España ha alcanzado la cima del fútbol mundial por segunda vez en su historia, consagrándose campeón del Mundial 2026. En un deporte donde los resultados suelen imponerse sobre las formas, la selección masculina española ha logrado un triunfo que no admite discusiones sobre su merecimiento, no solo por el trofeo, sino por la manera en que lo ha conseguido.
El equipo dirigido por Luis de la Fuente ganó el torneo manteniendo como bandera su escuela de fútbol. Fiel a un estilo basado en el buen trato del balón y la posesión, la selección española no traicionó su identidad en ningún momento, imponiendo su juego de punta a punta del campeonato. El camino hacia el título estuvo marcado por una solvencia notable, donde el único tropiezo fue el empate en el debut ante Cabo Verde. Este resultado, lejos de ser una crisis, fue interpretado como un traspié necesario para alcanzar la mejor versión del equipo, evocando la cábala del fallido inicio de 2010, año en que España obtuvo su primera estrella.
La trayectoria de La Roja hacia la final fue impecable, sumando siete triunfos consecutivos. En el proceso, España logró superar a los rivales más fuertes del torneo: eliminó a la Portugal de Cristiano Ronaldo, actual campeona de la UEFA Nations League; venció a la Francia de Kylian Mbappé, finalista de las dos últimas citas mundiales; y finalmente derrotó a la Argentina de Lionel Messi, el campeón defensor.
La final, disputada en el MetLife Stadium, mostró a una España más descansada y con mayor despliegue físico que su rival. Desde el inicio, los españoles impusieron sus condiciones, sometiendo a la selección argentina mediante un control absoluto del balón. La superioridad fue tal que Messi quedó prácticamente borrado del encuentro, mientras Argentina se limitaba a intentar cortar el circuito de pases de un equipo que siempre parecía jugar con un hombre más. A pesar del dominio, la efectividad tardó en llegar; en la primera mitad, solo Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal lograron poner a prueba a Emiliano Martínez, quien controló ambos remates con tranquilidad.
Por su parte, la Albiceleste mostró signos de desgaste físico y emocional debido al esfuerzo de las fases previas. Esta situación obligó a realizar cambios prematuros, primero con la salida de Lisandro Martínez en el primer tiempo y posteriormente con el reemplazo de Cuti Romero en la segunda etapa. A medida que avanzaba el encuentro, el dominio español se acentuó. Aunque Lionel Scaloni intentó modificar el mediocampo para disputar la tenencia del balón, la estrategia de De la Fuente prevaleció en lo que fue descrito como un tablero de ajedrez, donde los cambios del técnico español resultaron claves.
El portero argentino, "Dibu" Martínez, se convirtió en la figura defensiva al detener intentos de Dani Olmo, Álex Baena y los ingresados Ferrán Torres, Pedri y Nico Williams. Incluso un remate de Cubarsí fue despejado por el arquero. La presión española llevó a Argentina al límite, provocando que, en el tiempo añadido, Enzo Fernández cometiera una falta en un balón dividido que dejó a la Albiceleste con diez jugadores.
En contraste con la actividad de Martínez, Unai Simón tuvo un partido tranquilo. Argentina, que llegó a la final como el equipo más goleador del certamen, no pudo poner a prueba al portero español en ninguna ocasión. Este dato resalta la solidez defensiva de La Roja, que cierra la competición con la valla menos vencida en toda la historia de los Mundiales.
El desenlace llegó en el tiempo extra. Tras una insistencia constante, el gol apareció en los primeros segundos del segundo periodo complementario. Ferrán Torres aprovechó un balón rescatado por Nico Williams desde la línea final para mandarlo al fondo de la red y poner el 1-0 definitivo.
A pesar de jugar con diez hombres y encontrarse exhaustos, Argentina intentó el empate en los últimos diez minutos, periodo en el que España cedió la posesión por primera vez. Sin embargo, la falta de ideas y el desgaste físico impidieron que la Albiceleste concretara, desperdiciando una oportunidad clara con un remate de Simeone en el área chica.
España se consagra así como campeón, definiendo la figura del equipo moderno: una plantilla sin figuras individuales memorables pero plagada de jugadores de rol eficientes que impusieron la razón sobre el corazón. El torneo deja también una reflexión sobre Lamine Yamal, quien a los 19 años se une al selecto grupo de jugadores jóvenes campeones del mundo, siguiendo la senda de Mbappé en 2018, aunque su camino hacia el Olimpo del fútbol continúa.


