Estados Unidos enfrenta una crisis sanitaria creciente debido a un aumento alarmante en los contagios de sarampión. Según los datos más recientes proporcionados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el número de casos registrados en lo que va de 2026 ya ha superado la cifra récord alcanzada durante todo el año 2025, a pesar de que aún restan cinco meses para que finalice el año en curso.
Hasta el pasado jueves, los CDC han contabilizado un total de 2,318 casos de sarampión en el territorio estadounidense. Esta cifra ya es superior a los 2,289 casos reportados en 2025, el cual había sido calificado como el peor año para esta enfermedad en más de tres décadas. Con este incremento, el 2026 se ha consolidado como el mayor brote desde que la enfermedad fuera declarada erradicada en el año 2000 y representa el año con mayor incidencia de sarampión en el país desde 1991.
El impacto geográfico de la enfermedad es desigual, pero severo en ciertas regiones. Se han identificado importantes focos de infección, con contagios que alcanzan el orden de los cientos en los estados de Carolina del Sur, Utah y Arizona. Además de estos núcleos principales, se han reportado focos menores de infección distribuidos en otros estados, lo que evidencia la dispersión del virus por diversas zonas del país.
Esta situación ha encendido las alarmas a nivel global. Para el mes de noviembre, se tiene programada una reunión de funcionarios de salud internacionales con el objetivo de evaluar la situación epidemiológica actual. En dicho encuentro, se determinará si Estados Unidos y México han perdido oficialmente su estatus de países libres de sarampión, una de las enfermedades más contagiosas conocidas por la medicina.
Para comprender la gravedad de la propagación, el doctor Sixto Caro, médico internista de NYU Langone, explicó la naturaleza del contagio. Según el especialista, cualquier persona contagiada, ya sea un niño o un adulto, transmite el virus al aire que lo rodea. Este riesgo se intensifica significativamente en espacios cerrados, tales como aviones, autos, aulas o habitaciones, donde el virus puede permanecer suspendido en el aire durante un periodo de hasta dos horas. En cuanto a la sintomatología, el doctor Caro señaló que la erupción cutánea o "rash" suele manifestarse cuatro días después de que ocurre el contagio.
El análisis de las causas apunta directamente a una caída en las medidas preventivas. Estados Unidos había logrado eliminar la transmisión local del sarampión en el año 2000, un logro alcanzado gracias al mantenimiento de altas tasas de vacunación. Sin embargo, en los últimos años, estas tasas han descendido por debajo del 95% de cobertura, que es el porcentaje mínimo requerido para generar la inmunidad colectiva necesaria para prevenir brotes.
Las consecuencias de esta falta de inmunización son evidentes en las estadísticas hospitalarias. Mientras los contagios se disparan, se mantiene una tasa de hospitalización del 93% entre las personas que no han sido vacunadas, lo que demuestra la vulnerabilidad de este grupo frente a la enfermedad.
Expertos en salud advierten que la propagación real podría ser incluso mayor a la reportada oficialmente, ya que existe un sector de la población enferma que no busca tratamiento médico, quedando fuera de los registros oficiales. Asimismo, señalan que las tasas nacionales de vacunación pueden ser engañosas, ya que ocultan porcentajes aún más bajos en comunidades específicas. En muchos de estos casos, la baja vacunación es impulsada por la desinformación y el miedo hacia las vacunas.
Respecto a la eficacia de la inmunización, el doctor Caro aclaró que no existe una vacuna perfecta, mencionando el fenómeno conocido como "fracaso de la vacuna". Este ocurre en personas que presentan una defensa inmunológica más deficiente debido a cuestiones hereditarias. Al mismo tiempo, el médico fue enfático en mencionar que no se ha demostrado ninguna relación entre la vacuna y el autismo.
Finalmente, las investigaciones subrayan que las consecuencias más graves de la enfermedad recaen sobre quienes no pueden vacunarse, incluyendo a bebés muy pequeños, personas con sistemas inmunitarios debilitados y aquellos casos excepcionales que no desarrollan una inmunidad sólida tras recibir la dosis. Por ello, los especialistas recalcan la importancia fundamental de la vacunación, no solo como protección individual, sino como un acto de responsabilidad para proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad.

