México, un país ubicado en el Cinturón de Fuego, registra una intensa actividad sísmica que lo convierte en uno de los más propensos a temblores a nivel mundial. Según datos del Servicio Sismológico Nacional (SSN), en el país se registran más de 90 sismos al año con una magnitud superior a 4 grados en la escala de Richter, lo que representa alrededor del 60% de los movimientos telúricos que se producen en todo el mundo.
La razón de esta alta actividad sísmica se encuentra en la ubicación geográfica de México, que lo sitúa en el llamado Cinturón de Fuego, una región donde convergen varias placas tectónicas. Específicamente, el país se encuentra en la Placa Norteamericana, limitada en su parte sur y oeste por las placas de Cocos, Rivera y del Pacífico.
Este complejo entramado de placas en movimiento es el responsable de la constante actividad sísmica que afecta a México, especialmente a los estados de Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Estado de México y Veracruz, que son las zonas con mayor riesgo y donde se han registrado los sismos de mayor magnitud.
Uno de los terremotos más devastadores que ha sufrido el país fue el ocurrido el 19 de septiembre de 1985, con una magnitud de 8.1 en la escala de Richter y cuyo epicentro se ubicó en la costa del Pacífico. Este sismo cobró la vida de al menos 10,000 personas y causó daños masivos en la infraestructura de la Ciudad de México.
A pesar de los avances tecnológicos, aún no existe una técnica que permita predecir con precisión la ocurrencia de los sismos. Ni siquiera países con una tecnología más avanzada, como Estados Unidos y Japón, han logrado desarrollar un sistema de predicción confiable. Por lo tanto, los expertos insisten en la importancia de estar preparados y seguir fortaleciendo los protocolos de prevención y respuesta ante estos fenómenos naturales.












