Estados Unidos atraviesa actualmente una situación sanitaria crítica marcada por el repunte de contagios de sarampión, registrando este año su peor brote en los últimos 35 años. De acuerdo con los datos oficiales difundidos este viernes por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la cifra de contagios ha alcanzado niveles alarmantes, vinculados directamente a una baja adhesión a los esquemas de vacunación en diversas regiones del país.
En el transcurso de los primeros siete meses del año, los CDC han confirmado un total de 2.318 casos de esta patología, la cual se caracteriza por ser altamente transmisible. Esta cifra es particularmente preocupante ya que, en apenas siete meses, el número de contagios ya ha superado el total registrado durante todo el año 2025. El año pasado ya había sido considerado un periodo de máximos, habiendo cerrado con 2.289 casos y un saldo de tres fallecimientos, entre los cuales se encontraban dos menores de edad.
La magnitud de la crisis actual se refleja en la distribución geográfica de la enfermedad, ya que los contagios confirmados en 2026 se han distribuido a lo largo de 45 estados y territorios. Este volumen de casos constituye la cifra más elevada reportada desde el año 1991. Este retroceso es significativo si se considera que, en el año 2000, gracias a la implementación efectiva de las vacunas, Estados Unidos había logrado declarar la eliminación del sarampión en todo su territorio.
El informe de la agencia federal pone de relieve la relación directa entre la falta de inmunización y la propagación del virus. Según los datos presentados, el 93% de los casos reportados durante este año corresponden a personas que no estaban inmunizadas. La población más afectada es la infantil; el 69% de los contagios impacta a niños y niñas en el rango de edad de entre 0 y 9 años. Ante esta realidad, Andrew Racine, presidente de la Academia Estadounidense de Pediatría, ha sido enfático al señalar que el país se encuentra frente a una crisis prevenible que impacta de forma desproporcionada a la infancia.
El análisis de los datos revela que este repunte coincide con un descenso sostenido en la cobertura de vacunación, especialmente en la población preescolar. El reporte indica que la tasa de vacunación en este grupo pasó del 95,2% durante el ciclo 2019-2020 al 92,5% en el ciclo 2024-2025. Esta disminución, aunque parece pequeña en términos porcentuales, ha dejado a aproximadamente 286.000 estudiantes en una situación de vulnerabilidad y riesgo ante el contagio.
Es fundamental comprender que, para mantener la denominada inmunidad colectiva, es requisito indispensable que más del 95% de la población esté vacunada. Al caer por debajo de este umbral, el virus encuentra espacios para propagarse con mayor facilidad, comprometiendo la salud pública general y reactivando una enfermedad que se creía controlada en el territorio estadounidense.
El sarampión ha cobrado un nuevo impulso en los últimos años, un fenómeno que ocurre de manera paralela a la caída de las tasas de inmunización y al incremento de la desconfianza hacia las instituciones de salud pública. Este clima de escepticismo ha facilitado la propagación de ideas erróneas sobre la seguridad y eficacia de las vacunas.
En concordancia con esto, un estudio publicado este año en la revista Journal of Pediatric Nursing concluyó que mientras la desinformación se impone en el discurso público, las coberturas contra el sarampión continúan disminuyendo en Estados Unidos. Este escenario subraya la urgencia de recuperar la confianza en los sistemas de prevención sanitaria para frenar la expansión de una patología que, a pesar de ser prevenible, vuelve a representar una amenaza real para la salud de la población infantil y la estabilidad sanitaria del país.


