En una revelación detallada por The New York Times, se ha dado a conocer que los servicios secretos israelíes, el Mossad, tejieron durante años una compleja operación encubierta con el objetivo de colocar nuevamente en el poder de Irán al expresidente Mahmud Ahmadinejad. La estrategia buscaba influir directamente en las decisiones políticas y estratégicas de la República Islámica a través de un líder que, aunque anteriormente fue un enemigo acérrimo de Israel, mostró señales de apertura al cambio en sus últimos años.
Mahmud Ahmadinejad, quien gobernó Irán entre 2005 y 2013, es recordado internacionalmente por su postura de mano dura, contrastando con el aperturismo de su predecesor, Mohamad Jatami. Durante sus dos mandatos, Ahmadinejad se consolidó como un conservador fervientemente antiisraelí, llegando a negar repetidamente el Holocausto, exigir la destrucción del Estado de Israel y sugerir que su país podría desarrollar armamento nuclear. Sin embargo, el Mossad identificó una grieta en la armadura del exmandatario que permitió el inicio de una operación de "cultivo" político.
Tras dejar la presidencia, Ahmadinejad fue inhabilitado en repetidas ocasiones por las autoridades iraníes para presentarse a nuevos comicios. Este desplazamiento del centro del poder lo llevó a convertirse en un crítico abierto del régimen liderado por el líder supremo Ali Jamenei, a quien acusó, junto a otros altos funcionarios, de mala gestión y corrupción. En este periodo, el expresidente comenzó a adoptar una postura pública más moderada, posicionándose como un defensor de los ciudadanos iraníes de a pie.
Según la información proporcionada por el medio estadounidense, Ahmadinejad llegó a la conclusión de que su retorno al liderazgo era imposible bajo la estructura actual del régimen, viendo en la intervención extranjera la única vía viable para recuperar el poder. Un colaborador cercano reveló que el exlíder se consideraba a sí mismo un reformador y que, de regresar al mando, Irán reconocería oficialmente la existencia del Estado de Israel.
La operación de inteligencia incluyó contactos estratégicos en diversos puntos del globo. En 2023, el Mossad mantuvo comunicación con Ahmadinejad durante un viaje del expresidente a Guatemala, donde asistió a una conferencia medioambiental. A pesar de que la seguridad iraní intentó impedir su vuelo inicialmente, la presión ejercida a través de redes sociales y una sentada ciudadana obligaron a las autoridades a permitir su salida.
Posteriormente, en 2024, la operación alcanzó un punto crítico en Hungría. Un alto funcionario húngaro coordinó una invitación para que Ahmadinejad asistiera a una conferencia sobre el cambio climático en Budapest. Esta invitación fue utilizada como una tapadera para facilitar un encuentro secreto entre el expresidente y David Barnea, jefe del Mossad. Para concretar la reunión, el funcionario húngaro solicitó al rector de la Universidad Ludovika de Servicio Público, Gergely Deli, que extendiera la invitación formal al negacionista del Holocausto.
El clímax de la operación ocurrió en febrero, coincidiendo con el primer día de un ataque estadounidense-israelí contra Irán. El Mossad ejecutó un ataque contra los guardaespaldas de Ahmadinejad con el fin de liberarlo del arresto domiciliario en el que se encontraba. Tras la acción, el expresidente fue trasladado en un vehículo hacia una casa de seguridad. No obstante, el plan no culminó según lo previsto, ya que Ahmadinejad abandonó posteriormente dicho refugio al sentirse desilusionado con la estrategia propuesta por Israel para reinstalarlo en el gobierno.
Actualmente, el paradero y la situación exacta de Mahmud Ahmadinejad son desconocidos. No obstante, existen reportes de testigos que afirman haberlo visto brevemente en el funeral del líder supremo Ali Jamenei. En dicha aparición, se encontraba rodeado de guardias enmascarados y vestía un abrigo grueso. Se presume que el expresidente se encuentra bajo la custodia de la Guardia Revolucionaria Islámica debido a sus vínculos detectados con la inteligencia israelí.


