Los mercados energéticos globales han experimentado una jornada de moderación este viernes, tras una serie de repuntes impulsados por la creciente inestabilidad en Oriente Próximo. El precio del petróleo Brent, que sirve como referencia principal en el mercado europeo, registró una caída del 5%, situándose en torno a los 95,5 dólares por barril. Este descenso ocurre apenas un día después de que el crudo superara la barrera psicológica de los 100 dólares, reflejando una etapa de ajuste en los precios a pesar de la persistencia de las hostilidades militares en la región.
De manera similar, el barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI), referencia fundamental para el mercado de Estados Unidos, mostró una tendencia a la baja durante la sesión. El WTI cayó un 4,2%, cerrando la jornada en los 88 dólares, después de haber alcanzado los 92,5 dólares por barril en la sesión anterior. Esta corrección en ambos tipos de crudo se produce en un contexto de extrema volatilidad, donde los operadores sopesan el riesgo de un suministro interrumpido frente a las dinámicas actuales del mercado.
El trasfondo de esta volatilidad se encuentra en la escalada bélica entre Estados Unidos e Irán. La región ha atravesado la décimo tercera noche consecutiva de bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní. En la más reciente oleada de ataques, ejecutada durante la madrugada de este viernes, las fuerzas de Estados Unidos acometieron diversos "objetivos militares" en Irán. Como resultado de estas operaciones, se ha confirmado el fallecimiento de al menos cuatro personas y que siete más resultaron heridas. Estas acciones se enmarcan en una serie de hostilidades recíprocas que ambos países han intercambiado a lo largo de las últimas trece jornadas.
Desde la perspectiva de las autoridades sanitarias de Irán, el impacto de las últimas semanas de agresiones ha sido considerable. El Ministerio de Sanidad iraní informó, previo al inicio de los bombardeos más recientes, que el balance total de los ataques contra el país asiático asciende a 55 personas fallecidas y 629 heridos. Esta situación ha exacerbado la tensión diplomática y militar en una zona ya fragilizada.
Por su parte, Irán no ha permanecido inactivo ante las ofensivas estadounidenses. Las autoridades iraníes han reivindicado la ejecución de ataques dirigidos contra bases militares de Estados Unidos situadas en Jordania, Bahréin y Kuwait. En una acción particularmente destacada, la Guardia Revolucionaria iraní ha constatado y confirmado el bombardeo de un centro de datos perteneciente a la empresa estadounidense Amazon en Bahréin, asegurando que dicha instalación ha sido "destruida".
A este escenario de conflicto bilateral se suma la inestabilidad provocada por los rebeldes hutíes en Yemen. A principios de la semana, el grupo anunció la imposición de un bloqueo naval contra Arabia Saudí. Para hacer valer esta medida, los hutíes procedieron al bombardeo de dos buques con bandera saudí que habrían intentado saltarse el bloqueo impuesto. Esta situación agrava la crisis regional y ha puesto en alerta máxima a los mercados internacionales, debido a la posibilidad real de que se paralice el tráfico marítimo en el estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los pasos más críticos para el transporte mundial de petróleo.
Ante este panorama, los analistas de ING, Warren Patterson y Ewa Manthey, sugieren que, aunque este viernes se haya producido una moderación, la tendencia al alza de los precios podría continuar. Según los expertos, la clave del comportamiento futuro del mercado reside en el nivel de precios que la Administración Trump considere suficiente para retomar las negociaciones. Patterson y Manthey señalan que, basándose en repuntes anteriores durante las primeras fases de la guerra, es probable que la presión para reducir las tensiones aumente significativamente si el Brent se acerca nuevamente a los 120 dólares por barril.
No obstante, los analistas también subrayan que el problema central para Irán podría no ser el nivel actual de los precios —ya que el país podría incluso buscar impulsarlos al máximo—, sino la capacidad de resistencia financiera. La cuestión fundamental sería cuánto tiempo puede soportar el gobierno iraní el desplome de sus ingresos petroleros mientras persiste el bloqueo estadounidense.
Finalmente, la situación energética ha impactado en las agendas de política monetaria. El Banco Central Europeo (BCE) inició esta semana su ronda de decisiones, optando por mantener los tipos de interés en el mismo nivel tras la subida efectuada en la cita anterior. Esta postura será seguida la próxima semana por otros organismos clave, como la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón. Todas estas instituciones observan con extrema atención la evolución de los precios de la energía y las consecuentes presiones inflacionarias que podrían derivarse de la crisis en Oriente Próximo.

