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Periodontitis: La enfermedad silenciosa que puede provocar la pérdida de los dientes sin causar dolor

La halitosis que no desaparece con el cepillado puede estar asociada a la acumulación de bacterias bajo las encías. Sangrado, retracción gingival y movilidad dental son otras señales de una periodontitis que puede avanzar sin dolor y comprometer el soporte de los dientes.

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Periodontitis: La enfermedad silenciosa que puede provocar la pérdida de los dientes sin causar dolor
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La periodontitis es una infección bacteriana silenciosa que, a diferencia de las caries, no suele causar dolor en sus etapas iniciales pero puede provocar la pérdida de dientes al destruir el hueso y los tejidos de soporte. Esta patología comienza con una gingivitis no tratada que evoluciona hasta crear bolsas profundas de infección. Para detectarla a tiempo, es fundamental prestar atención al mal aliento persistente, el sangrado de encías, la retracción gingival y la movilidad dental. Estas señales advierten que el soporte óseo está comprometido y requiere intervención profesional inmediata. Aunque el hueso perdido no se recupera, un tratamiento de limpieza profunda mediante raspado y pulido radicular puede frenar el avance de la enfermedad. La clave para preservar la dentadura reside en acudir al odontólogo ante los primeros síntomas para evitar daños irreversibles.

En la cultura popular, se suele asociar la mala salud bucal principalmente con la presencia de caries, manchas visibles en el esmalte o el dolor agudo de muelas. Sin embargo, los especialistas advierten que la ausencia de estos síntomas no garantiza necesariamente que la cavidad oral se encuentre en condiciones óptimas. Existen patologías que se desarrollan de manera silenciosa alrededor de las piezas dentales, avanzando progresivamente hasta comprometer seriamente los tejidos y el hueso alveolar que mantiene los dientes en su lugar.

Una de las afecciones más preocupantes en este sentido es la periodontitis. Se trata de una infección bacteriana que ataca directamente los tejidos de soporte de los dientes. Esta enfermedad es particularmente peligrosa debido a su naturaleza asintomática en etapas tempranas, lo que permite que el daño se extienda sin que el paciente perciba señales de alerta evidentes, como el dolor tradicional, hasta que el soporte óseo ya se encuentra significativamente comprometido.

El origen de la periodontitis se encuentra generalmente en la gingivitis, que es una inflamación superficial de las encías. Esta condición inicial es provocada por la acumulación de sarro y placa bacteriana. Cuando la gingivitis no es tratada de manera oportuna por un profesional, las bacterias pueden penetrar más profundamente, avanzando bajo la línea de la encía y dando lugar a la formación de las denominadas “bolsas periodontales”.

Una vez formadas estas bolsas, el sistema inmune del organismo reacciona frente a la infección, desencadenando un proceso inflamatorio crónico. Esta respuesta inmunológica, aunque intenta combatir las bacterias, termina dañando el tejido blando y el hueso alveolar, que es la estructura fundamental encargada de sostener las piezas dentales. Es precisamente este deterioro del soporte lo que explica por qué la pérdida de dientes en la edad adulta no siempre está vinculada al daño directo del diente en sí, sino a la degradación de los tejidos que rodean y sostienen sus raíces.

Para detectar esta enfermedad a tiempo, es fundamental prestar atención a señales que a menudo son ignoradas. Una de las más características es la halitosis persistente. A diferencia del mal aliento ocasional, este se manifiesta como un olor o sabor desagradable que no desaparece incluso después de un cepillado exhaustivo. En los casos de periodontitis, este fenómeno es causado por los gases liberados por las bacterias que permanecen ocultas y protegidas bajo las encías.

Además del mal aliento, existen cambios visuales y físicos en las encías que sirven como advertencia. Un color rojo intenso, la inflamación evidente o el sangrado frecuente —ya sea durante el cepillado o al momento de comer— son señales claras de que algo no funciona correctamente. Otra manifestación crítica es la retracción gingival, proceso en el cual las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz dental. Esto provoca que los dientes parezcan más “largos” y puede generar una mayor sensibilidad ante estímulos térmicos, como el frío o el calor.

En las etapas más avanzadas de la enfermedad, la estabilidad de las piezas dentales comienza a verse afectada. Los pacientes pueden percibir que un diente se mueve al tocarlo con la lengua o notar modificaciones en la forma en que encajan los dientes al masticar. Estos síntomas indican un compromiso avanzado del soporte óseo.

Si bien es cierto que el hueso perdido a causa de la periodontitis no se recupera de forma natural, la enfermedad puede ser frenada y controlada si se detecta a tiempo. El tratamiento especializado implica un procedimiento de raspado y pulido radicular, también conocido como limpieza profunda. En este proceso, se utiliza instrumental específico y ultrasonido para eliminar la infección y el sarro acumulados en las zonas profundas de las raíces. El objetivo es detener el avance de la infección y favorecer que la encía vuelva a adherirse correctamente a la estructura dental.

En conclusión, el sangrado frecuente, la retracción de las encías, la movilidad dental y la halitosis persistente son signos que no deben ser ignorados. Una evaluación odontológica profesional es la única vía para determinar la causa de estos síntomas y establecer el tratamiento adecuado para preservar la salud dental.

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