El gobierno del presidente de Chile, José Antonio Kast, atraviesa un momento crítico en el que las promesas de reactivación económica chocan con una realidad financiera compleja. Tras haber sido elegido con un programa promercado destinado a dinamizar el sector privado, el mandatario se enfrenta ahora a una creciente desaprobación ciudadana, impulsada principalmente por la fragilidad de la economía nacional y la amenaza de una recesión técnica.
Nuevas encuestas reflejan que el descontento de los votantes se ha centrado en el desempeño económico, lo que ha provocado un aumento significativo en el nivel de rechazo hacia la gestión de Kast. Según una encuesta de Cadem publicada recientemente, la desaprobación del presidente escaló al 59%, una cifra notablemente superior al 34% que registraba cuando consolidó su cargo en marzo. Los datos del sondeo indican que la inflación, el desempleo y el bajo crecimiento económico han superado incluso a la seguridad pública y la inmigración como las principales preocupaciones de la ciudadanía.
La situación macroeconómica ha sido sorpresiva y amplia en su debilidad. El Producto Interno Bruto (PIB) de Chile sufrió una contracción durante el primer trimestre y la actividad económica registró una caída en mayo en comparación con el mes anterior, siguiendo un crecimiento apenas perceptible en abril. Este escenario coloca al país en el radar de una recesión técnica, precisamente en el periodo en que el presidente Kast había asegurado que sus medidas comenzarían a generar resultados tangibles.
La desaceleración no es el resultado de un solo factor, sino de una caída generalizada en diversos sectores. La minería, pilar de la economía chilena, ha retrocedido respecto al año anterior debido a la baja ley del mineral, mientras que la manufactura ha perdido fuerza. Asimismo, el consumo se ha visto afectado por los altos precios de los combustibles y el sector de la construcción no ha logrado el impulso esperado por los inversionistas. A este panorama se suma que el desempleo ha alcanzado su nivel más alto en cinco años, evidenciando una composición laboral deficiente con altos grados de informalidad.
Desde la perspectiva de los analistas, las expectativas se han ajustado drásticamente. Mientras que hace pocos meses se especulaba con un crecimiento inmediato del 3%, firmas como JPMorgan Chase & Co. y Banco Bradesco SA prevén ahora que el PIB crecerá apenas un 1% este año. Esteban Tamayo, economista de Citigroup Inc., señaló que el sector privado comenzó el año esperando una desregulación extensiva que no se ha materializado, advirtiendo que, si no se captura la inversión rápidamente, esta podría trasladarse a otros destinos.
Esta presión se intensifica debido al contexto regional. La llegada de presidentes conservadores en Perú, con Keiko Fujimori, y en Colombia, con Abelardo de la Espriella, incrementa la competencia por atraer capitales, ya que ambos también prometen desregulación y alivios tributarios. Incluso Argentina ha comenzado a atraer inversiones frescas en sectores clave como el cobre y la energía, mientras que en Chile muchos proyectos se limitan a minas ya existentes, según Nicolás Eterovic, economista de Morgan Stanley. Eterovic estima que la recuperación consolidada en Chile podría no llegar sino hasta la segunda mitad de 2027.
Ante esta crisis, el Gobierno de Kast ha intentado atribuir el mal desempeño económico a la administración anterior de Gabriel Boric, aunque este argumento no ha logrado convencer a la población. Como respuesta, la administración ha intensificado la presión para aprobar una megarreforma económica que ya pasó por la Cámara de Diputados y recibió aprobación preliminar en el Senado. Dicho proyecto busca reducir la tasa del impuesto corporativo del 27% al 23%, crear subsidios al empleo, simplificar permisos y establecer invariabilidad tributaria para grandes inversiones.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha defendido la gestión señalando que la recaudación del impuesto al valor agregado en junio indica el inicio de una recuperación y que la baja en los precios de los combustibles alimentará la confianza del consumidor. Por su parte, el presidente Kast anunció un plan de 53,8 millones de dólares para crear 50.000 empleos antes de octubre.
A pesar de que indicadores financieros como el índice S&P IPSA alcanzaron máximos y el riesgo país descendió a niveles bajos, este optimismo no se ha trasladado a la economía real. El Gobierno ha ajustado sus metas de crecimiento hacia el final del mandato a un umbral más conservador del 3,5%, aunque mantiene la meta original del 4%. En un tono solemne, Kast reconoció la gravedad del problema nacional, instando a todos los sectores a trabajar juntos para revertir la tendencia.


