El encierro prolongado y el aislamiento social pueden tener un impacto negativo en nuestra salud mental y funcionamiento cognitivo, según advierte la doctora en neurociencia y psicóloga clínica, María Leirós.
Cuando el aislamiento se vuelve la norma y no algo puntual, el cerebro comienza a adaptarse a un entorno empobrecido, lo que puede afectar nuestro estado de ánimo, capacidad atencional, toma de decisiones, resolución de problemas y regulación emocional. Esto se debe a los cambios funcionales que el cerebro genera en respuesta a la falta de estímulos.
La experta señala que, en general, el no salir de casa o el aislamiento social producen una caída del estado de ánimo, aumentan la ansiedad y la depresión, y se incrementa la sensación de soledad, especialmente si se vive solo. Además, el encierro prolongado altera los ritmos circadianos, lo que puede empeorar la calidad del sueño y generar más cansancio.
Otro factor clave es el sedentarismo, ya que dentro de casa solemos movernos menos, lo que también conduce a mayores niveles de fatiga y emociones menos agradables.
Sin embargo, la experta aclara que hay casos excepcionales, como cuando el miedo o la evitación son los motivos del aislamiento, situaciones que requieren un abordaje diferente y la consulta con un profesional.
Leirós enfatiza que el cuerpo y el cerebro están diseñados para el movimiento, y cuando este falta, lo notan. La actividad física estimula la liberación de neurotransmisores y sustancias que favorecen un mejor estado de ánimo, además de que la exploración del entorno actúa como regulador emocional.
Por ello, la experta recomienda comenzar a salir de forma progresiva y gradual, incluso con salidas muy breves, y asociar las salidas a una rutina para facilitar el hábito. Además, diversificar las actividades dentro de casa, evitando el exceso de televisión o redes sociales, y apostar por tareas manuales, cognitivas, físicas y sociales.
Aunque no sea obligatorio, salir es muy recomendable, ya que ayuda a regular el reloj interno, mejora la atención, el sueño y la memoria, permite sintetizar vitamina D y favorece el contacto social, especialmente importante si se vive solo.
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