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Gianni Infantino: Luces y sombras de una década al mando de la FIFA

Desde las pausas de hidratación de los partidos de este Mundial -que muchos critican como una excusa para ganar más dinero con los anuncios que se retransmiten durante esos minutos-, hasta la disputada retirada de la tarjeta roja a un delantero de Estados Unidos tras una llamada telefónica del propio Trump, pasando por los precios desorbitados de las entradas: a la hinchada internacional no le han faltado ocasiones para criticar al presidente de la FIFA.

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Gianni Infantino: Luces y sombras de una década al mando de la FIFA
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Gianni Infantino cierra una década al frente de la FIFA marcada por una dualidad extrema: un éxito financiero sin precedentes y una corriente incesante de polémicas. Bajo su mando, la organización pasó de un déficit millonario a proyectar ingresos récord de 13.000 millones de dólares, impulsando el desarrollo de federaciones pequeñas para consolidar un poder político casi inexpugnable. No obstante, este crecimiento ha tenido un costo deportivo y ético. La expansión de torneos, la mercantilización agresiva del juego y sus controvertidas alianzas políticas con figuras como Donald Trump y regímenes como los de Qatar y Arabia Saudita han generado un fuerte rechazo entre jugadores y aficionados. A pesar de las críticas por su creciente salario y la gestión de la gobernanza, Infantino mantiene el control absoluto. Al haber asegurado la lealtad de las federaciones asiáticas y africanas mediante incentivos económicos, su camino hacia la permanencia en el cargo parece despejado, priorizando el dinero sobre la tradición deportiva.

Gianni Infantino, el hombre que mueve los hilos del fútbol internacional, ha completado una década al frente de la FIFA marcada por una dualidad constante: una salud financiera envidiable y un torrente incesante de controversias. Tras asumir el cargo hace diez años, el suizo se propuso el objetivo de hacer que "el fútbol vuelva a la FIFA y la FIFA vuelva al fútbol", una promesa que, en términos económicos, ha superado todas las expectativas.

Cuando Infantino llegó a la presidencia, la institución se encontraba sumida en profundos escándalos de corrupción que habían provocado la retirada de patrocinadores y un déficit de 550 millones de dólares. Diez años después, el panorama es radicalmente distinto. El órgano rector prevé registrar ingresos récord de 13.000 millones de dólares en el ciclo trianal que finaliza este año. Este éxito financiero se ha basado en una estrategia de expansión y creatividad comercial que ha permitido reflotar la entidad.

Una de las piezas clave de su gestión ha sido el programa Fifa Forward. Infantino cumplió su promesa de incrementar los fondos de desarrollo para las asociaciones miembro, destinando recursos a infraestructuras y nuevas competiciones. Hasta 2022, se invirtieron 2.800 millones de dólares en 211 federaciones, distribuidos en más de 1.600 proyectos. Además, el ciclo Fifa Forward 3.0 (2023-2026) ha supuesto un aumento del 30% en la financiación, otorgando 5 millones de dólares adicionales a cada asociación miembro y 60 millones a cada confederación.

Sin embargo, este crecimiento económico ha venido acompañado de decisiones muy criticadas por la hinchada internacional y sectores del fútbol profesional. La expansión de la Copa del Mundo a 48 selecciones y la creación de una Copa Mundial de Clubes ampliada en verano han generado roces con los sindicatos de jugadores y el fútbol europeo, especialmente por la carga de partidos en periodos de recuperación. A esto se suman las polémicas pausas de hidratación, vistas por muchos como una estrategia para incrementar los ingresos publicitarios.

La gestión de Infantino también ha estado marcada por sus vínculos políticos y geográficos. Durante el Mundial de Qatar, el presidente adoptó un perfil público agresivo frente a las críticas sobre derechos humanos, llegando a declarar en un controvertido discurso que se sentía "catarí, árabe, africano, gay, discapacitado y trabajador migrante". Esta tendencia hacia alianzas estratégicas se ha mantenido con la asignación de los Mundiales 2030 y 2034. Mientras el de 2030 se repartirá entre tres continentes, el de 2034 quedó prácticamente asegurado para Arabia Saudita, un proceso que la federación noruega calificó como un socavamiento de las reformas de buena gobernanza.

La relación con Donald Trump ha sido otro punto de fricción, especialmente con la UEFA. Trump se ha referido a Infantino como "el rey del fútbol" y ha recibido el Premio de la Paz de la FIFA. La influencia política alcanzó un punto crítico durante el Mundial actual, cuando la FIFA decidió suspender la tarjeta roja del delantero estadounidense Folarin Balogun tras una llamada telefónica de Trump, un hecho extraordinario que solo había ocurrido una vez en 1962.

En el ámbito personal y administrativo, Infantino ha visto crecer su remuneración. De ganar 1,7 millones de dólares en 2016, su salario base ascendió a 3,2 millones de dólares en 2024, sumando bonificaciones que lo acercan a las cifras que percibía su predecesor, Sepp Blatter. Esta situación, sumada a su gestión de los precios de las entradas —con boletos para la final en Nueva Jersey que alcanzan los 4.200 dólares—, ha alimentado las críticas sobre la mercantilización del deporte.

A pesar de los conflictos con la UEFA y las quejas por la gestión de los torneos, Infantino mantiene una posición inexpugnable. Al haber enriquecido a las federaciones más pobres de Asia y África, que representan casi la mitad de los votos, su reelección en 2019 y 2023 fue sencilla. De cara a 2027, el comité de gobernanza ya ha dictaminado que su primer mandato no contaba para el límite de tres periodos, lo que le permite presentarse nuevamente, consolidando un legado donde el dinero es el principal argumento de su éxito.

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