La actividad física es fundamental para el desarrollo integral de los niños, tanto a nivel físico como emocional. Especialistas en salud y nutrición infantil recomiendan implementar ejercicios y actividades adaptados a cada etapa de crecimiento, con el objetivo de potenciar habilidades motoras, fortalecer el sistema inmunológico y promover hábitos saludables desde la infancia.
Durante los primeros años de vida, los expertos sugieren actividades que estimulen la coordinación, el equilibrio y la motricidad gruesa, como gatear, caminar, correr y saltar. Estas destrezas básicas sientan las bases para un desarrollo físico óptimo y previenen problemas posturales o de movilidad a futuro.
"Es importante que los niños pequeños tengan espacios y oportunidades para moverse libremente, explorar su entorno y jugar de manera activa. Esto les permite adquirir confianza en sí mismos, mejorar su autoestima y canalizar su energía de forma saludable", explica la Dra. Lucía Gómez, pediatra especializada en actividad física infantil.
A medida que los niños van creciendo, se recomienda incorporar actividades más estructuradas y dirigidas, como clases de gimnasia, natación, danza o deportes en equipo. Estas prácticas ayudan a desarrollar habilidades sociales, trabajo en equipo, disciplina y perseverancia.
"En la etapa escolar, el ejercicio regular no solo beneficia la salud física, sino que también tiene un impacto positivo en el rendimiento académico, la concentración y el bienestar emocional de los niños", afirma el Dr. Martín Sánchez, especialista en nutrición infantil.
Asimismo, los expertos coinciden en que es fundamental que los padres y cuidadores se involucren activamente en las actividades físicas de los niños, ya sea participando directamente o brindando apoyo y motivación. De esta manera, se fomenta un estilo de vida saludable que perdurará en la adultez.
En resumen, implementar el ejercicio adecuado a cada etapa de crecimiento es clave para el desarrollo integral de los niños. Desde actividades libres y de exploración en la primera infancia, hasta deportes y rutinas más estructuradas en la niñez, el movimiento constante contribuye a fortalecer habilidades físicas, sociales y emocionales.

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