La obesidad es una enfermedad compleja que no se puede reducir simplemente a la falta de autocontrol o de fuerza de voluntad. Según expertos, existen múltiples factores genéticos, hormonales y ambientales que influyen en el aumento de peso y la dificultad para mantener un peso saludable.
Si bien la responsabilidad individual juega un papel, los especialistas señalan que el entorno "obesogénico" actual, con abundancia de alimentos ultraprocesados y pocas oportunidades de actividad física, crea condiciones que dificultan que las personas, incluso las muy motivadas, logren bajar de peso y mantenerlo.
La obesidad se asocia a variantes genéticas que afectan el hambre y la saciedad, así como a factores metabólicos que hacen que algunas personas quemen menos calorías que otras. Además, el cerebro tiende a defender un "peso ideal" determinado biológicamente, lo que dificulta los cambios drásticos.
Expertos coinciden en que es necesario un enfoque más amplio y compasivo que vaya más allá de culpar a las personas por su falta de voluntad. Esto implica entender la obesidad como una enfermedad crónica y compleja, y brindar apoyo integral en nutrición, salud mental y cambios en el entorno.
Solo así, argumentan, se podrá ayudar realmente a quienes luchan con el sobrepeso y la obesidad a mejorar su salud a largo plazo.



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