La respuesta del régimen de Nicaragua ante la devastación causada por los dos terremotos que azotaron Venezuela el pasado 24 de junio de 2026 ha sido calificada como nula por analistas políticos. Mientras decenas de países y organismos internacionales movilizan recursos masivos para atender la emergencia, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo se ha limitado a gestos simbólicos que, según expertos, evidencian un profundo distanciamiento entre las cúpulas orteguista y chavista.
Hasta el momento, el único aporte oficial de Nicaragua ha consistido en un minuto de silencio realizado en la Asamblea Nacional y el envío de una carta pública en la que expresan sus "sinceros y permanentes sentimientos de solidaridad". A pesar de estas palabras, el régimen no ha remitido ningún tipo de ayuda humanitaria, una actitud que contrasta drásticamente con la cooperación financiera que Nicaragua recibió de Venezuela entre 2007 y 2018, periodo en el cual la familia gobernante percibió aproximadamente 5058.4 millones de dólares, según datos del Banco Central de Nicaragua.
La magnitud de la tragedia en Venezuela es severa. Para el jueves 9 de julio, el balance oficial reportó 3899 personas fallecidas y 16 740 heridos. Asimismo, se han contabilizado 17 907 ciudadanos sin vivienda y 856 edificios afectados, de los cuales 190 colapsaron totalmente. Actualmente, unas 16 892 personas permanecen en 89 campamentos transitorios habilitados por el Estado venezolano, mientras que las autoridades han brindado atención a 86 794 familias.
En contraste con la apatía nicaragüense, más de 27 países y diversas organizaciones internacionales han enviado más de 700 000 toneladas de ayuda humanitaria, 30 toneladas de medicamentos, 3000 brigadas de rescate y 140 perros especializados. En Centroamérica, El Salvador desplegó a 300 especialistas en búsqueda y rescate urbano, incluyendo miembros de su Fuerza Armada y Protección Civil, además de enviar cinco toneladas de alimentos. Costa Rica movilizó a 48 rescatistas y entregó 12 toneladas de ayuda, mientras que Panamá remitió 38.9 toneladas de suministros a través de Cáritas y la OIM. Guatemala, por su parte, ha coordinado el envío de rescatistas.
Incluso Estados Unidos, tradicionalmente enfrentado al gobierno venezolano, ha destinado más de 386 millones de dólares en ayuda humanitaria. Estos fondos, canalizados a través de UNICEF, la Cruz Roja y el Programa Mundial de Alimentos, se han destinado a refugios temporales, agua potable, saneamiento y atención médica de emergencia.
La falta de asistencia de Nicaragua no parece obedecer a una carencia de recursos o capacidad técnica. El país cuenta con personal capacitado por el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (SINAPRED) y su Unidad Humanitaria y de Rescate (UHR). En el pasado, Nicaragua ha demostrado capacidad de respuesta en situaciones similares: en agosto de 2022 envió medicinas y alimentos a Cuba, y en noviembre de 2020 desplegó helicópteros y brigadas de rescate del Ejército para auxiliar a Honduras tras los huracanes Eta e Iota.
Para el analista político y exdiputado Eliseo Núñez, esta frialdad es una respuesta a los acontecimientos políticos en Venezuela desde el 3 de enero de 2026, fecha en que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez fue ungida como presidenta encargada. Núñez sugiere que el régimen de Ortega percibe la acción de Delcy Rodríguez y los hermanos Rodríguez como una traición al dejar a Maduro en manos estadounidenses para conservar el poder, y que Nicaragua busca evitar que se interprete que tales traiciones son "bien compensadas".
Por su parte, el politólogo José Antonio Peraza coincide en que existe un enfriamiento evidente. Peraza señala que Ortega ha moderado su discurso sobre Venezuela y ha realizado movimientos diplomáticos incongruentes. Entre ellos, la nacionalización del exembajador José Francisco Javier Arrué de Pablo y otros diplomáticos venezolanos en abril de 2026, así como el traslado de la embajadora Daysi Torres a Cuba, quien fue removida y posteriormente reinstalada en Caracas en mayo de 2026.
Ambos analistas concluyen que el régimen nicaragüense, al sentirse desprotegido por sus antiguos aliados regionales, está intensificando sus vínculos con China, Rusia e Irán para proyectar una fortaleza que, a su juicio, Venezuela no mostró. A pesar de que Nicaragua no posee grandes recursos económicos, los expertos enfatizan que el envío de una brigada de Defensa Civil habría sido un gesto simbólico necesario que el régimen decidió omitir.


