En el yacimiento arqueológico de Tel Hadid, situado en el centro de Israel, un grupo de especialistas y voluntarios trabaja bajo el sol para rescatar vestigios de asentamientos que se extienden a lo largo de tres milenios. La excavación revela una superposición de historias que conviven en la misma colina: desde muros del periodo helenístico hasta los restos de una aldea palestina que fue erradicada hace aproximadamente 80 años.
La topografía del lugar evidencia esta dualidad temporal. En un sector de la colina, los arqueólogos recuperan fragmentos de una muralla que data del siglo II a.C., época en la que el asentamiento era conocido como Adida. Simultáneamente, en otra área, el equipo de trabajo saca a la luz los cimientos de lo que fueron patios y viviendas de la aldea palestina de Al Hadiza.
Ido Koch, codirector del proyecto y profesor de la Universidad de Tel Aviv, sostiene que el valor del estudio reside en la capacidad de analizar la actividad y la vida de una comunidad independientemente de su época, ya sea del siglo VIII a.C., del siglo VIII d.C. o de 1948. Koch ha enfatizado que el objetivo del proyecto no es político, sino un esfuerzo por estudiar la forma de vivir de una comunidad que llegó a su fin de manera trágica.
Al Hadiza fue una de las más de 400 aldeas palestinas que fueron vaciadas durante la Nakba, término árabe que significa "catástrofe". Este proceso ocurrió durante el avance de las tropas israelíes en 1948, en el marco de la creación del Estado de Israel. En aquel momento, la aldea estaba habitada por unas 950 personas, formando parte de las 750.000 personas que fueron expulsadas de sus hogares en todo el territorio.
El proyecto de excavación en Tel Hadid se inició en 2018 como una colaboración entre la Universidad de Tel Aviv y el Seminario Teológico Bautista de Nueva Orleans. Fue en el año 2022 cuando Koch se unió al profesor de Historia Yoav Alon para centrar el estudio específicamente en Al Hadiza, asentamiento que data del periodo otomano. A pesar de que la iniciativa cuenta con el financiamiento de la Fundación de Ciencia de Israel y participa un grupo con diversidad ideológica, los arqueólogos reconocen la paradoja de que un equipo israelí excave como objeto arqueológico una aldea palestina desaparecida.
Para mitigar esta tensión, Yoav Alon explica que desde la fase inicial del proyecto fue prioritario establecer contacto con la comunidad afectada, informándoles sobre las actividades y obteniendo su aprobación. Actualmente, de Al Hadiza solo sobreviven los olivos y las chumberas cultivadas por sus antiguos habitantes, rodeadas por pinos plantados posteriormente por colonizadores israelíes. La aldea fue demolida definitivamente en 1967, dejando apenas algunos muros en pie.
El impacto humano de este desplazamiento es considerable. Según las investigaciones de Rami Abu Hamad, de la Universidad de Bar Ilan, se estima que existen entre 12.000 y 15.000 descendientes de los desplazados. Abu Hamad, quien es árabe-israelí, actúa como mediador entre el equipo de excavación y los refugiados, quienes hoy se encuentran dispersos principalmente entre Amán (Jordania) y las ciudades de Ramala y Al Bireh en Cisjordania. El respeto a la privacidad ha sido fundamental, ya que algunas familias prefirieron no revelar la ubicación exacta de sus antiguas casas. No obstante, cuatro familias que residieron en el centro de la aldea han otorgado el permiso para excavar sus viviendas.
Un aspecto relevante es la aplicación de la Ley de Antigüedades de Israel, que define como "antigüedad" y propiedad del Estado cualquier objeto anterior al año 1.700. Esto permite que los materiales recuperados de la vida cotidiana de la aldea de Al Hadiza, al ser posteriores a esa fecha, puedan ser analizados, procesados y devueltos a las familias de los refugiados, permitiéndoles recuperar pertenencias que no pudieron llevarse en 1948.
El paisaje actual de Tel Hadid es una mezcla de memoria y olvido. El antiguo cementerio de la aldea funciona hoy como un mirador hacia el valle, desde donde se ven las ciudades de Ramla, Lid y la periferia de Tel Aviv. Alon reflexiona sobre la importancia de que los israelíes reconozcan lo ocurrido en 1948 y acepten la desaparición de cientos de comunidades en una sola noche, sugiriendo que un mayor conocimiento mutuo entre palestinos e israelíes podría facilitar una solución futura.
Como detalle final y curioso, entre las ruinas helenísticas y las de la aldea, permanece un automóvil Volkswagen amarillo, el modelo "escarabajo" popular en los años 50 y 60, abandonado en una zanja. Los arqueólogos especulan, entre risas, que el vehículo pudo haber sido colocado allí hace décadas como una broma militar dirigida a jóvenes soldados israelíes, tiempo después de que Al Hadiza dejara de existir.


