a mediano plazo.
Asimismo, la auditoría ciudadana y la vigilancia de estos procesos electorales serán cruciales para fortalecer la institucionalidad y la confianza de los inversionistas, factores clave para atraer la inversión extranjera directa, que actualmente se encuentra en niveles bajos en comparación con otros países de la región.
En resumen, si bien Guatemala ha demostrado cierta resiliencia macroeconómica, el país enfrenta una encrucijada en 2026, donde deberá abordar tanto los desafíos coyunturales como los problemas estructurales que limitan su desarrollo a largo plazo. El éxito de las designaciones de autoridades clave y la implementación de reformas estructurales serán determinantes para impulsar un crecimiento sostenido y mejorar el bienestar de la población.












