España se consagró campeón del mundo por segunda vez en la historia tras derrotar a Argentina por 1-0 en la final disputada en el marco del torneo realizado en Canadá, México y Estados Unidos. El encuentro se definió en el tiempo de prórroga, un periodo que se prolongó principalmente gracias a las intervenciones espectaculares del arquero argentino, Emiliano "Dibu" Martínez, quien evitó que la diferencia en el marcador fuera mayor.
El desarrollo del juego reflejó una superioridad clara del conjunto español. De acuerdo con los registros de Ovation, España generó 17 jugadas de riesgo durante los más de 120 minutos de juego, mientras que los dirigidos por Lionel Scaloni apenas pudieron concretar dos, ambas en los instantes finales del partido, cuando la selección argentina ya no tenía nada que perder. Durante los primeros 90 minutos, el dominio de los dirigidos por Luis De la Fuente fue tal que Argentina no logró insinuar posibilidades reales de gol; su única aproximación ocurrió al principio del encuentro, con una llegada a tiempo de Unai Simón, aunque se encontraba a 35 metros de su propio arco. En contraste, los europeos generaron 11 ocasiones claras de gol en ese mismo lapso.
La victoria española se alineó con la lógica deportiva analizada por los especialistas previo a la final. Había un consenso sobre la superioridad futbolística de España, basada en un funcionamiento colectivo más sólido y una menor dependencia de figuras individuales. Prueba de ello fue que el equipo logró el título sin necesidad de que Lamine Yamal tuviera una actuación disruptiva. Si bien el fútbol puede ser impredecible, en esta ocasión prevaleció el funcionamiento táctico. Argentina había generado dudas debido a su fortaleza emocional y su capacidad de sacar fuerzas en momentos críticos, como ocurrió en su partido contra Egipto, donde remontó un 0-2 al final, o frente a Inglaterra, a quien privó de la final.
Tras el pitazo final, Lionel Scaloni manifestó su postura con humildad, afirmando: “Demostramos que sabemos perder, agradecimiento eterno a estos jugadores”. El entrenador argentino también intervino rápidamente para evitar que las tensiones escalaran al finalizar el encuentro, retirando del campo a Leandro Paredes y Enzo Fernández, quienes se habían enredado con Eric García y Gavi debido a comentarios realizados por Paredes.
La recepción de la derrota en Argentina fue marcada por la aceptación. Los medios televisivos y prensa escrita, como La Nación, destacaron el desempeño del plantel y reconocieron la superioridad de España en el juego, coincidiendo en que el equipo español merecía la corona, repitiendo la hazaña de 2010.
En cuanto al aspecto táctico, España fue fiel al estilo implementado por Luis De la Fuente. El equipo mantuvo una presión alta que asfixió a Argentina, neutralizando la influencia de Leo Messi y cerrando las bandas para anular las corridas de Nicolás González, quien había sido una pieza determinante en la semifinal contra Inglaterra.
El desempeño defensivo de España fue una de las claves del torneo, habiendo recibido apenas un gol en toda la competición. Los rivales no encontraron la fórmula para vulnerar su sistema; ocurrió contra Uruguay en el segundo tiempo, cuando España estuvo cerca de la eliminación y el rival casi no pateó al arco, y se repitió en la semifinal contra Francia, donde las estrellas adversarias se mostraron como jugadores comunes. Este éxito se atribuye al juego alto, la rapidez y el atletismo de sus defensores jóvenes, además de la capacidad de Unai Simón para manejar los tiempos y salir jugando lejos de su área.
A pesar de las críticas iniciales por la titularidad del guardameta del Athletic Bilbao, De la Fuente validó su decisión. El seleccionador, vinculado a la estructura de selecciones españolas desde 2013, demostró personalidad y capacidad estratégica, logrando fortalecer al grupo y trasladar la presión colectivamente, protegiendo así a jugadores jóvenes como Yamal.
Finalmente, el triunfo de España no fue casualidad. El equipo se impuso como el mejor del Mundial, priorizando el colectivo sobre las individualidades y dominando la posesión y la presión en campo rival. No obstante, se otorgaron reconocimientos individuales: Rodri fue elegido el mejor jugador del Mundial, Unai Simón el arquero más destacado y Cubarsí el mejor juvenil.


