El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una nueva ola de tensión geopolítica al afirmar que su país debería asumir el control y la administración de la vía marítima del estrecho de Ormuz, sugiriendo además que Estados Unidos debería recibir una compensación económica por desempeñar este papel. Estas declaraciones fueron emitidas este lunes 13 de julio de 2026 en una entrevista concedida a la cadena Fox News, en un momento crítico de renovados enfrentamientos con la República Islámica de Irán.
Durante la entrevista, el mandatario republicano fue enfático al describir el rol que desea para su nación en la región. “Nosotros vamos a mantener el control del estrecho y probablemente administrarlo. Seremos los guardianes del estrecho. Tal vez el ángel de la guarda del estrecho. Y deberíamos ser reembolsados por esto”, señaló Trump, estableciendo una postura de control directo sobre una de las rutas comerciales más vitales del planeta.
Este estrecho es un punto neurálgico para la economía global, ya que, antes del inicio de las hostilidades lanzadas por Estados Unidos e Israel contra la teocracia iraní el pasado 28 de febrero, por allí transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas natural de todo el mundo. Trump ya había mencionado anteriormente la posibilidad de controlar el tráfico marítimo en la zona. A finales de junio, el presidente había indicado que no debería existir un peaje para el tránsito de buques, tal como pretendía Irán, pero añadió que, en caso de existir dicho cobro, este debería ser pagado a los Estados Unidos.
A pesar de la contundencia de sus palabras, el presidente no detalló la estrategia operativa para implementar este control. Analistas señalan que, actualmente, Estados Unidos no cuenta con la fuerza militar suficiente en la región para garantizar un corredor de paso que sea totalmente inmune a los ataques iraníes. No obstante, es importante recordar que, previo al cese al fuego alcanzado el 17 de junio, las fuerzas estadounidenses habían impuesto un bloqueo naval a las embarcaciones de la teocracia.
La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar. A través de un comunicado de su comando militar conjunto, el gobierno iraní advirtió que atacará cualquier embarcación que no cuente con su autorización para transitar por las rutas designadas. Asimismo, lanzaron una severa advertencia a las naciones vecinas, asegurando que cualquier ayuda brindada a los Estados Unidos será interpretada como un “acto de guerra” y conllevará represalias inmediatas.
El contexto actual es sumamente complejo. La semana pasada, Trump declaró oficialmente muerta la tregua con Irán, lo que dio paso a una serie de ataques sistemáticos entre ambos rivales. Este lunes se registró una nueva ronda de intercambios de fuego. Tras una serie de ataques iniciados la noche del domingo 12 contra posiciones iraníes, Teherán respondió alvejando instalaciones estadounidenses ubicadas en Bahrein, Kuwait y Jordania, así como nuevamente en el sultanato de Omán.
Omán, que mantiene una posición neutral, ha estado negociando con la teocracia un esquema para el control de Ormuz. Geográficamente, el país árabe controla la costa sur de la pasarela marítima, mientras que Irán ocupa la costa norte. Tanto los Estados Unidos como las demás naciones productoras de petróleo del Golfo Pérsico rechazan la idea de que Irán ejerza el control sobre la zona. Actualmente, existen dos rutas teóricas para la navegación: una que atraviesa aguas iraníes y otra que pasa por aguas omaníes.
El retorno de las hostilidades ha impactado drásticamente el flujo comercial. Según datos de la consultoría Kpler, el tráfico ha caído a sus niveles más bajos desde la tregua de junio. El pasado domingo, solo 14 navíos con sistemas de comunicación activos cruzaron la región. Esta cifra contrasta severamente con el escenario previo a la guerra, donde aproximadamente 140 petroleros y otros buques transitaban diariamente. Incluso el día anterior al domingo, de los 22 barcos que intentaron cruzar, dos fueron blanco de ataques iraníes.
Durante la fase más intensa del conflicto, que duró cinco semanas, el tránsito fue básicamente nulo debido a que Irán cumplió su promesa de cerrar el estrecho. De acuerdo con los términos del cese al fuego, Irán debía permitir el tráfico durante los 60 días de negociaciones, y aunque no había provisiones que impidieran el cobro de un peaje, Teherán identificó este activo estratégico como una herramienta de presión.
Actualmente, el conflicto se encuentra en una fase de desgaste, aunque con un riesgo constante de escalada. Esta situación resulta incómoda para ambas potencias. Para Trump, la guerra es impopular y se desarrolla en un momento crítico, ya que enfrentará unas duras elecciones legislativas en noviembre. Además, la inestabilidad ha provocado que el precio del petróleo suba; este lunes, el barril de contratos futuros Brent se negoció cerca de los 80 dólares, lo que representa un incremento del 5%.


