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Los "focos de asfixia": El arma estratégica que redefine el poder global

El control del estrecho de Ormuz demuestra cómo los llamados choke points –rutas marítimas, recursos estratégicos y tecnologías clave– pueden alterar el comercio mundial, la economía global y el equilibrio geopolítico

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Los "focos de asfixia": El arma estratégica que redefine el poder global

En el complejo tablero de la geopolítica contemporánea, la geografía continúa siendo un factor determinante para la supervivencia y la influencia de las naciones. Un ejemplo reciente y contundente es el caso de Irán, país que ha logrado transformar una derrota militar abrumadora en un triunfo estratégico evidente gracias al control de un recurso geográfico vital: el estrecho de Ormuz.

Esta vía es fundamental para el tráfico global de insumos estratégicos y, muy especialmente, para el flujo de hidrocarburos. La instrumentalización bélica de este paso marítimo obligó a un precario cese de hostilidades con Estados Unidos. Actualmente, el dominio sobre este estrecho, sumado al programa nuclear, constituye tanto el epicentro como el principal obstáculo en las negociaciones para poner fin al conflicto. Para el régimen iraní, ceder el control de este punto crítico podría significar un debilitamiento terminal de su posición.

El caso de Irán ilustra la existencia de los denominados "focos de asfixia" o choke points. Se trata de puntos geográficos o sectores de control que otorgan a quienes los manejan ventajas asimétricas notables frente al resto de la comunidad internacional. En el ámbito marítimo, existen diversas rutas de crucial importancia geopolítica que sostienen el sistema económico global. Entre ellas destacan el mar Rojo, el estrecho de Malaca —que sirve de conexión entre los océanos Pacífico e Índico a través de Malasia e Indonesia— y el cabo de Buena Esperanza, que vincula dichas rutas con el océano Atlántico. Asimismo, el Bósforo y los canales de Suez y Panamá representan puntos de estrangulamiento donde la operatividad del comercio mundial depende de la estabilidad y el acceso a estos pasos.

Sin embargo, la definición de "focos de asfixia" ha evolucionado más allá de la simple geografía marítima. Edward Fisher, exalto diplomático estadounidense, propone en una obra reciente que un choke point es cualquier ámbito de dominio no sustituible que se encuentre bajo el control de un país o de un grupo reducido de naciones. Bajo esta óptica, la asfixia estratégica puede ser tecnológica, financiera o mineral.

Un ejemplo claro de este dominio es el de China sobre los denominados "minerales raros", elementos que resultan vitales para el funcionamiento de la industria de alta tecnología a nivel global. Por otro lado, Estados Unidos ejerce un control significativo sobre el sistema de pagos global, apoyado en la preponderancia del dólar como la principal moneda universal. A esta ventaja financiera se suma la superioridad estadounidense en el campo de la inteligencia artificial, un terreno donde China intenta reducir la brecha competitiva.

La especialización técnica también ha creado nuevos focos de asfixia. En la industria de los microprocesadores avanzados, los Países Bajos y Japón poseen la llave fundamental: las máquinas litográficas necesarias para su producción. En cuanto a la fabricación, Taiwán domina el mercado produciendo alrededor del 90% de estos componentes, mientras que Corea del Sur mantiene el liderazgo en la fabricación de microprocesadores de alta memoria. En un plano distinto, pero igualmente esencial para el comercio, el Reino Unido impera en el sector de los seguros marítimos.

El control de estos puntos críticos es, en esencia, un poderoso instrumento de coerción. No obstante, el uso abusivo de estas ventajas conlleva riesgos inherentes. A mediano o largo plazo, la presión ejercida a través de un foco de asfixia puede provocar represalias o incentivar la búsqueda de alternativas. Esto incluye la apertura de nuevas rutas comerciales, el descubrimiento de fuentes mineras alternativas, el desarrollo de saltos tecnológicos disruptivos o la creación de nuevos sistemas de pago que eviten la dependencia.

La diferencia fundamental radica en si estas capacidades se utilizan para la cooperación o para el conflicto. En un entorno donde el control de dominios no sustituibles puede desestabilizar la economía y la paz mundial, resulta imperativo insistir en la consolidación de un sistema global basado en reglas claras y compartidas.

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