La marca austriaca de cosméticos y suplementos frescos, Ringana, ha iniciado sus operaciones en el mercado peruano con una propuesta disruptiva que busca diferenciarse de la oferta tradicional en América Latina. La empresa se basa en un modelo de producción donde los productos se elaboran sin conservantes, estableciendo una fecha de vencimiento máxima de seis meses y operando bajo una lógica de cadena de producción similar a la de los alimentos recién preparados.
La incursión de Ringana en Perú se concretó en febrero de este año y, según reveló Andreas Wilfinger, cofundador y CEO de la compañía, el crecimiento ha sido sorprendentemente rápido. Wilfinger señaló que Perú ya ha alcanzado un tamaño comercial comparable al de Colombia, país donde la marca opera desde hace un año. Con este despliegue, Perú se consolida como el tercer mercado de la empresa en Latinoamérica, siguiendo a México.
El origen de esta visión empresarial no proviene de una estrategia corporativa convencional, sino de una preocupación personal de su fundador. Durante sus estudios en Viena, Wilfinger participó en un programa educativo financiado por el Ministerio de Salud austriaco y una empresa de pasta dental. Al analizar los ingredientes de los productos distribuidos gratuitamente a los niños, detectó la presencia de triclosan, una sustancia orgánica halogenada que, según diversos estudios en animales, posee propiedades tóxicas, mutágenas y potencialmente cancerígenas. Tras intentar contactar a Greenpeace sin obtener respuesta, Wilfinger y su cofundadora, Ulla Wilfinger, decidieron crear una alternativa basada en una filosofía diferente.
Tres décadas después, la empresa ha escalado su operación hasta despachar aproximadamente 10 mil paquetes diarios desde sus instalaciones en Graz, Austria. Durante las temporadas de mayor demanda, la logística alcanza picos de entre 2.000 y 2.200 envíos por hora. La clave de su modelo es la producción en lotes pequeños, fundamentada en la premisa de que los péptidos y antioxidantes se degradan con el tiempo, de forma análoga a lo que sucede con el jugo de naranja recién exprimido o el aceite de oliva.
Esta apuesta por la frescura tiene un impacto directo en la formulación química. Wilfinger explicó que, en la cosmética convencional, entre el 30% y el 40% de la fórmula se destina a estabilizantes y conservantes para prolongar la vida útil en los estantes. Al eliminar estos componentes, Ringana libera ese espacio para incrementar la concentración de ingredientes activos, asegurando que no existan otros productos en el mercado con niveles tan elevados de activos.
Para ilustrar este concepto, la empresa utiliza la comparación entre un jugo de naranja envasado en caja y uno recién exprimido; aunque ambos son el mismo producto, su valor nutricional y organoléptico varía significativamente. Esta restricción de frescura obliga a la marca a comprar materias primas en lotes reducidos y a optimizar los tiempos de despacho al consumidor final. Además, Ringana implementa una política de transparencia inusual en la industria al informar las concentraciones reales de los ingredientes activos en sus etiquetas, y no solo el listado de componentes exigido por la regulación.
Llevar este modelo a mercados distantes de Austria supone un reto logístico complejo. La "cadena de frescura" comienza desde la materia prima y no solo en el producto final. Wilfinger admitió que, para combatir el factor tiempo, la empresa recurre en ocasiones al transporte aéreo, reconociendo que este método no es el más sostenible ambientalmente, pero es necesario para garantizar la calidad de los insumos que se abastecen a escala global.
En cuanto a la adaptación regional, la marca ha desarrollado productos específicos para el consumidor latinoamericano. Esto incluye opciones de hidratantes con tonos para pieles bronceadas y un champú reparador diseñado para el cabello más grueso, común en la región. Actualmente, la empresa trabaja con unos 800 ingredientes provenientes de todo el mundo, incluyendo diversos insumos latinoamericanos.
La expansión regional también ha enfrentado desafíos regulatorios. El CEO mencionó que las autoridades sanitarias de México y Colombia son más restrictivas que las de Perú en cuanto a la concentración de ingredientes en los suplementos. Mientras que en Europa el umbral llega a las 4.000 unidades, en Colombia el límite es de 3.500 y en México baja a 2.000. Estas diferencias obligan a reformular productos, lo que en ocasiones reduce su eficacia original. Debido a que Perú presenta condiciones regulatorias más favorables, el país se ha vuelto un mercado estratégico.
Mirando hacia el futuro, Ringana planea expandirse a Argentina y posiblemente a Ecuador, dejando a Brasil para una etapa posterior, mientras prioriza su consolidación en Estados Unidos, mercado al que realizó su primer envío este año.
La innovación continúa siendo un pilar de la marca, que no teme reformular productos establecidos. Un ejemplo es el Toner Com, que ahora incorpora principios de neurocosmética para influir en el estado emocional del usuario a través de la absorción de ingredientes que transmiten calma. Asimismo, la empresa evita el uso de microplásticos, empleando residuos de frambuesa en sus exfoliantes y enzimas de papaya y kiwi en sus mascarillas químicas para pieles sensibles.
Actualmente, el mercado más grande de Ringana es Alemania, seguido por España y Austria. La compañía crece de forma orgánica, sin fusiones ni adquisiciones, apoyándose en una red de partners de venta directa. El objetivo de Andreas Wilfinger para la próxima década es ambicioso: multiplicar por ocho el tamaño actual de la empresa mediante un crecimiento gradual y sostenido.


