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EE.UU. y China intensifican su disputa geopolítica en la carrera por el control de la Inteligencia Artificial

Beijing es un líder mundial responsable, empeñado en dar forma al futuro de la tecnología para el bien común, declaró Xi ante cientos de ejecutivos tecnológicos.

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EE.UU. y China intensifican su disputa geopolítica en la carrera por el control de la Inteligencia Artificial
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Estados Unidos y China libran una batalla ideológica y tecnológica por el control de la inteligencia artificial. Mientras Donald Trump denuncia espionaje masivo y el robo industrial de modelos estadounidenses, Xi Jinping posiciona a Beijing como un líder responsable que busca convertir la IA en un bien público global, lanzando la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial para atraer aliados internacionales. La brecha técnica se estrecha gracias a la apuesta china por el código abierto, la robótica y costes operativos más bajos, desafiando la hegemonía de Silicon Valley. A pesar de los intentos de diálogo bilateral, la profunda desconfianza mutua y las acusaciones de vulnerabilidades de seguridad mantienen a las dos potencias en un choque frontal por definir las reglas del futuro digital.

La tensión tecnológica entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo punto de fricción, evidenciando dos visiones diametralmente opuestas sobre el futuro de la inteligencia artificial (IA). Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzaba severas acusaciones contra Beijing durante un discurso televisado en Washington, el líder chino, Xi Jinping, presentaba una imagen de China como un actor global responsable y colaborador en la cumbre de IA celebrada en Shanghái.

En su intervención ante cientos de ejecutivos, investigadores y figuras clave de la industria, Xi Jinping afirmó que Beijing está empeñado en dar forma al futuro de la tecnología para el bien común. El mandatario chino subrayó la necesidad de asegurar que el desarrollo de la IA sea positivo y beneficioso para la humanidad, dada la velocidad vertiginosa a la que avanza esta disciplina. Xi hizo especial hincapié en la importancia de establecer una supervisión y gobernanza precisas y eficaces, con el fin de perfeccionar las medidas necesarias para evitar que la tecnología pierda el control.

Estas declaraciones contrastan drásticamente con el mensaje proveniente de la Casa Blanca. Minutos antes del discurso de Xi, Donald Trump presentó una lista de acusaciones contra el gobierno chino, asegurando que Beijing ha adquirido ilícitamente 220 millones de registros de votantes estadounidenses como parte de un esfuerzo más amplio para influir en los procesos electorales de Estados Unidos. Asimismo, Washington ha denunciado que China realiza copias de modelos de IA estadounidenses a escala industrial. Por su parte, el gobierno chino ha negado rotundamente estas acusaciones.

La yuxtaposición de ambos discursos pone de relieve las fisuras y ansiedades que definen la competencia tecnológica actual. Xi Jinping arremetió contra lo que describió como la exageración del concepto de seguridad nacional en el campo de la IA, criticando la postura de anteponer la seguridad de un país a la de otros, una alusión directa al enfoque estadounidense. En su lugar, China impulsa la narrativa de que la IA debe ser un bien público mundial, mostrándose dispuesta a trabajar conjuntamente con otras naciones.

Como parte de esta estrategia de liderazgo normativo, China lanzó la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), una agrupación compuesta por 29 países, incluidos Rusia, Indonesia y Pakistán. Según George Chen, director de la división digital de The Asia Group, Xi ve la IA como una oportunidad para sumar aliados en una especie de diplomacia tecnológica. Chen señala que China, habiendo perdido la oportunidad de establecer las reglas de la World Wide Web hace décadas cuando era un país pobre, ahora se encuentra en una posición mucho más fuerte para no repetir ese error con la IA.

Mientras que las empresas de Estados Unidos mantienen una posición dominante en capacidades y hardware de entrenamiento, la brecha se está reduciendo. Beijing ha apostado por una estrategia diferente: la aplicación masiva de la IA en robótica y automatización, además de fomentar su adopción global. Empresas chinas como DeepSeek y Zhipu han avanzado significativamente, atrayendo a usuarios globales gracias a sus formatos de código abierto y costes operativos más bajos que los de Silicon Valley.

Datos de Our World In Data reflejan este avance: en mayo, 20 de los 50 modelos de IA más populares en la plataforma OpenRouter fueron desarrollados por empresas chinas, un incremento notable frente a los cinco modelos que registró a principios de 2025.

La seguridad sigue siendo el punto más crítico de la disputa. Washington teme que agentes extranjeros utilicen la IA para explotar vulnerabilidades en la infraestructura crítica estadounidense. Por otro lado, un regulador chino advirtió recientemente sobre una supuesta puerta trasera en la herramienta Claude Code de la empresa Anthropic. Esta última aclaró que se trata de un mecanismo experimental para detectar usos indebidos y que el acceso no está permitido en China.

A pesar de estas tensiones, ambos países acordaron iniciar un diálogo sobre IA tras la cumbre de mayo entre Trump y Xi en Beijing. No obstante, analistas occidentales como Paul Triolo, de DGA-Albright Stonebridge Group, dudan que países occidentales importantes se unan a la WAICO debido a que estaría controlada por China. Triolo sostiene que la medida principal para Estados Unidos será lograr un diálogo bilateral creíble, aunque reconoce que ambas partes deben enfrentar una profunda desconfianza mutua y desafíos burocráticos complejos.

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